Nuestro oficio

Sopórtenme el lugar común: la ley fundamental del periodismo exige conquistar al lector, al oyente o al televidente. Nadie lee, oye o ve obligatoriamente, salvo contados casos. Por tanto, no podemos excluir cierta base subjetiva en la medición de la calidad de un enunciado periodístico. No existe un aparato automático capaz de arrojar un resultado completamente exacto y descontaminado de la percepción personal.

Los instrumentos a nuestro alcance, al menos en el periodismo impreso, son los principios de la técnica y el estilo (categorías lingüísticas y estilísticas), que los utiliza por lo común una conciencia profesional mechada de subjetividad, en la cual, incluso, operará el gusto del autor y del receptor. De ahí que ciertos lectores digan que este periodista les gusta y este otro no.

Ahora bien, si un enunciado periodístico cumple las condiciones básicas, que yo reduzco a tres: claridad, concisión y construcción interesante, y si en él se pueden “sentir” calidades de ritmo, tono, armonía, además de profundidad y precisión en el contenido, inscrito en el promedio podría decir que recibe un periodismo satisfactorio y eficaz.

Me parece, pues,  que no hay otro modo de evaluar la calidad periodística que no sea en sus formas elocutivas, y en sus valores noticiosos e informativos. ¿Cuál es el instrumento básico? La palabra, acompañada por la imagen o los efectos sonoros en los medios electrónicos. Los periódicos impresos –que priorizo a los efectos de este artículo- recurren al diseño gráfico y a la fotografía. Pero ello nos remite a una integralidad que no es imprescindible. El juicio se resuelve, en máxima instancia, en una evaluación técnicoestilística. Resulta imprescindible hacerle al periodismo un análisis que tenga en cuenta sus aspectos morfosintácticos, léxicos, semánticos, fonológicos y tropológicos, como, digamos, se le aplica a un poema, un cuento o una novela; además, desde luego, del aspecto técnico y metodológico: datos básicos, síntesis, estructuras, formas narrativas, enfoques críticos.

El periodismo tiene un instrumental propio: corpus técnico y formal obligatorio y opcional como formación estilística de trabajo. Pero a diferencia de otras formaciones, como la forense, la comercial, la académica, la del periodismo mantiene vínculos muy estrechos con la formación estilística de creación, es decir, con la literatura. Tendremos que admitir que entre ambas existe una mutua relación constructiva. Promiscua, de acuerdo con el término de Albert Chillon. Se hacen préstamos. Yo diría, incluso, que el periodismo tiene un pie en su estilo y lenguaje y el otro en la literatura. Porque ¿cómo usted podrá interesar, gustar si no usa elementos que además de informar, produzcan placer estético?

¿Puede escribirse una crónica sin emoción, sin lenguaje lírico, sin imágenes? ¿Puede escribirse un reportaje sin estructurarlo a lo largo de un eje de interés que incluya también cierta tensión dramática? No digo que en todos los géneros haya que utilizar recursos de la narrativa literaria, pero en algunos, como el reportaje, la crónica, el artículo, la entrevista, cuanto más alto sea el apoyo de las técnicas y el estilo literarios, más eficaz será el periodismo: ¿Por qué, si no, todavía recordamos a Terremoto en Charleston, de Martí; o El diario del año de la peste, de Defoe; o Relato de un náufrago, de García Márquez; o Realengo 18 y Presidio Modelo, de Pablo de la Torriente; u Operación masacre, de Rodolfo Walsh; o los reportajes de Gente de pueblo, de Onelio Jorge Cardoso; o Los fantasmas de Omaja, de Jaime Sarusky; o La guerra en Angola, de Kapuscinski…?  Claro, a veces el espacio impide que uno escriba obras maestras, pero aun en 60 líneas se puede construir un relato que conquiste el interés del lector. El propio  Kapuscinski sostiene que el periodismo a veces  resulta  insuficiente, y por ello tiene que ir a la literatura de no ficción

Si vamos a evaluar la calidad general de un enunciado, además de los valores mencionados habría que tener en cuenta los valores psicológicos de la noticia. Pero, creo, que desde el punto de vista de la apreciación noticiosa, de sus condicionamientos, son suficientes los principios técnicos principales. Además, tendrá que tenerse en cuenta qué hace falta escribir, difundir. Hemos de hacernos esa pregunta todos los días, porque a veces la técnica usual no basta para responder a las necesidades de la gente. Me parece que entre los defectos de la prensa cubana –no importa quién sea el culpable-está el no tener en cuenta  los intereses de los lectores.

Por ejemplo, a veces nos quejamos de la pobreza informativa de nuestros periódicos. Sí; se echan de menos noticias, verdaderas noticias. Pero ese defecto se podría resolverse construyendo el interés. ¿Por qué encabezamientos tan fríos y pálidos? El manual dice: primero lo importante. Mas cuando lo importante no lo es, o lo es en menor destello, la estructura y el estilo pueden voltearlo sobre la sartén de la creatividad y presentar un “plato” apetecible, aunque sea con ingredientes de tercera. Difícil, sí. Pero la dificultad puede admitirse luego de que uno intenta aderezar lo reseco con una salsa que humedezca al paladar y además le produzca picazón.

Y no sigo. Este enunciado se va convirtiendo en un recetario gastronómico.

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