Se ha comentado previamente que internet no es otra cosa que un escalón más en el proceso de la civilización humana. Nos referimos a la posibilidad de intercambiar libremente información globalmente, de forma individual y colectiva, a través de dispositivos electrónicos enlazados en red y que están potencialmente al alcance de todos. internet Favorecerlo es ir en la dirección natural de progreso que nuestra especie ha seguido para llegar a nuestros días, no sin tropiezos. Ir en contra, o ser indiferente a ese proceso, equivale a emular las fuerzas de la historia que vieron peligros y actuaron contra la imprenta, los libros, el teléfono, la radio, la televisión. No acercarse a internet en el siglo XXI es alejarse hacia atrás, aproximarse a nuestros ancestros homínidos. Eso hicieron algunas fuerzas en la historia cuando sometieron a civilizaciones completas al atraso declarando libros y mensajes heréticos. En el Chile de Pinochet y la España de Franco se quemaron libros. Obstaculizar internet es absolutamente equivalente. Consecuentemente, nuestra Revolución ha declarado explicitamente que favorece y trabaja por el acceso irrestricto a internet de todos los ciudadanos, que es lo verdaderamente humano y también revolucionario.

Por supuesto que cualquier proceso de intercambio de información, sea por internet, o por teléfono, o a viva voz, puede emplearse para el bien y también para el mal por cualquier persona o sociedad. Lo daños del mal se minimizan al neutralizarlos con herramientas adecuadas y específicas, nunca eliminando o dificultando el medio de intercambio de información, sea internet, o el teléfono o nuestra capacidad de expresarnos oralmente.

La información pública que generamos por cualquier medio es aquella que puede ser accedida por personas ajenas sin nuestra autorización explícita y la privada es la que solo deseamos intercambiar con los interlocutores especialmente designados. La condición de hacerse pública está implícita en el medio que escogemos para trasmitirla. Los ejemplos de una tarjeta postal abierta, o de una conversación en voz alta en una guagua o un tren, son paradigmáticos. En esos ejemplos estamos dando un libre acceso implícito a todo el que quiera acceder, leyendo u oyendo, aunque no intervenga. Este es también el caso de los mensajes trasmitidos por internet mediante medios no codificados o encriptados. La inmensa mayoría de los correos electrónicos se convierten en información pública implícitamente, porque al no estar codificados son de libre acceso para cualquier registro en las computadoras nodales por las que transitan en la red de redes. Y estos nodos suelen ser muchos y en lugares insospechados por los usuarios. Sus textos pueden ser entendidos por cualquier operador que domine el idioma humano en el que se hayan escrito.

Sin embargo, una carta se convierte en privada sellándola. Solo la deben ver los destinatarios que la pueden abrir. Los correos electrónicos se pueden hacer privados, personales, con alguna codificación o encriptamiento. Si los que intercambian mensajes electrónicos acuerdan algún código específico y limitado, entonces la intervención de esa información equivale a abrir una carta cerrada, o a poner un micrófono en una habitación donde no sea advertido explícitamente. En la mayoría de los países del mundo existen leyes de excepción que permiten que esto se realice para fines justificados en bien de toda la sociedad, y es punible violarlas. Nadie puede abrogarse individualmente la capacidad de acceder a información privada sin el amparo de una ley específica.

Acceder a un sitio o “página web” es copiar en nuestro dispositivo de acceso personal (un teléfono inteligente, una computadora) alguna información que una cierta computadora hace disponible a todos en algún lugar de la gran red. Hay sitios e informaciones seguros y no seguros. Hay supervisión mayor o menor por parte de terceros. Hace un tiempo, los buscadores de información más usados de internet codificaron las búsquedas con un cierto nivel de seguridad para que los usuarios no se inhibieran de hacerlas pensando que alguien se estaba enterando de lo que les interesaba. Siempre que la búsqueda se hace bajo un comando “http://” es de libre acceso, como si fuera una tarjeta postal. Siempre que se haga con el comando “https://” hay un nivel de encriptación y por lo tanto mayor nivel de privacidad en la búsqueda, como si fuera una carta cerrada y lacrada. Nada es inviolable, pero los límites se hacen exclusivos.

Existen niveles tan elevados de encriptación y seguridad que hoy en día se hacen millones de transacciones económicas diarias en internet sin pérdidas, con toda confiabilidad. El comercio electrónico se cobra y paga por internet. Los bancos más importantes permiten prácticamente cualquier tipo de transacciones por esa vía.

La principal tarea de la seguridad informática en todo el mundo, y por supuesto que también en Cuba, es protegernos a todos y cada uno de los usuarios y a la sociedad entera contra intrusiones no autorizadas, contra violaciones de la privacidad. La seguridad informática nos ayuda para que podamos usar internet para todo, con nuestros derechos e individualidad garantizados, sin temor. Pero eso no suple una cultura mínima ciudadana que debemos propulsar en estos momentos acerca de que es y que no es conveniente para nosotros en esta ya no tan novedosa, pero siempre progresista internet.

Por: Luis A. Montero Cabrera

Tomado de: www.cubadebate.cu

Ver además

La entrevista, posible puente roto

Reseña de un libro de Waldo Leyva