Contradiciendo a los medios corporativos occidentales que niegan que Estados Unidos y la OTAN hayan apoyado al Estado Islámico (ISIS) y califican cualquier afirmación en este sentido como “pura teoría de la conspiración”, el 18 de mayo último, Judicial Watch publicó una selección de documentos desclasificados recientemente, originados por los Departamentos norteamericanos  de Defensa y de Estado, que revelan que ya en 2012, Estados Unidos y la OTAN habían admitido, en sus propios documentos, haber apoyado a al-Qaeda y a ISIS en Irak y en Siria. 

Los documentos demuelen la “historia oficial” de Occidente, que mantenía que desde el origen de la crisis de Siria hasta el día de hoy la “rebelión” es de carácter autóctono y parte de la acción de moderados amantes de la libertad, defensores de la democracia en esa nación.

 Los documentos desclasificados inequívocamente revelan que fueron “los salafistas, la Hermandad Musulmana y al Qaeda las principales fuerzas conducentes a la insurgencia en Siria”. Que “Occidente, con los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y el apoyo de Turquía constituyen la oposición en Siria; mientras que Rusia, China e Irán son los que apoyan al gobierno local”. Según afirman los  documentos “al Qaeda apoyó a la oposición siria desde el principio, tanto ideológicamente como con sus medios de comunicación…”

También demuestran que la crisis en Siria no fue jamás una rebelión de moderados luchadores por la democracia, sino que desde el inicio fue una acción concertada de combatientes de la Hermandad Musulmana y de al-Qaeda (al Qaeda en Irak/Al-Nusra Fonctionnement).

Los documentos afirman que las fuerzas de oposición en Siria trataban de controlar las zonas orientales (Hasaka y Der Zor), junto a las provincias occidentales iraquíes (Mosul y Anbar), además de las regiones vecinas en las fronteras turcas. Ente tanto, los países occidentales, los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo y Turquía apoyaban estos propósitos.

Si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN apoyaban en Siria una oposición que incluía al-Qaeda y Estados Islámico, es evidente que Washington sí tenía una base de asociación y alianza con esas fuerzas terroristas; algo que también corrobora  la aceptación por Estados Unidos de un plan para crear “zonas de amortiguamiento” y “zonas seguras”, según el modelo libio, dentro de Siria.

El Estado islámico de Irak y el Levante, también conocido como el Estado islámico de Irak y Siria o el Estado islámico de Irak y ash-Sham, o simplemente Estado Islámico (ISIS), es un  grupo militante jihadista autoproclamado “califato”.

En marzo de 2015 esta organización tenía control sobre un territorio de Irak y Siria en el que habitan 10 millones de personas, así como con autoridad territorial limitada en Libia y Nigeria. Opera o tiene filiales también en otras partes del mundo, incluyendo Asia Suroriental.

Estado Islámico cobró notoriedad cuando desplazó a las fuerzas del gobierno iraquí de las principales ciudades del occidente del país y, en Siria, realizó ataques contra las fuerzas del gobierno y algunas facciones involucradas en la Guerra Civil local.

Las pérdidas territoriales de Irak casi provocaron el colapso del gobierno iraquí que solicitó la reanudación de la intervención militar de Estados Unidos en Irak y contaron para ello con apoyo de los altos mandos militares estadounidense y miembros de la Comisión de asuntos exteriores de la Cámara del Congreso que alegaron al hacerlo que era en respuesta al resurgimiento de la insurgencia sunita…y de al-Qaeda.

Estados Islámico surgió en 1999; se unió a al Qaeda en octubre de 2004 y se declaró un estado islámico de Irak en 2006. Se separó formalmente de al Qaeda en febrero de 2014 y en junio de ese año se proclamó Califato. Hasta noviembre del propio año ha dado a conocer reclamaciones territoriales contra Libia, Egipto, Argelia, Arabia Saudi, Yemen, Afganistán y Paquistán.

Atando cuidadosamente todos los cabos sueltos se encuentran algunas respuestas a la inexplicable situación de que Estado Islámico, al Qaeda y sus cómplices hayan sido capaces de actuar con tanta impunidad. La élite corporativo-financiera que ejerce el poder real superior en Estados Unidos es la que les ha creado y les ha estado financiando en función de sus intereses inmediatos, como es hoy la guerra contra Siria.

Para los expertos más calificados de la actualidad en el Medio Oriente es evidente que el objetivo puntual estadounidense es aislar al gobierno de Siria para “evitar la expansión de los chiítas y frenar la influencia de Irán”, un propósito que forma parte de otro mayor (destruir a Irán) y un objetivo final que sería la confrontación con Rusia y con China.

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