2Como los verdaderos sabios, Fidel se retiró de la vida pública con su aureola intacta de gran campeón. Y sigue vigente.Y no puntualizo sobre a quién me refiero porque él, como no le hacen falta cargos para medir su autoridad y significación, tampoco requiere de apellidos para identificarlo.

Claro que para la gran mayoría de los cubanos fue, es y seguirá siendo el Líder de la Revolución, el invicto Comandante en Jefe, el Héroe de la Sierra y otras muchas formas de nombrarlo, ganadas en décadas de constante batallar por su pueblo.

Le recuerdo, como todos los que seguimos la sesión de clausura del VI Congreso de su Partido Comunista, dirigirse con cuidado hacia su habitual silla de la presidencia, y desde allí estar atento al desarrollo de la sencilla y gran ceremonia con la que se despedía de la actividad pública masiva.

Entonces comprendí lo acertado de su decisión de ceñir su entrega en estos tiempos al campo de las ideas, evaluando, rememorando, develando, advirtiendo, sentenciando, esclareciendo y llamando a la cordura en el loco mundo que nos ha tocado vivir en este siglo XXI.

Y el sentimiento que me nació y perdura me obliga a escribir estas líneas porque, como todos los cubanos que en algún momento estuvimos cerca de su accionar, constaté que la leyenda que hemos admirado ha adquirido otra dimensión física, no menos importante hoy por lo necesaria, vital.

Estuve en su entorno en muchas ocasiones, a veces de forma distante reportando acontecimientos en los que él era centro, y otras más cerca, como en Congresos y Plenos de la Unión de Periodistas de Cuba o coberturas de visitas suyas a otros países.

Y ¡siempre su vitalidad nos dejaba asombrados –y exhaustos, a pesar de ser más de 20 años mayor que muchos de los que le rodeábamos!.

Esa imagen se mantiene cuando apreciamos los pasajes en los que estuvo involucrado, como ahora en su 90 aniversario, en la que le hemos disfrutado verlo dirigir sin fatiga hacia la victoria sobre la invasión mercenaria por Playa Girón.

O cuando cortaba caña, jugaba pelota, hacía discursos con duración record, desfilaba por la Plaza o presidía de pie desfiles casi interminables o… tantas otras escenas que marcaron a generaciones de sus compatriotas con su segura presencia.

Luego de su retiro público, lo hemos sentido sobre todo en otro plano, que no es nuevo, el del pensador, traducido en periodista, en escritor de sus ideas. Porque él combinó magistralmente y desde siempre las facetas de hombre de acción y de pensamiento; capaz de decir qué hacer y acometer él mismo cómo hacerlo.

A ese hombre que ha llenado su vida de empeños y sacrificios, de realizaciones y sueños compartidos, de amarguras y alegrías, debemos prestarle aún más oídos, corazón y voluntad. A lo que ha dicho, dice y aún tiene por decir en esta fase de su vida, cuando como los grandes se hizo a un lado de los cargos con los laureles de gran campeón de los cubanos sobre la frente.

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