La paz dentro de todos los cohetes

crisis-octubreEl mundo caminó por una cuerda floja con zapatos de filo. La Crisis de Octubre o de los Misiles fue la confortación sucedida entre Cuba y Estados Unidos (durante el período de Guerra Fría) que engrosó la lista de hostilidades entre ambos países. Aunque no se produjo ningún enfrentamiento directo, ni las armas nucleares fueron empleadas a gran escala, esta se define como uno de los incidentes más dramáticos entre estos estados. La marea de tergiversaciones en torno a lo que realmente sucedió o no, flamea aún en los entornos políticos.

La Crisis de Octubre debe valorarse a la vez por la monta de acontecimientos que llevaron a ella y no sólo por la crisis en sí. Conocida era ya la política diseñada por Eisenhower en cuanto al tema cubano, cuyo objetivo radicaba, por supuesto, en derrocar a la Revolución del ’59 (“si no evitamos que tomaran el poder, podemos evitar que lo consoliden y finalmente derrocarlos”, advirtió). Todo ello hizo melladuras en la situación de la Isla durante el año 1962, obligando al país a buscar alternativas para defender las conquistas recién adquiridas.

La máxima dirección revolucionaria acepta la instalación de misiles en el territorio, dada las continuas agresiones estadounidenses y a partir del apoyo internacionalista y amistad probada con la URSS.

Pero la realidad se reflejaba de otra manera: los cohetes en superficie cubana no significaban otra cosa que un factor convincente y defensivo contra las intenciones norteñas de invadir a Cuba.

El contexto anterior a la Crisis terminó de acentuarse luego de la derrota del gobierno estadounidense con Kennedy a la cabeza, en Girón. El nuevo sistema de medidas que se diseñan contra Cuba, las acciones agresivas y los peligros expresos de otra posible invasión a mayor escala, también forman parte de la trama anterior. La fecha de ese potencial ataque, coincidía con los días finales del mes de octubre de 1962.

El día 22 del propio mes y año, Kennedy revela que sus aviones espías detectaron los cohetes instalados en Cuba por la Unión Soviética; y demanda de inmediato su retiro bajo inspección internacional. El Comandante en Jefe, Fidel Castro, rechaza dicha inspección y ordena, a todo el pueblo, una alarma combativa. Al día siguiente el presidente estadounidense decreta un bloqueo naval y orienta a todas sus fuerzas armadas mantenerse en alerta permanente. Ya para el 24 de octubre, Kennedy autoriza a sus aviones a planear a baja altura sobre suelo cubano y toma fotografías del territorio nacional. Quince vuelos se habían efectuado llegado el día 25.

Sin olvidar la esencia del proceso revolucionario, Fidel le comunica a Nikita Jruschov que Cuba resistiría firme y en pie de guerra cualquier percance. Por otra parte, U Thant (secretario general de la ONU) notifica sobre una conciliación tripartita a celebrarse el 26 de octubre. Pero un error estratégico de la alta dirección soviética, decide dejar a Cuba al margen del núcleo de negociaciones, y en privado con la administración norteña, resuelve retirar los cohetes del territorio cubano si Kennedy accedía a levantar el bloqueo y no invadir la Isla; aunque permitían la inspección. El día 28 se ponen finalmente de acuerdo, aceptan términos, y sólo después Jruschov informa a Fidel, quien se mantenía ajeno a los diálogos efectuados.

Estridente y aguda se alza la voz de nuestro Comandante, quien se niega a aceptar la inspección, y lanza una plataforma de los cinco puntos conocidos para garantizar la paz:

Un año después, durante una visita de Fidel Castro a Moscú, enuncia ante Nikita y demás presentes: “No puedo dejar de expresar mi desacuerdo con la forma en que fueron sacados los cohetes soviéticos de Cuba. No se nos consultó y se tomaron acuerdos a nuestras espaldas, después de haber sido nuestra tierra el potencial escenario de una guerra nuclear (…) Lo que se logró fue una paz precaria, pues no existe un verdadero compromiso. Si nos hubieran consultado se habría logrado mucho más. Habríamos obtenido una paz verdadera y otros objetivos”.

Lo cierto, la situación se hizo extremadamente tensa, suerte que el hilo no sucumbió en su estiramiento. Pero se pudo escuchar, por aquellos días espinosos de octubre del ’62, además de la indignación de cada cubano, una frase tarareada de boca en boca y que ayudó quizás, con ese humor agudo, a seguir adelante: “Nikita, Nikita, lo que se da no se quita”.

Por Melissa Cordero Novo