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Vichot alerta: aún no podemos amainar

Con  su libro Cuando nunca amainó (Casa Editorial Verde Olivo), su autor, el capitán de fragata(r), Pedro Antonio Goizueta Vichot, desde mi punto de vista no solo propone el encuentro con una parte de la historia de lucha nuestro país, por su soberanía e independencia plena, prácticamente desconocida. Olvidada.

Nos alerta, a partir del término amainar, de estar atentos ante los cambios de estrategias y tácticas, apoyadas en los avances científicos y tecnológicos de la época, porque el enemigo o los enemigos no han esistido en sus propósitos .Han cambiado las formas: los métodos. Razones que justifican el encuentro con esta profunda investigación de Vichot, que estructurada en 14 partes o capítulos nos revela hechos y acontecimientos, algunos divulgados una sola vez, cuando sucedieron; la mayoría se mantuvieron inéditos. Aparecen ahora, por primera ocasión en las  más de 300  páginas del libro, gracias a la entrega y dedicación que durante 10 años dedicara el autor.

Los testimonios y la fuerza de la narración nos sitúa de nuevo sobre las lanchas. Volvemos al misterioso oleaje del mar, para custodiar las costas, el archipiélago, y enfrentar de noche y de día, en cualquier circunstancia las frecuentes incursiones del enemigo, empeñado en revertir la construcción de la sociedad que nos habíamos propuesto.

Allí estaban cubanos de todas las edades, donde predominaba la juventud, casi adolescentes, pero esa no era la preocupación que prevalecía en aquellos tiempos. Era dominar a la perfección la misión combativa de cada integrante de la dotación. Saberse capaz de asumir la función necesaria en momentos difíciles de enfrentamientos de vida o muerte contra  sabotajes, infiltraciones, secuestros, ametrallamientos por lugares insospechados de  nuestra geografía.

Como episodios muy bien tratados, a partir de la información y de la forma en que se exponen y valoran, podemos mencionar los que tratan sobre las primeras agresiones en el mar; la Operación Zapata, agresiones mercenarias y terroristas; los llamados tiempos de revanchas; las primeras manifestaciones de una nueva política agresiva; operaciones contra Comandos Mambises y el buque madre yanqui Rex; un regalo de navidad y el ataque al Sierra Aránzazu.

Incluye además, días de zozobra; los cambios que se producen que empeoran la situación; aspectos en la dirección Norte y el vínculo entre mercenarios, terroristas, la CIA, la Mafia y el empresario Babun. Aborda el terrorismo en las costas de Ultramar; comenta las características de los vaivenes de la época y concluye con la escalada agresiva de los años noventa del pasado siglo.

Completan el volumen una relación con los nombres de los caídos en las acciones combativas; una cronología de las agresiones y un glosario con los términos marineros empleados.

El éxito de Cuando nunca aminó, comienza con el Prólogo, concebido a partir del reportaje original sobre los hechos, publicado en la Revista Verde Olivo, escrito por el periodista Héctor ArturoValdés, fallecido antes de que el libro fuera impreso. Héctor, poeta al fin, maestro en eso de buscar palabras o las frases adecuadas que iluminan y dan belleza, aunque lo que se narra convoque a la acción, al valor para remediar el dolor o la pena que nos golpea, nos brinda un incomparable retrato literario de la vida, la trayectoria y los principios inclaudicables de Pedro Vichot, quien al borde de la muerte una y mil veces sigue pensando y actuando como cuando decidió incorporarse al grupo que Martí calificara como los que aman y construyen.

Y las páginas de Cuando nunca amainó, nos devuelven ha Pedro otra vez en la LT-85, debatiéndose ante el sabotaje de la CIA. En esta, su obra de vida, da lecciones que hay que aprender e interiorizar. Experiencias que no se pueden olvidar aunque el panorama haya cambiado. Precisamente ahí radica su aporte fundamental. En ella encontraran los defensores de nuestra soberanía el primer punto de apoyo para continuar fortaleciendo-como antes- el bastión imbatible de Cuba la Patria. Este cubano que parece no haber perdido el tiempo desde que se incorporó a las actividades revolucionarias en su natal Mantua, en 1958; ocupó responsabilidades como instructor político en distintos niveles de las FAR, a partir de 1961 hasta 1986. En la Marina de Guerra Revolucionaria es ascendido al grado de capitán de fragata.

En los años de 1962 hasta finales de 1967 participó de manera activa en la lucha contra las agresiones piratas, resultando gravemente herido en un sabotaje terrorista perpetrado en Siguanea, en la entonces denominada Isla de Pinos (ahora de La Juventud).

Elevó sus conocimientos mediante cursos y escuelas políticas y militares, en Cuba y en la antigua URSS. Por su actitud vertical y entrega ha recibido numerosos condecoraciones y reconocimientos, prefiriendo destacar la que considera más significativa. La medalla de la Alfabetización. En ella se encierra, ha manifestado, uno de los acontecimientos más cercanos y entrañables. Fue quien organizó la campaña en una parte importante de la División de Pinar del Río y cuando se declararon libres, fue precisamente el Che quien presidió la ceremonia e izó la bandera. Es algo que no puede olvidar. Es una de las más de 17 medallas que posee dentro de las que además, prefiere mencionar la del valor, Ignacio Agramonte de tercera clase y la de la Lucha Contra Bandidos.

Este título constituye un  necesario e inaplazable acercamiento a esa etapa de la lucha de nuestro pueblo en defensa de sus más preciadas conquistas y su autor cumple con principios elementales de propiciar la trasmisión de las mejores experiencias a las nuevas generaciones, haciéndose eco de históricas recomendaciones, realizadas en su momento por José Martí, cuando escribió en su Cuaderno de Apuntes número 7,en 1881: “Hagámos la historia de nosotros mismos, mirándonos el alma; y la de los demás, viendo en sus hechos”.

Máximo Gómez, lo recomendaría, después de constituida la República, a un abrumado Ramón Roa. “No olvidemos la historia, mi querido Roa, sobre todo los que como tu se ofrendaron al sacrificio para que este pueblo la ostente tan gloriosa. Ninguno como tu, que jamás te has manchado con la mentira puede escribir ahora. Escribe”.

También lo hizo el comandante Ernesto Che Guevara, al convocar a través de la revista Verde Olivo, en fecha tan temprana de febrero de 1961,a los miembros del Ejército Rebelde, a escribir sus memorias de la guerra y decía: “Solo pedimos que sea el narrador. Pedimos que después de escribir una cuartilla en la forma en que cada uno pueda según su educación y su disposición, se haga una autocrítica lo más seria posible para quitar toda palabra que no se refiera a un hecho estrictamente cierto o cuya certeza no tenga el autor plena confianza’’.

Los tres patriotas comprometidos con sus generaciones por alcanzar el mismo supremo objetivo, vislumbraron desde  el principio el valor y la importancia de escribir cada página de la historia y trasmitirla viva a las nuevas generaciones de cubanas y cubanos, para contribuir a su educación y la formación de los valores que refuercen el conocimiento y la defensa de nuestra identidad.

 Pablo Noa Noa/promotor editorial Pablo de la Torriente

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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