PERIODISMO PATRIMONIAL E HISTÓRICO

El fonógrafo es uno de los inventos extraordinarios del siglo XIX

Tal vez Thomas Alva Edison no imaginó la trascendencia y transformaciones técnicas del fonógrafo, aquel sencillo artefacto creado en 1877, donde solía grabar, una y cien veces la voz humana y cancioncillas como la tan popular: Mary tiene una ovejita/ blanquita como la nieve/ donde quiera que va Mary/ siempre lleva su ovejita.

El 2 de diciembre de 1889, Theo Wangeman, representante de la casa Edison, grabó un fragmento de las Danzas Húngaras del compositor Johannes Brahms, cuya versión para piano solo todavía se conserva, aunque con poca calidad.

Por esa época otros inventores ya producían dispositivos que podían grabar. Y, con formas posteriores, también se le llamó gramófono, como la marca registrada en 1887, y hacia 1940 lo identificaron reproductor de discos.

Lo cierto es que el invento del fonógrafo, patentado por Edison el 19 de febrero de 1878, fue destinado a reproducir la voz humana o cualquiera de los otros sonidos de nuestro planeta, emitido o no por el hombre. En especial a la música facilitó la más amplia difusión y la mayor popularidad entre las artes. Edison tenía 30 años de edad cuando hizo esta maravilla de la tecnología del siglo XIX.

En la primera estructura del fonógrafo hubo pocos elementos, entre los cuales figuraba una bocina para recoger las ondas sonoras y un cilindro giratorio recubierto por una hoja de estaño, sobre cuyo surco una aguja corría trasmitiendo vibraciones, que, finalmente, quedaban grabadas en una membrana tipo diafragma.

Es decir, bastaba con echar a funcionar aquel cilindro, el cual al desplazarse describía una línea helicoidal, para ver materializado el sueño de nuestros ancestros de conservar en una cajita mágica sus propias voces, así como toda la música que serían capaces de crear. Mucho antes del fonógrafo ya se había inventado “encerrar” a esta última en un piano de manubrio.

Pero la música alcanzó su masiva difusión y la mayor popularidad cuando, más tarde, en la búsqueda de facilidades para el manejo del fonógrafo, al equipo le fuera sustituido el cilindro por un disco. Además, la aparatosa bocina exterior logró ser colocada en la misma caja.

El desarrollo tecnológico transformó al aparato original a tal punto que, para ponerlo en movimiento, ya no fue necesario utilizar un dispositivo de relojería, al que se le daba cuerda mediante una manivela. Muy pronto este mecanismo se sustituyó por un motorcito electrónico.

Los adelantos técnicos, en particular con la introducción del disco, beneficiaron mucho a los cantantes y músicos en general. Si desempolvamos la literatura, vamos a encontrar descripciones que nos hacen suponer las dificultades que ellos afrontaban cuando llegaba el momento de grabar, casi pegados a una enorme bocina. Con la aparición del disco, el canto y toda la música llegaron a los pueblos de una manera inusitada.

De los innovadores se dice bien que pocas veces admiten la conformidad ante lo creado. Por eso ningún adelanto científico o técnico queda estancado. De ahí la superación en el sistema del diseño de los fonógrafos. Así fue como surgió la idea para evitar las reproducciones estridentes.

En los inicios, la sonoridad dependía exclusivamente de la intensidad con que se cantaba o tocaba un instrumento musical. Esto era motivado por la falta de un equipo para ampliar o no el volumen acústico de un disco. Por otra parte, ni pensar en grabarle de conjunto a un numeroso grupo de cantantes.

Ya en 1904, las grabaciones en disco se hicieron en 78 revoluciones por minuto y por ambas caras. Luego a finales de la década del cuarenta irrumpieron en el mercado los de larga duración, y a los de 33 rpm, le siguieron los de 45 rpm.

En saltos tecnológicos, llegamos a las citas magnetofónicas pre-grabadas en 8 pistas (1962). Después los casetes harían su entrada triunfal. A partir de entonces, cualquier sonido se reprodujo en discos o cintas, independientemente de su fuente, a través de los medios electroacústicos, en tanto fue posible modificarlo en intensidad o tonalidad.

Cuentan que en la década de 1980, Emile Berliner inició la transformación de cilindros de fonógrafos a discos planos con un surco en espiral desde la periferia hasta cerca del centro, acuñando el término de gramófono para tocadiscos de discos.

Asimismo, se le hicieron modificaciones a la plataforma giratoria y su sistema de accionamientos, el lápiz o aguja, además de los sistemas de sonido y ecualización. Pero el uso del fonógrafo en un reproductor de disco estándar disminuyó, precisamente con motivo del aumento de la cinta de casete, el disco compacto y otros formatos de grabación digital.

La palabra fonógrafo viene del griego φωνη (sonido, voz) y γράφος (escribir); pero el uso de tal terminología ya no fue igual en todo el mundo. Pues, de acuerdo con las mejoras tecnológicas durante finales del siglo XIX y principios del XX, en diferentes marcas aparecieron denominaciones como fonógrafo, gramófono, grafofón, zonófono y hasta le llamaron máquina parlante.

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