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El día primero de un periodista

Los periodistas sabemos celebrar el 1ro de Mayo trabajando. En lo que otros ensayan consignas, congas, pasillos de baile, estrenan pullover alegórico y hasta sueñan con los termos de cerveza que los refrescarán después; nosotros entrevistamos, escribimos, fotografiamos, editamos, subimos a Internet, compartimos en Facebook… No es esto un lamento, es más bien una bendición del mejor oficio del mundo.
Bajo los frescos aires acondicionados de uno de los salones del Complejo Plaza de la Revolución, justo debajo de la tribuna a donde miran todos durante el desfile, instalas tu puesto de mando. Par de teléfonos habilitan la conexión en un par de máquinas, las mejores. Llevas tu laptop, por si acaso. Nunca se sabe. Un periodista debe ir siempre artillado con todo: cámara, grabadora, agenda, lapicero…
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Lo más incómodo es desvelar las musas a eso de las cuatro o cinco de la mañana. Le halas las sábanas con un buen cafecito y sales, aún de noche, de “cacería”. El objetivo es encontrar a esas horas un entrevistado con una buena historia. No es difícil. La gente está llena de ánimo en un día como este, en un país como este. Transcribes la conversación y redactas con la mayor coherencia posible entre la algarabía y el corre corre de los colegas. Ahí va el primer aporte.
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Ya amanece. Casi comienza el desfile y sigues aprovechando para hacer tu trabajo. Atraviesas el cordón y, entonces, alguien te detiene. Oiga, no puede pasar para allá. Tú, toda orgullosa, muestras la credencial que te da vía libre que, a los efectos, es como una manilla en un Hotel Todo Incluido. Sigues con lo tuyo y comienza el ciclo de transcribir grabaciones, escribir, editar… Así, hasta completar cuatro, cinco, seis, siete trabajos que reflejan como se celebra un Día de los trabajadores en Holguín, Cuba…
prensa3Fotos: Archivo Periódico ¡ahora!
Después… Bueno, después también hay cerveza para los periodistas y un poco de sueño para las musas desveladas.
Este año algo ha sido diferente. La casa es tu plaza. Pero hay mucho de igual. Te despiertas temprano. La costumbre. Sacas tu bandera, tus musas, tu laptop. Desde el necesario aislamiento social buscas las historias.
Transcribes y redactas con la mayor coherencia posible entre la algarabía de los vecinos que reservaron para hoy el pullover del año pasado, hicieron carteles y comparten música y aplausos. Ahí va el primer aporte. (Tomado de Ahora!).

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