FIEL DEL LENGUAJE

Fiel del lenguaje 32 / ¡Ay!, qué calor hay, y habrá tormentas

Tenaz entre tenaces que le hacen creer al autor que “Fiel del lenguaje” sirve para algo, María Victoria Valdés Rodda expresa preocupación por confusiones que nota en el uso de la interjección ay y la conjugación hay, de haber, y pide que el tema se trate en la columna. El autor preferiría que tal preocupación fuera infundada, pero también él ha detectado errores de esa índole.

De tan elementales, esas pifias pudieran parecer imposibles, o inventadas, pero ocurren. Se ubican en un fenómeno que —aun cuando el vocablo no aparezca en diccionarios— se podría llamar heterografía, por asociación con heterodoxia, donde el prefijo hetero, antónimo de orto, apunta a lo otro, desigual o diferente, como en heterodoxo, heterogéneo, heterónimo y heterosexual. Los desaguisados son tan abundantes y significativos que, más que hablar de ortografía deficiente, cabría pensar en desviaciones comparables con las que, en materia doctrinaria, se consideran herejías, extremos de la heterodoxia.

Dada la significación del prefijo orto, que expresa rectitud o corrección, o apego a normas —así en ortodoxia, ortodoncia y ortofonía—, la Real Academia Española define tautológicamente ortografía como el “conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua” y “forma correcta de escribir respetando las normas de la ortografía”. Asimismo establece que ortología es el “arte de pronunciar correctamente y, en sentido general, de hablar correctamente”.

En el caos heterográfico reinante circulan formas erróneas de la interjección y la conjugación mencionadas. Pero, al entrar el verbo haber en el ruedo, el asunto requiere ir más allá y explorar, aunque sea a base de meros ejemplos, sus diversas conjugaciones. Tantas alteraciones lesionan el idioma que no sería motivo de asombro si lo mismo ay que hay se sustituyeran por la deformación hai. Lo que pulula en redes sociales invita a no descartar exclamaciones como “¡ahi, qué dolor tengo!”, no nacida del deseo de precisar, con un ahí mal acentuado, la ubicación del dolor: en este pie, en este hombro, en esta parte del vientre, en algún oscuro rincón de la cabeza…

La explicación podría hallarse en la conversión de ay en ahi, evidencia, además, de mala memorización de ahí. Eso le recuerda al autor expresiones de su entorno infantil rural, como “por ahi”, en lugar de “por ahí”. En ellas, acento y articulación podían trasmitir cierto sentido familiar, afectivo, como en “harina de mai” por “harina de maíz”. Pero, salvo impostaciones, ocurría por lo general entre personas de escasa instrucción, no entre profesionales con posibilidad y deber de expresarse correctamente.

Escrutar errores apreciables en el uso de haber lleva no solo a centrarse en su carácter de verbo principal. Reclama hacerlo asimismo en el papel que cumple como auxiliar en la voz pasiva, en la cual lo escolta el participio del verbo que funcione como principal. Pero empecemos por lo correspondiente al primer carácter mencionado, para el que, en el español actual, predomina la acepción equivalente a existencia o presencia.

En contraste con otras lenguas, rara vez se le emplea como sinónimo de tener, que le viene del latín. El uso lo mantiene con ese sentido en habemus papam, que, con la versión literal habemos papa, equivale a tenemos papa. Ese es el anuncio ritual que el cardenal encargado de hacerlo da —desde el balcón central de la basílica de San Pedro, en el Vaticano— al final de la elección de un nuevo líder de la Iglesia católica.

Pero, en general, haber ha dejado de emplearse con la acepción de tener, a menos que se haga con voluntario sesgo arcaizante, que puede acompañarse de intención jocosa. Un ejemplo: habemos papas —o, según el área lingüística, patatas—, que no será un anuncio protocolar, pero frente a carestías puede resultar festivo, entusiasta al menos.

Los errores en el uso de haber con valor de existencia parten de ignorar que es impersonal y solo se conjuga en tercera persona del singular, al igual que los verbos impersonales que expresan acciones o fenómenos naturales: tronar, llover, nevar. Los verbos impersonales no tienen sujetos que determinen el número en la conjugación. Otra cosa ocurre en usos metafóricos: “Los vecinos del bullanguero están que truenan”. En sentido recto, óigase un solo trueno o muchos, se dirá tronó o está tronando.

Como una muestra más amplia, pero no exhaustiva, del uso correcto de haber, se acude aquí a estos ejemplos: en presente, hay una libreta y hay diez lápices; en pasado, hubo o había una casa y hubo o había diez árboles; en futuro, habrá un examen y habrá diez aprobados; en modo subjuntivo, hubiera o hubiese una salida y hubiera o hubiese diez entradas; en potencial, habría una calle y habría quince edificaciones.

Similar es la norma en la voz pasiva, cuando haber funciona a la vez como auxiliar y como verbo principal representado por su participio pasivo. Esa estructura es también impersonal, y las conjugaciones serán ha habido un buen día y ha habido muchos días buenos, habrá habido una buena excusa o habrá habido varias buenas excusas

Cuando haber forma parte de una perífrasis en que lo precede otro verbo, la perífrasis es igualmente impersonal, y el otro verbo que antecede a haber se conjugará en tercera persona del singular mientras haber permanece en infinitivo. Caso frecuente es poder haber, en enunciados del tipo de puede haber una convocatoria a examen y puede haber hasta veinte alumnos por aula, pudo haber una sola persona condenada y pudo haber varias condenas, podrá haber un solo concierto y podrá haber tantas funciones escénicas como se organicen, pudiera haber un huracán y pudiera haber unas cuantas tormentas, podría haber un solo equipo por provincia y podría haber dos equipos.

La perífrasis puede complicarse, pero si el contenido lo define haber, continúa siendo impersonal, como en pudo haber habido un buen juego y pudo haber habido varios buenos juegos. O en habría podido haber un buen resultado y habría podido haber varios logros relevantes. Hasta los extremos de habría podido haber habido un solo caso de contagio y habría podido haber habido muchas personas contagiadas.

Cuando existen o están presentes no cosas o seres irracionales, sino personas, y es una de ellas quien habla o escribe, si va a usar el verbo haber debe expresarse en tercera persona del singular, y decir: “Aquí hay diez profesionales”, “Allí hubo cinco colaboradores” y “Allá habrá todas las personas que se necesiten”. Si desea hacer notar que forma parte del conjunto aludido, debe sustituir haber por ser o estar, y decir: “Aquí somos diez profesionales”, “Allí éramos cinco colaboradores” o “Allá estaremos todas las personas que se necesiten”. Pero es frecuente oír o leer incorrecciones de la índole de “Aquí habemos diez profesionales”, “Allí habíamos cinco colaboradores” o “Allá habremos todas las personas que se necesiten”.

Mucho tranquilizaría al autor suponer que los ejemplos hilvanados bastan para explicar el uso correcto de haber, y para hacer notar errores que se cometen. Pero las pifias abundan, y hasta textos de profesionales se ven donde ha llegado o he terminado aparecen sin la h necesaria, por lo cual ha y he, conjugaciones de haber, terminan escritas como la preposición a y la conjunción e.

Ojalá estuviera de más añadir que el uso de e por y no es opcional, sino normativo, para evitar dificultades cacofónicas al pronunciar, si la palabra que sigue a la conjunción empieza con i o con hi, como en limpieza e irrigación, aguja e hilo, Pedro e Ydígoras. Pero, aunque le siga una palabra que se inicie con i, la conjunción y se mantiene en interrogantes que empiezan ¿Y Irma?, y cuando precede a la y con acústica de consonante, como en Pero y Yolanda, y a la sílaba hie, de realización semiconsonántica: agua y hielo, aluminio y hierro.

Y, y… y nada más por hoy, para que la columna no siga excediéndose en extensión. ¡Y eso que todo empezó por las brevedades ay y hay!

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

2 thoughts on “Fiel del lenguaje 32 / ¡Ay!, qué calor hay, y habrá tormentas

  1. Muchas gracias Toledo por el excelente texto que refresca conocimientos y coloca en su sitio la H donde va y su ausencia cuando corresponde, pero Ay! de que los hay, los hay!!!. Gracias mil veces

  2. Cada vez que se publica un artículo suyo en esta revista es muy bien acogido por todos, por lo que lo apoyo en esta cruzada por el idioma. Me permito sugerirle que aborde el significado de “proyecto”, pues en el ambito de las artes, lo utilizan incorrectamente, llamando proyecto a cualquier manifestación aunque lleven años realizandolo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *