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Roly Peña: «Se puede hacer una buena televisión»

Roly Peña es un hombre de televisión. No solo lo demuestra con sus aclamadas creaciones, como Enigma de un verano, Deporte y amor o Coco verde, sino en cada una de sus intervenciones, clases, conferencias. O, simplemente, cuando conversa de manera informal sobre lo real y lo divino de la llamada caja mágica.

A raíz de su visita a Santa Clara, como jurado del Premios a la excelencia televisiva, Vanguardia conversó con el reconocido realizador sobre las problemáticas presentes en el medio, en la isla.

¿Qué importancia le otorga a estos festivales?

—Cuando se habla de congreso, evento o encuentro, la importancia radica en confrontar obras, ideas, filosofías de trabajo. No es más que un fenómeno de alimentarse, y eso es muy importante. Trabajar aislados, sin oír otros criterios, incluso sobre la obra de uno mismo, crea un aislamiento que, por lo general, lleva al fracaso. Es lo principal de un evento, más que dar un premio, aunque a todo el que trabaja le gusta ser reconocido por su obra, si la hace bien.
Si estamos entre artistas, entes transformadores y descubridores de la realidad, que la estudian, la interpretan y la ponen en sus obras, lógico que se escuche a quienes opinan sobre ella, teniendo claro el objetivo de cada uno. Considero importante el festival, porque Villa Clara cuenta con telecentros, corresponsalías, o sea, tiene producción, y la única forma de revolucionarla es entendiéndonos, viendo lo que hace cada realizador.

Usted hizo hincapié en la superación, a la cual muchos no le dan importancia. ¿Cree que sea uno de los problemas más complejos, por encima del económico?

—Yo le puedo entregar el Banco Europeo a la Televisión Cubana, hacer una programación superior a la de los años 60 y 70, producir dos novelas a la vez, una programación deportiva diaria, arreglar los estudios, rescatar los espacios El cuento y Teatro en TV, tener un humorístico y programas sociales diarios, teleplays, películas… Pero te digo, solo con el 2 % de ese dinero podemos montar toda la parrilla de la televisión puramente cubana, sin nada extranjero.

Ahora, mi pregunta es: ¿está el personal para hacerla? No, no existe. Todavía no tenemos un personal para mantener una buena programación. Creo que la esencia está ahí, en primer lugar. Quisiera que la discusión también fuera económica, porque cuando tengamos al personal preparado y demostremos que con los pocos recursos disponibles se puede comunicar, ser fieles a muchos valores, al arte y contribuir a la transformación de la sociedad, el dinero se va a dar solo. Pero hay que convencer al que lo tiene, y no somos eficaces.

—Cuando se producen y transmiten productos mediocres, como ciertas telenovelas o series, los televidentes se preguntan cómo los dejaron salir al aire. ¿Acaso no se analizan previamente? ¿No hay asesores que eviten se malgaste el presupuesto?

—El sentido más ausente que tenemos (en la TV) es el común. El gran problema está en malas políticas; cuando se discute con los realizadores, guionistas, etcétera, solo se mira el presupuesto económico y no el artístico. Se valoran cifras monetarias, sin darse cuenta de que detrás, lo artístico es malo.

«Pero, como muchos de los que deciden solo saben de números y no de arte, viene después el fiasco de haberse botado el dinero. Entonces, lo supuestamente económico se convirtió en muy caro, se multiplicó y se botó, porque no fue eficiente, no cumplió su objetivo. Por tanto, no fue una inversión, sino un gasto.

—Entonces, ¿cuán necesario es el desempeño del asesor?

—Había grandes profesionales, heredados de la televisión anterior, bien formados, donde la confianza artística existía. En ese momento, con programas en vivo, era necesario un chequeo diario también desde el punto de vista político. Eso quizá creó el nuevo asesor, basado, además, en el didactismo social. El asesor debe ser una persona con conocimiento científico de las especialidades, que desde afuera sea capaz de criticar, y el director entienda que las líneas editoriales o artísticas se están incumpliendo. Ese asesor no lo tenemos hoy, realmente.
—¿La calidad de nuestras producciones televisivas está directamente vinculada con las competencias de los profesionales del medio?

—Hay dos puntos que ver: la desestimulación y la fuga, la misma desestimulación que llegó a las academias. No creo que sean las mejores, ni por recursos ni pedagógicamente, y lo poco que sale de ahí se va para otros sitios.

«Pero la economía no lo es todo, pues cuando alguien es respetado, considerado, reconocido, eso da un valor agregado. Si la persona no se siente valorada aquí, se va a otro lugar donde quizá no sea reconocida, pero tiene mejor economía. Nosotros no disponemos de dinero, pero sí de capacidad para reconocer a la gente, respetarla, entender su trabajo y estimularla con todo lo que se pueda».

—¿Qué necesita la TV Cubana en estos tiempos para ser efectiva y preferida por el pueblo?

—Lo complicado es que tanto realizadores como cuadros tienen que entender qué es la televisión, conocerla, estudiarla, superarse, y después dar rienda suelta a la imaginación. Porque puede haber sus excepciones, pero no veo ni realizadores nuevos ni viejos que estén en contra de la política editorial de la televisión. Creo que hay un prejuicio, quizá por políticas anteriores, pero estamos en un buen momento si todo el mundo se entiende, si sabemos a qué público nos dirigimos. Si buscamos los mismos objetivos y nos preparamos fuerte, se puede hacer una buena televisión.

Tomado de Vanguardia

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