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Fundadores del diario. Foto: Yoandry Avila

En un sencillo acto, efectuado en el salón donde ayer estuvieron las cajas y linotipos, la dirección del periódico Granma rindió homenaje a los fundadores y a ex directores de ese órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en ocasión del medio siglo de fundado.
Los fundadores y los ex directores –Enrique Román, Frank Agüero, Jacinto Granda y Lázaro Barredo—recibieron la medalla conmemorativa por el aniversario del periódico, en cuya inscripción se lee Granma 50 años. Junto al pueblo y por la Revolución. También se entregó la medalla a Jorge Enrique Mendoza, ya fallecido, la cual recibió su hija Niurka Mendoza.

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Reconocimiendo de la Upec al órgano oficial del PCC. Foto: Yoandry Avila

Aixa Hevia, vicepresidenta primero de la Upec, entregó durante la actividad un cuadro del artista plástico Annelys Noriega, titulado El Héroe, sobre la figura de José Martí. Aixa, en breves palabras, reconoció los vínculos entre la Upec y Granma, y destacó que 17 de los periodistas de Granma se habían hecho acreedores del Premio Nacional de Periodismo José Martí por la otra de la vida, desde su institución en 1991 y otros muchos habían alcanzado el Premio anual Juan Gualberto Gómez.

Por los fundadores pronunció sentidas palabras Rolando Pérez Betancourt, quien recordó su última guardia en el periódico y el recorrido que hizo por algunos lugares del edificio que le hicieron recordar a los hombres y mujeres que allí trabajaron pos largos años, a todos –dijo—los guió una fidelidad y compromiso sin límites con la Revolución y con Fidel.

A nombre del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas en el periódico, la periodista Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli pronunció bellas y profundas palabras en un mensaje titulado A los fundadores de Granma, de los más jóvenes que, a continuación, ofrecemos de modo textual:

A los fundadores de Granma, de los más jóvenes

Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli

Pensar en la impronta de ese día —el del primer número—, obliga a destejer mucho simbolismo; a ponerse en la piel de un tiempo y de un montón de planas que, en formato de sábana, marcarían la luz pública de cuatro sucesos en nuestra historia contemporánea, acaecidos un 3 de octubre: el nombre actual del Partido, la presentación del Comité Central, la fundación de Granma y la carta de despedida del Che.

Pero más allá de los acontecimientos en sí, el mayor desafío se dibujaba en los retos otros que imponía cada hecho. Eran tiempos que pedían lo mejor de las individualidades para un fruto colectivo y solo alcanzable, desde esa colectividad.

Al hojear 50 años en las venas de un periódico con la responsabilidad de reflejar a un país en la dinámica de sus principales procesos, cualquier adjetivo suena redundante fuera de los propios testimonios de quienes vieron nacer el Granma que hoy conocemos, ya fuera desde el apoyo en el archivo, en el taller, el parto de las primeras líneas, los últimos detalles para su circulación… y así en cada una de las áreas que hicieron posible entonces —y continúan haciéndolo ahora— levantar un puente de información y conocimiento hacia los lectores.

Incluso la firma ausente en uno de los trabajos de portada, por la modestia de quien escribía, captó al instante que ese sería un día para la historia. Mucho ha llovido desde entonces, mucho se ha complejizado la realidad —y con ella nosotros—, pero los principios fundacionales de este diario permanecen inamovibles, como símbolo de una concepción, de un proyecto social. Así, hijo de Revolución y de Hoy, Granma nació para salvaguardar y defender el hoy de nuestra Revolución.

Y hacerlo desde la responsabilidad de ser el órgano oficial del Comité Central, en la apología de un mejor ejercicio de la profesión. Ya lo dijo García Márquez: “El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”, para evitar —como él mismo pidió— que “las salas de redacción” se convirtieran en “laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”.

Ese era el mismo García Márquez que varias veces le pidió a Fidel dirigir Granma. Es también la visión compartida de hacer del periodismo un medio para la verdad y no para el sensacionalismo; una vía para servir al pueblo y no a los intereses de una minoría. Quizá por el mismo orgullo que llevó a Guillén a decir que, ante todo, era periodista y escritor, después.

Para los más jóvenes, hablar de la generación de grandes plumas, de los más experimentados, de los timoneles primeros, en fin, de los fundadores, no puede hacerse sino desde el más sentido reconocimiento y desde el más sincero compromiso para con ustedes y con nosotros mismos, de continuar con esa obra y de no dejar morir nunca el ejemplo.

Imaginar este día es como vivir una Olimpiada, pero no portando la antorcha de glorias pasadas a nuevas, sino para llevar la antorcha del buen hacer de las manos de unos y otros, caminando juntos.

Esa es, pues, nuestra mayor bandera ahora: la de contar por siempre con los fundadores para que este “Yate” desafíe los temporales por venir. Y es que de no estar ustedes, no solo sería enorme el bosque, sino que el horizonte después de él, no sería posible. Porque lo hermoso de la vida no está en las cosas que hacen los hombres, sino en los hombres que —como ustedes— hacen grandes cosas.

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