El habla común está llena de imperfecciones, dislates o contrasentidos y es, de cierta forma, admisible que así sea por la premura, las fisuras culturales o el desaliño con el que nos comunicamos muchas veces con nuestros semejantes.

Lo que no resulta aceptable es que esos rasgos fortuitos del lenguaje habitual trasciendan como vocablos precisos al ser reflejados por los medios de comunicación, con lo que se induce al error de los menos avispados oyentes, televidentes o lectores.

Así podría suceder que “valor agregado”, al ser dicho anoche en un programa televisivo grabado como “valor arriesgado” por un conocido “videasta” ponga en duda lo que se quiere expresar con un término muy común por estos días, no sólo en el ámbito de los economistas.

El papel del editor-conductor-periodista ante un parlamento de dudosa comprensión o inexactitudes flagrantes debía de impedir que semejante pifia léxica saliera al aire. Bastaría con sólo decir: “corten, repetimos” y no esperar a que sólo sea utilizado en un segmento muy instructivo de la propia televisión.

Ahora leo un titular que me atrae por su temática, una de las afines a mis intereses, y pongo en duda su validez: “Cultivadores del jazz confluyen en Santiago de Cuba”.

En los muchos años que llevo siguiendo la materia no creo haber escuchado ni leído nunca que los intérpretes, los creadores, los músicos de ese género, sean comparados con un “Instrumento agrícola destinado a cultivar la tierra durante el desarrollo de las plantas”, según Encarta.

Supongo que se quiso decir “cultores”, que según la misma fuente significa “Que adora o venera algo” y que por extensión podría aplicarse a los que siguen esa manifestación artística.

En este caso, aunque aparece anunciado como un blog, la nota salió al aire bajo el manto de una prestigiosa agencia cuyo cuerpo editorial caza gazapos cotidianamente, pero este se le escapó como si no hubiera pasado por sus ojos.

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