Parecería redundante seguir discutiendo si la planificación es decisiva para el presente y el futuro de Cuba. Sin embargo, dentro y fuera del país siguen apareciendo algunas voces que lo niegan e incluso invitan a desecharla como mecanismo económico, invitación que aunque suele abordarse desde apreciaciones económicas, es ante todo política.

Hay que recordar al Ché

El Ché tiene múltiples referencias de gran interés en su texto:”Apuntes críticos a la economía política”. Un libro inacabado, apenas esbozado, pero cargado de numerosos aspectos metodológicos para pensar la construcción de la sociedad socialista, entre ellos el rigor con el que Ernesto Guevara analiza la economía política del socialismo lo que queda demostrado cuando se detiene y reconoce lo que para él aún no estaba esclarecido.

Nadie sabe cómo pensaría hoy el Ché a la luz de las nuevas realidades. Lo que sí es seguro que lo haría desde un pensamiento revolucionario y dialéctico, con sentido del momento histórico, también en relación con la economía política del socialismo (teoría todavía por madurar) y sobre la cual su pensamiento quedó inconcluso.

No obstante, sus alertas, sin ser una receta, siguen siendo de gran valor para el análisis de la realidad cubana. Por ello considero oportuno inicialmente destacar varios de los apuntes que hace el Ché y que se relacionan con la planificación.

Cuando en ese texto analiza la “ley económica fundamental del socialismo”, Guevara escribe:

“Este es el punto más débil, para mí, de la llamada economía política socialista. La ley fundamental citada puede ser de orden moral, colocarse a la cabeza del programa político del gobierno proletario, pero nunca económica. Por otra parte, ¿cuál será esta ley económica fundamental, en el caso de existir? Creo que sí existe y que debe considerarse a la planificación como tal. La planificación debe calificarse como la primera posibilidad humana de regir las fuerzas económicas. Esta daría que la ley económica fundamental es la de interpretar y dirigir las leyes económicas del período.”

Y luego de un punto y aparte expresa:

Para mí no está suficientemente claro. Hay que insistir en el tema.[i]

En la página siguiente al criticar la llamada “ley de la elevación constante de la productividad del trabajo” afirma:

Esto es una barbaridad; esa es la tendencia que mueve al capitalismo desde hace siglos.”[ii]

Y en otro apunte califica de “Correcto. Para considerar más adelante” la siguiente afirmación aparecida en el Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la URSS:

“La ley del valor actúa dentro de la economía nacional, con ciertas limitaciones, como regulador de la producción en el sector de la pequeña economía mercantil y en el sector capitalista, pero no regula ya la producción en el sector socialista. En el sector socialista, deja de actuar la ley de la cuota media de ganancia. Las inversiones de capital en este sector no se llevan ya a cabo  a base de la ley de la cuota media de ganancia, sino de la ley del desarrollo planificado de la economía nacional.”[iii]

Pueden o no compartirse parcial o totalmente las ideas expuestas en estas apreciaciones del Ché, pero sí identificarse y repasarse algunas claves fundamentales de su pensamiento:

  • La planificación es una regularidad de la economía política del socialismo.
  • La producción no es un asunto que se resuelve en sí mismo en el socialismo, no depende automáticamente de la “elevación constante de la productividad del trabajo”.
  • La ley del valor existe en el país regulando la producción en el sector de la pequeña economía mercantil y en el sector capitalista, pero no regula el sector socialista.

La planificación centralizada adquiere el carácter de regularidad en la construcción socialista a partir del predominio en el metabolismo económico de la propiedad socialista.

En la sociedad capitalista la planificación adquiere su máxima expresión dentro de los límites de la propiedad privada, donde se piensa al detalle todo el proceso productivo y de servicios con la finalidad de incrementar al máximo las ganancias. El plan tiene ahí una esencia corporativa. Fuera de esos límites predomina la competencia mercantil y el derroche de recursos.

Cuando predomina en la sociedad la propiedad socialista de todo el pueblo, aparece como afirma el Ché la posibilidad (y yo añado, la necesidad) de regir las fuerzas económicas, procurando no el predominio de la competencia, sino el predominio de la cooperación, en aras del máximo aprovechamiento de las potencialidades productivas y de servicios de la sociedad, esta vez no para maximizar las ganancias corporativas, sino para el bienestar social.

En lo adelante no se trata de la ganancia de empresas privadas a las que no les interesa el bienestar social, sino de encontrar el modo de articular los encadenamientos productivos en función de objetivos previamente consensuados por la sociedad. Los medios de producción de bienes y servicios no son ya propiedad particular de nadie, nadie puede reclamar el derecho único de decisión, por lo que la planificación centralizada está indisolublemente articulada a la plena participación ciudadana en las definiciones del cómo y para qué serán empleados los medios propiedad de todo el pueblo.

El presente[iv]

El presidente Raúl Castro ha afirmado que el socialismo es un camino ignoto, y no le falta razón, pues ninguna sociedad ha probado su construcción de manera auténticamente socialista[v] y de modo irreversible. No es de extrañarse por tanto que en el caso cubano surjan muy diferentes puntos de vista acerca de las soluciones en materia económica, uno de ellos es el extremo que declara la inviabilidad de la planificación centralizada, en algunos casos sin hacer al menos una aproximación a lo que se concibe bajo esos términos, sino invitando simplemente a desestimarla con argumentos que no tocan su esencia.

Primero que todo es imprescindible observar que la construcción de un sistema económico de orientación socialista en una economía mixta como la cubana, que tendrá por muchos años tales características, tiene que articular en su integración los diferentes tipos de propiedad, las diferentes relaciones que en estas se producen. De tal suerte la existencia de tipos de propiedad y modos de funcionamiento impone características específicas de diferenciación a la planificación en el país.

“Planificación centralizada” no significa, en consecuencia, planificación rígida, uniforme, sino que por definición tiene que tener en cuenta de entrada lo diverso de la economía real. Y eso es en extremo relevante, porque tiene que ver con el modo en que se concibe lo que significa la frase “planificación centralizada”, vacía y manipulable si no se explica.

Los documentos hoy en circulación discutidos con la sociedad cubana, aprobados por el Partido y respaldados por la ANPP, ofrecen una definición básica de lo que se entiende por “planificación centralizada”, uno de los principios que sustenta el modelo, y donde se persigue una de las principales transformaciones fundamentales de la reforma económica en curso. Se enfoca del modo siguiente en el documento sobre la “Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista.”:

“La planificación socialista: Es la categoría rectora, definitoria del sistema de dirección, a través de la cual se diseñan los objetivos a alcanzar. Da prioridad al desarrollo estratégico, es centralizada, participativa y diferenciada por instancias.”[vi]

Este mismo documento, antes de ofrecer la definición anterior, se refiere a la planificación centralizada, dentro de toda la transformación del sistema, poniendo el énfasis en la articulación armónica de la centralización con la descentralización y la autonomía:

“b) Transformar integralmente el Sistema de Dirección del Desarrollo Económico y Social con la planificación como su componente principal. Se combina su carácter centralizado con la descentralización y autonomía requeridas en las instancias intermedias y de base, así como la utilización conjunta de instrumentos directos e indirectos de dirección, lo que implica el rediseño integral de los subsistemas monetario, cambiario, tributario, crediticio, de precios, de salarios y demás ingresos de los ciudadanos.

Reconocer, regular y lograr un adecuado funcionamiento del mercado, de modo que las medidas administrativas centralizadas, en interacción con las políticas macroeconómicas y otras, induzcan a los actores económicos a adoptar decisiones de acuerdo con los intereses de toda la sociedad.”[vii]

De forma resumida estas determinaciones de la planificación dan cuenta de la complejidad del propósito, del desafío que significa su realización, que implica ver la planificación eficaz y flexible como elemento fundamental de la cultura económica y de la necesidad, de su papel central en todo el sistema y de lal imperativo de su transformación, en particular en lo tocante a la conjugación de la centralización con la descentralización.

La verdadera intención de esa invitación

La propuesta de abandonar la planificación centralizada viene acompañada naturalmente de la propuesta de “dejar hacer” a la propiedad privada como promesa de prosperidad y eso atañe no solo a la propiedad de los cuentapropistas, respaldada por las decisiones políticas en curso como formas complementarias del sistema económico del país.

En un libro publicado en La Habana[viii] analizo críticamente una recomendación hecha hace más de diez años por especialistas de la CEPAL dirigida a potenciar no solo la pequeña sino también la mediana propiedad privada por las derivaciones que tal política tendría en el fortalecimiento de la lógica del mercado y de la imposición de su jerarquía en la sociedad, y afirmo que formas de asociación Estado-colectivos laborales de las medianas empresas permitiría preservar la propiedad social en interés de la sociedad en su conjunto y viabilizar formas diversas que incentiven la iniciativa, la creatividad, la producción, la productividad y el ahorro, a la vez que fortalezcan el compromiso de los trabajadores para con la sociedad.

El sector socialista de la economía es el fundamental, lleva el peso del metabolismo socioeconómico de la sociedad, genera la mayor cantidad de recursos. La producción de bienes y servicios en el país no se autoregula mediante la elevación constante de la productividad sin negar la importancia de esta variable, sino que obedece a objetivos nacionales consensuados, que encuentran su aseguramiento en la planificación.

Propiedad de todo el pueblo y planificación son los pilares fundamentales del metabolismo socioeconómico de orientación socialista, devienen fundamento y expresión del poder político de los trabajadores.

Para afirmar que Cuba tiene que desechar la planificación y aspirar a ser atendido con la seriedad necesaria, es preciso, primero, referirse al contenido de esa categoría y no simplemente presentarla como una categoría dogmática, rígida, que no admite flexibilidad, sin aportar argumento alguno. A tal interpretación ciertamente ayuda la palabra “centralizada” que se ha instalado con un significado de “verticalismo”, “imposición”. La centralización no necesariamente tiene que convertirse en verticalismo, rigidez o imposición. Una de las funciones principales del partido y del Estado revolucionarios es impedirlo, a través del combate permanente contra las tendencias al burocratismo, el acomodamiento y la corrupción.

La planificación centralizada aparece como la posibilidad de asegurar los intereses de la sociedad en su conjunto, lo que incluye no solo las políticas sociales, de justa distribución de las riquezas, la protección del medio ambiente, la preservación y explotación racional de los recursos naturales, la seguridad ciudadana, la independencia nacional, la identidad cultural, la defensa del país, y un largo etcétera, propósitos que no pueden dejarse al arbitrio de los eslabones particulares y singulares del tejido económico, simplemente porque trascienden su función social. Ello no significa, sin embargo, que los desconoce, antes bien, los debe reconocer en su autonomía y descentralización, terreno donde hay mucho por hacer para asegurar una activa participación de los colectivos laborales, evitando que las direcciones administrativas absorban sus derechos de participación y decisión en el marco establecido por la ley y las regulaciones vigentes y futuras.

Esa articulación armónica debe tener presente la cambiada estructura socio-clasista de la sociedad cubana, que se ha hecho más heterogénea. Su tarea es la de regular los diferentes componentes del metabolismo socioeconómico de la sociedad, respetando sus características y propiciando al máximo la iniciativa.

Los críticos del socialismo suelen acusarlo de ser una utopía, mientras enarbolan la libre iniciativa privada como la panacea que asegurará el bienestar de la sociedad en su conjunto. En realidad lo que significa una verdadera quimera es suponer que la propiedad privada, la competencia por la ganancia, y el prometido aumento ascendente de la productividad, serán per se la garantía del aseguramiento del bienestar, de las políticas sociales y de los intereses de toda la sociedad. Es como si le dijeran al ratón “cómete el queso que esta vez no va a funcionar la ratonera”.

Aun y cuando tales presupuestos lleven durante determinado tiempo al crecimiento de la riqueza, ello no significa crecimiento del bienestar de toda la sociedad. Los intereses privados se encargarán de apropiarse de ella y no tardarán en cuestionar y rebajar los impuestos para su redistribución.

La invitación a abandonar la planificación centralizada y dejar hacer a la propiedad privada cifra en el mercado capitalista el bienestar social y las esperanzas de los trabajadores, pondría a la sociedad cubana a merced de intereses corporativos y, de últimas, a manos del dominio de las transnacionales. Desde esa misma ideología liberal se analiza superficialmente la esencia del bloqueo económico y comercial de los EEUU contra Cuba.

El tema del bloqueo

Para analizar la realidad cubana con el rigor correspondiente no basta con reconocer el bloqueo y declararse en su contra, sino que es preciso desvelar su naturaleza. De entrada es necesario afirmar que en esencia la ideología que anima la aplicación, permanencia y aun recrudecimiento del bloqueo es la misma que anima el abandono de la planificación y favorece la propiedad privada.

Cuando nuevamente una administración estadounidense, esta vez la del  inexplicable Donald Trump, recrudece el bloqueo y exige que Cuba haga concesiones a su soberanía e independencia, cabe preguntarse si estaríamos bloqueados de renunciar a la planificación centralizada y al predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios. Todo parece indicar que no.

Por eso la planificación no es solo economía, es también política y es ideología. Cuba no tendría oportunidad alguna en el mundo de hoy si no es capaz de organizar, articular y orientar el aprovechamiento de sus recursos naturales, materiales y humanos de modo eficiente, protegiéndolos de la avidez del capital foráneo. Y tal cosa es posible solamente si predomina la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios, si hay planificación socialista y si se mantiene el poder político del pueblo trabajador.

La agenda necesaria

La agenda de debate y análisis sobre la planificación centralizada no estriba en si es o no necesaria, la agenda es la que indica el texto de la Conceptualización ya citado, que ahora reitero y que llama a combinar “su carácter centralizado con la descentralización y autonomía requeridas en las instancias intermedias y de base, así como la utilización conjunta de instrumentos directos e indirectos de dirección, lo que implica el rediseño integral de los subsistemas monetario, cambiario, tributario, crediticio, de precios, de salarios y demás ingresos de los ciudadanos.”

En esa dirección, la del empoderamiento de los trabajadores a través de formas reales de participación en las decisiones, de la flexibilidad en la concepción de las formas de propiedad de todo el pueblo y en la planificación, la de lograr que los trabajadores sientan su condición de propietarios colectivos, la de la articulación eficiente de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política es donde hay que poner el énfasis. Ahí está el debate necesario y debe darse la bienvenida a todas las inteligencias, experiencias y capacidades que contribuyan a lograr y mejorar ese propósito.

[i]
Ernesto  Che Guevara, Apuntes críticos a la economía política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003, p. 102.

[ii]              Ibídem, p.103

[iii]              Ibídem, pp.103-104

[iv]             Los criterios que siguen no están pensados desde el punto de vista de la economía, para ello remito al lector a tres artículos relativamente recientes del reconocido economista cubano Dr. José Luis Rodríguez publicados en Cubadebate con el título “La planificación en el socialismo: su importancia y actualidad para nuestra economía” en los que el experto hace una explicación exhaustiva desde este ángulo, sin dejar de lado el político. Aquí voy a referirme al significado específicamente político del tema en cuestión, sin dejar de lado lo económico.

[v]              La autenticidad del socialismo es también un tema abierto a debate, nadie puede afirmar categóricamente qué es o no es “auténtico” en el socialismo. Sin embargo, lo que sí está claro es que no puede ser una autenticidad “capitalista”. El mercado no lo inventó el capitalismo, pero sí lo sublimó a límites insoportables hoy para la humanidad y el fundamento privado de la propiedad le impide encontrar soluciones racionales a sus contradicciones, significaría volverse contra sí mismo.

[vi]                Ver: www.granma.cu/file/PDF/GACETA/ultimo PDF 32.pdf, p.5 (23-9-17; 9AM)

[vii]             Ibídem,, p.5

[viii]            Darío L. Machado Rodríguez, ¿Es posible construir el socialismo en Cuba?, segunda edición, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2006, pp. 129-143

 

 

 

Ver además

Las cuatro estaciones de Fernando Martínez Heredia

Palabras en la presentación del libro Cuba en la encrucijada, de Fernando Martínez Heredia (Ruth

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