Con esta nota el autor inicia en Cubaperiodistas un espacio, de textos breves y frecuencia aún por determinar, sobre el tema que el título menciona. En otras ocasiones, como en la columna que publicó en Juventud Rebelde hace algunos años —Más que lenguaje, origen del libro homónimo, con sendas ediciones de Oriente (2006) y Pablo de la Torriente (2008)— ha tratado centralmente cuestiones conceptuales que a menudo el uso desprevenido o tendencioso del idioma enmascara o promueve. El espacio que ahora nace estará ceñido, de preferencia por lo pronto, a lo más concretamente lingüístico. A ello, y a la importancia de procurar fidelidad al buen empleo de la expresión oral y escrita, se debe el título de la nota, y del espacio anunciado.

El empeño lo animan imprecisiones, pifias o dislates que acribillan tanto el lenguaje escrito como el oral. Muchas veces provienen de personas comprometidas con hablar y escribir correctamente y que —se da por sentado— han recibido la formación necesaria para cumplir su cometido. Las faltas se aprecian en el plano semántico, en la sintaxis, en la gramática básica y en la ortografía, y parecen aumentar cada día más, a despecho de los recursos disponibles para gozar de una buena preparación. La condición humana incluye la falibilidad, pero debe también abrazar el afán de superación, no resignarse a lo mal hecho.

Este articulista no pretende sentar cátedra, y mucho menos presentarse como el dueño que ni remotamente es de un tesoro que, como el idioma, pertenece a todas las personas que lo usan, al “pueblo que lentamente lo agrega y acuña”, para decirlo con José Martí. Solo aspira a contribuir —no pocas veces a partir de aclararse él mismo dudas que puedan inquietarlo, vencer sus déficits cognoscitivos y rectificar sus propios errores— a estimular el cuidado en el uso del lenguaje.

Se habla aquí del que, si es un instrumento fundamental para la comunicación entre los seres humanos todos, lo es en particular para un desempeño eficiente del periodismo en las distintas manifestaciones de esta profesión, vocablo que remite por derecho a la responsabilidad profesional, y conste que en este caso la redundancia es voluntaria. Lo que abunda no daña, se ha dicho, y las responsabilidades, si se asumen, ha de ser para cumplirlas con el mayor decoro posible. El error no ha de confundirse con la creatividad, ni la pobreza expresiva con la sencillez.

Quien, con el apoyo de la dirección de Cubaperiodistas, asume esta tarea, disfrutaría recibir en ella el beneficio del diálogo con lectoras y lectores: sí, “lectoras y lectores”, expresión que también, como otra ya vista, pudiera considerarse pleonástica, pero aquí es igualmente voluntaria. De unas y de otros aspira a que le lleguen preguntas, sugerencias, propuestas de temas, discrepancias y, dado el caso, hasta impugnaciones útiles para enriquecer el trabajo.

También el autor podrá discrepar. Pero discrepar, si sabe hacerse y se hace honradamente, no es zaherir, y no se buscará desacreditar a nadie: aunque se usen ejemplos reales, para que no parezcan invención del columnista, no se citarán las fuentes. La batalla es contra los errores, no contra las personas que los cometen, aunque no mencionarlas tampoco las libre de los deberes u obligaciones que les correspondan en la creación o en la edición de los textos. ¿Llegará a ser inevitable nombrarlas?

Quedan así expresados los propósitos con que nace “Fiel del lenguaje”, pero la nota no terminará sin una rotunda expresión de gratitud para quienes contribuyan a mantener vivo este espacio o, llegado el momento, convenzan al autor de que, por el alto nivel idiomático (¡ojalá!) que prima en nuestro periodismo, sale sobrando un esfuerzo que hoy no pocas personas insisten en considerar necesario o, cuando menos, de posible utilidad.

En La Habana, a comienzos de 2019.

4 comentarios

  1. Luis: Entré a este artículo, maravilloso por cierto, en una búsqueda para agradecerte, los correos enviados por el fallecimiento de Tablada, leyendo recordé también a nuestra madre, tan apegada a la gramática y la ortografía, el se nos fue tranquilo, a solo 15 días de haber arribado a sus 103 años, con calidad de vida, revolucionario y militante del P.C.C y como bien nos dices, todas nosotras orgullosas de haberlo tenido todo este tiempo. Mis hermanas y yo te agradecemos infinitamente tu atención y recuerda, en Bayamo y Nuevitas, tienes tu casa.

    • Luis Toledo Sande

      Querida Ana Cristina, si el artículo solamente sirviera para suscitar un comentario como el tuyo, tan generoso y sé que tan sincero, ya podría creer yo que de algo bueno ha servido. Gracias de veras, con afecto de familia para ti y los tuyos.

  2. Esta es una buena noticia para todos aquellos que no solo usan el lenguaje de Cervantes como su primer idioma, sino también como un tercer idioma, como en mi caso, siempre buscando mejorarlo porque, de hecho, hay mucho espacio para mejorar. No hay nadie mejor calificado para hacer esto que Luis Toledo, quien domina completamente el lenguaje en la medida en que todos sus escritos fluyen como poesía. También lo compartiré con personas de habla inglesa que disfrutan su trabajo por el contenido y la calidad del idioma. Felicitaciones a Cuba periodista por haber llegado a este acuerdo con el autor. Esperemos que la serie de artículos se compile en el futuro en forma de libro para que llegue a las manos de la mayoría que todavía no tiene acceso a los medios digitales.

  3. Félix Edmundo Díaz

    Espero,como siempre, que de una colaboración de tan altos quilates solo nazcan joyas. Por adelantada, va mi recomendación a l@s amig@s en FB y fuera de él. Gracias profes.

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