Soy de los que se aún emociona y admira con la premonición y visión de futuro de Fidel cuando encabezaba, impulsaba, diseñaba y auspiciaba planes, programas, instituciones y proyectos para que el socialismo cubano fuera mas allá de las consignas, de las palabras y las utopías.

Cuando hoy leo, veo u oigo en nuestros medios de prensa rememorar acontecimientos en los que estuvo directa y estrechamente relacionado el Comandante en Jefe de nuestra Revolución, me enorgullece el haber vivido esos tiempos, a veces en el lugar que ocupé como periodista, cuando soñábamos tocar el cielo con las manos.

Fui de los criados en conceptos de igualitarismo social, altruismo ciudadano, desprendimiento material y orgullo cívico por el deber cumplido. De los que satisfechos bailábamos en fiestas calzando botas rusas, caminábamos kilómetros sin protestar por falta de transporte público y nos conformábamos con consumir arroz, huevo y chícharos (traídos en el mayor barco mercante del mundo –según decíamos- porque nunca terminábamos de comerlos ni eran sustituidos por otros granos).

¿Época de ilusos y románticos? Cierto. ¿De soñadores imberbes que aprendimos a afeitarnos en trincheras y movilizaciones y que teníamos ánimos para estudiar, ir a los trabajos voluntarios de fin de semana, pachanguear los sábados por la noche y hacer deportes cada vez que el tiempo lo permitía? También.

A nadie se le ocurriría reclamar que en estos tiempos se reediten aquellos, los que hoy mi generación recuerda con orgullo y cierta nostalgia, esos que debemos realzar sus esencias para una mejor comprensión de los que aspiramos sean nuestros seguidores.

Por ello el preciado valor de los medios de prensa, que junto a recordar el vital papel de Fidel en la formación de valores, ilusiones y planes concretos, tiene la obligación de aportar a la cimentación del presente y la proyección del futuro con las verdades de nuestros propósitos, las realizaciones y dificultades, desatinos, limitaciones y logros, para aprender de ellos y ser cada vez mas dignos del legado y sueños de nuestros grandes próceres.

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