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El tiburón y la telenovela cubana

Por ese vasto mar que es la Internet navega una historia, sin autoría hasta donde sé, que habla de cómo los japoneses consiguieron tener pescado fresco, cosa que nosotros, siendo también isla, no hemos logrado todavía… ¡Ni pescado!
Cuentan que las aguas cercanas a su plataforma insular ya no tienen muchos peces, de manera que fueron fabricados gigantescos barcos para ir mar adentro. Pero el tiempo de regreso era tal que el pescado no llegaba fresco y con ese olfato propio de los nipones (que ya nosotros también hemos perdido por el desuso), inmediatamente se daban cuenta de que el sabor ya no era el mismo.

Entonces idearon enormes neveras para los barcos. Pero el producto congelado tampoco sabía igual. Como casi una última opción construyeron estanques para mantenerlos vivos. Mas, la demora y la inactividad de los peces tampoco permitieron rescatar el gusto original.
Explica esta historia motivacional cómo el problema, finalmente, fue resuelto de una manera natural y lógica. Comenzaron a echar en cada estanque un pequeño tiburón que siempre se comía a algún que otro pez, pero la mayoría, tratando de escapar del depredador, llegaba a la costa con todas sus energías y, por ende, con todo su inigualable sabor a pescado fresco cuando se servía.
Así ha pasado en estos días con la crítica, tan pequeña quizás como pequeños eran los escualos, que una joven periodista de nombre Lied Lorain Guerra, lanzó sin que nadie lo esperara al estanque, puramente informativo de ese segmento, supuestamente cultural, del Noticiero Nacional de Televisión. ¡Se atrevía a criticar la telenovela El rostro de los días que acaba de concluir!
Inmediatamente las redes sociales estallaron en opiniones, la mayoría de descrédito hacia la profesional sobre que si no era especialista o estaba parcializada, el por qué la emprendía contra una telenovela que había sido como una vacuna para la otra pandemia, la del aburrimiento por el encierro, cuando tantos problemas sociales hay para criticar, etcétera, etcétera, cual una mancha de peces atapados en esas sospechosas y manipuladoras redes del pensamiento humano.
Y yo, acordándome de la fábula, me dije: ¡Al fin tenemos un poco de pescado fresco! Es decir, de crítica cultural, cuando la tradición del ejercicio de opinión, más allá de los agromercados, por un producto más duradero y raigal como es la cultura, lo hemos perdido en los últimos años, entre muchas otras razones, por acomodamiento, desmotivación y falta de compromiso.
Por eso, no esperemos un consumidor, llámese público, que quiera otra cosa que la ciguatera, sin frescura alguna, de un acriticismo enlatado como reserva de guerra.
Más allá de que los críticos y las críticas tengan razón o no (que no es cuestión de razón, sino de ejercicio intelectual inteligente que nos haga dudar de lo que consumimos culturalmente); más allá de una cultura banalizada en nuestros medios (no solo por contenidos vacuos sino, además, por excesos de didactismos a ultranza), tienen que surgir, como verdaderas redes de pesca esencial, estrategias institucionales que fomenten y estimulen en los más jóvenes el rescate de la escuela cubana de pensamiento en tal sentido, sin tener que esperar, como algunos se excusan, a tener un doctorado para ejercer lo que, por derecho propio, le pertenece al periodista: opinar.
Existen algunos espacios teóricos que pretenden, intentan, insisten en darle frescura a las ideas sobre el tema, pero, para ser sinceros, los decisores los asumen más como foros para la catarsis, para el “estate quieto que eso no interesa”, que como instrumentos transformadores de la abulia en nuevas dinámicas.
Lejos al temor por las bajas mareas de linchamientos en las redes sociales tan comunes por nuestros días, y no precisamente a consecuencia de los cambios climáticos, ha de tenerse siempre un mínimo, un pequeño escualo dentro de nuestra agenda pública cultural, si queremos servir, de verdad, pescado fresco sobre la mesa espiritual del cubano.

3 thoughts on “El tiburón y la telenovela cubana

  1. Gracias por un análisis tan exacto y entretenido. Estuve días en las redes intentando que se valorará el ejercicio del criterio, tan escaso. Usted aquí lo ha logrado con exactitud y facilidad narrativa.

    1. Gracias Armando por su gentileza. Necesitamos volver sobre el análisis de la crítica a ver si conseguimos hacer pensar a las personas a la par que disfrutan un material audiovisual o una obra de arte. Saludos

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