Mientras seguimos en la tierra de Ho Chi Minh una fuerza nostálgica se apodera de nosotros. Antes en Hanoi. Ahora en Da Lat, capital de Lam Dong, la ciudad de las flores más hermosas que haya visto, parecen rendirle tributo a Fidel en cada jardín, cada parque y casa vietnamita.101_7113

De más está asegurar que las autoridades a todos los niveles nos depositan sus condolencias por el deceso físico del líder cubano y universal entre vocablos de héroe, gigante, esforzado y amigo.

El hombre franco de los momentos difíciles de la guerra y la reconstrucción, el que con el apoyo de todo su pueblo, dijo que por Viet Nam estábamos dispuestos a dar hasta nuestra propia sangre… y se dio.

Una colega del periódico Lam Dong, la periodista Lan Ho Thi, no pierde la oportunidad cuando es propicia para manifestar: “Yo soy Fidel”, mientras alza su puño victorioso hasta la altura de su corazón.

Solo dices Cuba y salta a tu lado una voz: Fidel, no importa que estés en plena calle o en el interior de un avión. Todos te miran y esbozan una sonrisa clara de agradecimiento que sobresalta el pecho, como si tomara forma esa idea genial de que Fidel puso a Cuba en el mapa del mundo.

101_7072Los más jóvenes como la traductora Hoa Ly Hong y la asistente Mi Nguyen Hoa, ambas periodistas, nos traducen el respeto a Fidel desde un pueblo heroico que no sabe olvidar porque es agradecido.                                                                                                                                       Hasta en la aldea de los khol jor, del municipio Lac Suong, Kra Jan Tham, el patriarca de aquellos moradores empeñados en rescatar su cultura, ofreció el fuego, sus cantos y bailes para bendecir el espíritu y la fuerza de su pueblo y “también el de Fidel”, allá lejos, al otro lado del mundo, al pie de la montaña de Lam Biang, donde la muerte tampoco existe para la etnia khol jor.

Son las seis de la mañana, amanece en Da Lat y desde la ventana de un tercer piso, comienza a sentirse el zumbido de las motocicletas y de las personas en su ajetreo matinal y algunos neones de colores que languidecían, de repente vuelven a brillar, no importa el resplandor del día.

Por: Félix Témerez

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