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TRABAJOS DE LOS PNP JOSÉ MARTÍ

Los falsos testimonios

“Hay un mandamiento de Dios que dice: No levantar falsos testimonios. Esto se le debería recordar constantemente a la actual administración de Estados Unidos. Creo, además, que el pueblo y el Congreso de Estados Unidos, merecen un poco más de respeto”. Así inició su sólida e irrebatible respuesta el com­pañero Fidel a una pregunta del legislador Mervin Dimally en relación a la falaz versión que repite Washington de una supuesta conexión cubana con el narcotráfico.

Parecería imposible que tamaña mentira pueda concebirse. Pero que el gobierno norteamericano, y en particular la admi­nistración Reagan, no tienen escrúpulos en usar los métodos v formas más bajas y sucias, ya es conocido.

No obstante, y contradictoriamente, en los propios Estados Unidos la verdad se va abriendo paso. Dos periodistas de la agencia Associated Press (AP), Robert Parry y Brian Barger, acaban de revelar, en una extensa información, que los “contras” nicaragüenses participan activamente en el tráfico de cocaína “según investigadores federales, partidarios de los contras y documentos judiciales”.

Es decir, quienes los han puesto en evidencia, esta vez, son sus propios amigos, las autoridades estadounidenses especializadas en ese tipo de investigación y las judiciales que manejan documentos probatorios.

Robert Parry y Brian Barger afirman que “desde el año pasado recibieron informes dignos de crédito de que los contras, incluso algunos de sus líderes están complicados en el trasbordo de cocaína colombiana a través de Costa Rica hacia EE.UU”. Y no se trata de un hecho aislado, pues la propia información destaca que la investigación federal comprobó “la implicación virtual de cada facción antisandinista”. Lo cual es igual a decir que todos los grupos contrarrevolucionarios nicaragüenses están metidos hasta la cocorotina en el contrabando de cocaína.

Estos mismos grupos son a los que Washington protege, a los que entrega armas sofisticadas y millones de dólares en efectivo, a los que Reagan llama “luchadores por la libertad”. Pero de­jemos que sea la propia agencia la que diga cómo marchan las cosas:

“Una investigación de la AP comprobó que no se efectuó una amplia pesquisa gubernamental, aunque sabían de esas acusaciones las autoridades federales y los informantes sobre tráfico de drogas de Washington, Florida, Lusiana, Alabama, Texas, California y América Central… mientras tanto –añade AP – el gobierno de Reagan acusó al gobierno sandinista de Nicaragua de estar implicado en el tráfico de cocaína con el fin de obtener dinero extranjero y socavar la sociedad norteamericana. El 27 de julio de 1984 fue instruido de cargos por un tribunal de Miami, Federico Vaughan, empleado del Ministerio Nicaragüense del Interior. “Los cargos fueron por conspirar para trasbordar cocaína a través de un aeropuerto militar próximo a Managua hacia Estados Unidos. Dos investigadores federales dijeron a la AP que a pesar de la insistencia de Washington en obtener información sobre la vinculación sandinista con el tráfico de cocaína, no pudieron reunir pruebas fehacientes de que los altos niveles del gobierno izquierdista estuvieran implicados en embarques de cocaína”, concluyó la agencia norteamericana.

Pero el jugoso negocio de los sucesores de Tacho Somoza y compañía, implica de igual forma a sus “primos hermanos”, los contrarrevolucionarios de origen cubano y pasaporte y mesada yanqui. Así lo certifica la AP: “las fuentes dijeron que dos cubanos norteamericanos, mientras asistían a las Fuerzas Democráticas Nicaragüense (FDN) para abrir un frente en Costa Rica usaron tropas “contras” armadas para obtener el flujo de cocaína por avión desde Colombia hasta las pistas clandestinas en el norte de Costa Rica”.

Los traficantes cubano-norteamericanos fueron miembros de la Brigada 2506, organizada por el gobierno de EE.UU. que participó en 1961 en el ataque de Playa Girón, añade la AP, la que cierra la información con lujo de detalles revelando  que los embarques de cocaína llegaban a los establecimientos agrícolas, ubicados en Costa Rica, propiedad del norteamericano John Hull.

Hull dijo, por su parte, que se trataba de “desinformación comunista”. El que la AP se dedique ahora a ese tipo de “desinformación” no se lo va a creer nadie.

Entre tanto, la propia AP y otras agencias cablegráficas informaron hace varios días que, en Miami, había sido detenido Alberto Rodríguez, cogido en una trampa cuando entregaba cocaína a falsos compradores, quienes resultaron ser agentes del Buró de Narcotráfico. Antes de 1959 Rodríguez, fue policía en Cuba, trasladándose a Miami y con apoyo de la CIA fundó “y es dueño” del Periódico contrarrevolucionario Patria. El apátrida de origen cubano, es un activo traficante de cocaína Convicto de este delito hoy está detrás de las rejas.

Sin proponérselo la AP ha presentado pruebas y hechos de quiénes son lo que se dedican al narcotráfico y quiénes son sus protectores. La escoria social, una parte residual de la crápula cuartelaria de Somoza y de Batista, la corruptela burguesa que lo mismo viene en Playa Girón a intentar rescatar sus privile­gios, que entra en los más sucios y repulsivos negocios si éstos les dejan dinero, y que ayer y hoy han sido y son usados por el gobierno de Estados Unidos contra los procesos revolucionarios de Cuba y Nicaragua.

Ahora será más difícil propalar las infamias. La opinión pública internacional cada vez creerá menos en aquellos que le­vantan falsos testimonios.

Granma, 18 de diciembre de 1985.

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