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periodista Joaquín Ortega Izquierdo
ENTREVISTA OTRAS NOTICIAS

Víctor Joaquín Ortega y la traición más leal

Como la de todo periodista de ley, la vida de Víctor Joaquín Ortega Izquierdo da para una película. Sus hechos personales y sus textos están inspirados no solo por héroes reales y otras grandes figuras de la nación, sino por el abono patriótico que implica el contacto perenne con infinidad de cubanos anónimos, diálogo incesante, más encomiable en él porque nació, el 9 de junio de 1942, en una de esas cunas doradas que tanto ayudó tanto a abolir.

Pichón de burgués de origen, pero rebelde a ello desde la misma adolescencia, a la hora del vuelo —la de las definiciones— prefirió la ruta riesgosa de la Revolución, a menudo contra el viento, y perdió a gusto la comodidad indigna asegurada por los dioses de la injusticia para escoger vivir en la honradez del trabajo… periodístico.

Cuando cumple 80 años de vida y 59 de entrega al gremio, Cubaperiodistas le buscó en su casa para entrevistarlo y no se sorprendió, para nada, de que el colega —célebre, donde los haya, por su boca dura— le esperara, literalmente, a «camisa quitada», ni de que el lejano «muchacho de bien» del capitalismo viviera, en San Miguel del Padrón, en una zona llamada Barrio… Obrero.

«Primero revolucionario, después periodista», dice en algún momento el maestro, y el recién llegado, que cree sujetarlo en el corsé del cuestionario de la entrevista, comienza el largo resumen de su obra y sus criterios, no sea que Víctor Joaquín se suelte «las amarras» y tome, con sus propias preguntas, el mando en la charla.

En una plenaria sindical. Foto: Cortesía del entrevistado.

Cubaperiodistas (Cp): Repasemos un poco: revista Mella, Juventud Rebelde, Sierra Maestra, Somos Jóvenes, Alma Mater, Tribuna, El Habanero, La Calle… celebrando ocho décadas y al cabo de 59 años de carrera, ¿dónde ubicaría su principal «campamento» periodístico? ¿Adónde pertenece más?

Víctor Joaquín Ortega (V.J.O): —Yo te diría a que Mella y Juventud Rebelde. Tuve la dicha de hallar ahí muy buenos dirigentes, jóvenes ejemplares, muy puros, que vivían para la Revolución y llevaron el periodismo a hacer socialismo. Hacía falta nuevos periodistas y había una lucha ideológica terrible; por ejemplo, entre los que apoyamos a Fidel y los que estaban en contra de la línea de Fidel y el Che.

«¿Qué me ayudó a mí, que tenía menos experiencia, pero con más corazón? ¿Qué me guio? Fidel. Entre Fidel y otra gente me quedo con Fidel, que es quien me ha enseñado lo que es la Revolución, el cristianismo… por ahí empieza, que no lo he olvidado. El cristianismo se puede llevar a cabo con gente como Fidel y el Che.

«En la revista Mella encontré compañeros extraordinarios que después fueron dirigentes de la prensa, Guillermo Cabrera, Rostgaard, premio de diseño, Nuez, Ernesto Fernández —premio también como fotógrafo, olvidado, pero tremendo fotógrafo en Girón, a la altura de los primeros—, Frank Agüero, Peroga, un loco muy creador y muy revolucionario, Víctor Casaus. Estaban Virgilio, Marcos Behemaras… ¡fíjate los que había! Y yo llego con 20 años».

«Yo era un dirigente profesional de base, en Centro Habana, de la Asociación de Jóvenes Rebeldes —después, Unión de Jóvenes Comunistas—, me piden que vaya para relaciones exteriores, pero dije que prefería escribir. Entonces encontré a toda esa gente. Tuve una jefa de redacción, Esther Ayala, que me hizo hacer el primer trabajo, ¡diecisiete veces!; era dura conmigo, pero eso me ayudó mucho».

Cp: Es evidente, en su recorrido editorial, la preeminencia de la palabra escrita. ¿Qué ve en este tipo periodismo que está cada vez más rodeado de tecnología y formatos modernos muy populares? ¿Cuánto poder tiene todavía el periodista escritor?

V.J.O: —Chico, la palabra es lo más importante. ¿Qué dice Martí? Que la palabra es jinete del pensamiento. Entiendes a las personas y aprecias su cultura por cómo hablan. Eso es divino, porque a veces un campesino que no ha estudiado aporta una imagen que nadie tiene.

«Los nazis podían tener grandes pianistas, grandes bailarines, amaban la pintura, ¡pero quemaban los libros! La palabra define, crea, forma, y una de las cosas que hace daño a estas nuevas generaciones es que no leen, y la televisión, que vale la pena, es una gran cosa, pero se queda en muy poquito lo que te dice.

«El Che decía que uno de los errores del periodismo socialista es que es divulgación, un canto a un sistema que no está logrado, y llamaba a un análisis que pusiera las cosas en su lugar, lo bueno y lo malo, con sus contradicciones. En eso, la palabra es fundamental. Yo lo encontré trabajando en Juventud Rebelde, que, sin ser ciego, es para mí el mejor periódico de la Revolución Cubana, cuando no se convierte —o no lo convierten— en viejito pacífico».

En el Séptimo Congreso de la Upec. Foto: Félix Arencibia.

Cp: Usted tiene 17 libros publicados. ¿Por qué un periodista que escribe todos los días siente un día la necesidad de escribir libros?

V.J.O.: —Te voy a decir por qué: porque yo nunca pensé al inicio ser periodista sino ser escritor, comunicar. Desde muchacho yo quería el deporte y la comunicación. Te vas a reír: de niño me encantó, fíjate tú, la voz de Lázaro Peña. Lo escuchaba por radio y trataba de imitarlo, con esa voz ronca y esas cosas que decía. Me cayó bien aquel hombre y lo oía encantado; yo quería ser un comunicador y practicaba desde muchacho.

«Empecé a leer mucho. Con cuatro años aprendí a leer y a escribir; el divorcio de mis padres me hizo mucho bien después de hacerme mucho mal, porque mi mamá se dedicó a enseñarme. Mi mamá me empezó a enseñar a tocar piano, me enseño la mandolina, a cantar, porque en mi casa eran gente de cultura, pero no serví para eso; además, era una etapa machista y mi padre llegó un día y casi me rompe la mandolina. “¡No, tú lo que tienes es que fajarte!”, me dio una galleta y me metió en judo y esas cosas que en el barrio de Cayo Hueso tuve que practicar bastante.

«Yo llego al periodismo por la literatura. Cuando en la Crisis de Octubre me mandaron como político de un batallón de hombres de 40 y 50 años terminé escribiendo el libro “Crónica por una Crisis”, que muchos años después ganó Premio 13 de Marzo. Por eso entré en la Mella; en el fondo, lo que quería era escribir literatura, y comunicar. Yo soy un político que escribe, la gente le tiene miedo a eso. Lo que hizo Jesucristo, lo que hizo Martí, ¿qué es si no política? Crear un partido, organizar clubes, convencer gente, fundar Patria… todo era lucha político-ideológica. La conciencia hay que desarrollarla; si la pierdes lo pierdes todo».

Cp: Seguimos con el periodismo, la literatura y la creación. ¿No le parece que está como perdida —incluso al interior de nuestras filas escasea esa conciencia— la condición de intelectual del periodista? Mucha gente cree que trabajamos con otra cosa, no con el intelecto.

V.J.O: —Tienes toda la razón. Yo no soy un materialista vulgar, pero cómo es posible que los salarios de los periodistas, los intelectuales más fieles a la Revolución, sean tan bajos. Nosotros somos los que nos fajamos cotidianamente. Yo pienso que el periodismo tiene que informar, pero ante todo tiene que forjar.

«He leído mucho a Martí y a Marx, he sentado muchas nalgas leyendo después de hacer deporte. Dormía cuatro y cinco horas, por eso me desarrollé cuando no había internet ni nada de eso. Solo leyendo mucho. ¿Qué dice Martí de París? Vio también sus partes feas, los bajos fondos; otros van y solo se deslumbran con su belleza.

Víctor Joaquín y sus padres. Foto: Cortesía del entrevistado.

Cp: Se ven coberturas, hechas por periodistas, donde, mencionando a la gente, dicen: “Los periodistas y los intelectuales”

V.J.O.: —¡Exacto! ¿Y qué somos nosotros? Bueno, pero tampoco a los dirigentes los catalogan intelectuales. Fidel… ¡qué clase de intelectual! ¡Raúl…!, cualquiera de ellos fue un intelectual: Mella y Pablo de la Torriente son grandes intelectuales.

«Cuando comencé sí fui un bicho, es la palabra. Dije “quiero escribir” y, claro, por mi físico de judoca me pusieron de jefe de la página de deportes en la revista Mella. No había escrito nada en mi vida y así comencé, ya te conté lo de las 17 veces que reescribí un trabajo, pero cuando tuve más fuerzas probé las armas en un campo de batalla: el periodismo».

Cp: Todos sabemos la mitología y las supersticiones que hay en Cuba con los viajes. Usted que ha estado en varios países, ¿cuánto intangible puede traer un periodista, junto a la carga mundana del pasajero común? ¿Cuánto se enriqueció Víctor Joaquín Ortega en otros contextos?

V.J.O.: —Extraordinariamente. Mira, primero, fue fundamental en mi vida fue que me mandaran a Vietnam siendo yo un hombre de deportes. El deporte para mí es algo importantísimo, trascendental, pero como forjador, desde la cultura física, lo competitivo. Amo a los atletas, pero profundizo, busco qué hay dentro. Hace poco le dije a Luis Raúl Vázquez, el periodista de Juventud Rebelde que está haciendo un doctorado, que la cinematografía tiene gran peso en lo que escribo. Es el peso de haber leído a grandes escritores.

«Soy atrevido al decirlo: para mí, Bertolt Brecht es el artículo y el comentario, que rompe con la trama, mientras Stanislavski es el sentimiento, es decir, meterte en el personaje. He usado las dos cosas: aquello es el comentario o el artículo, lo de Bertolt Brecht, y lo de Stanislavski, la crónica. ¿Dónde me siento mejor? En la crónica, que consiste en tocar al sentimiento para llevarte a la razón; por el contrario, el artículo y el comentario es tocar la razón para llevarte al sentimiento.

«Hay una cosa en el mal periodismo: “Fulano es un gran hombre”. ¡No, pruébamelo, yo no lo conozco, muéstramelo! Pablo no dice de Roa: “Es un gran hombre”; dice: “Es un hombre”. No hay que decir más. La gente está equivocada: porque tú tengas nuevas tecnologías no eres periodista; lo que tienes son cosas que te ayudan. Cervantes hubiera hecho El Quijote, por su talento, en cualquier papel».

Reencuentro con su nana. Foto: Cortesía del entrevistado.

Cp: Hablemos de tecnología. En estos días de internet y de fuentes cada vez más pasivas y difusas, ¿no cree que le hace falta a nuestra prensa un poco más de contacto, incluso al interior de nuestro propio país? A veces parece, entre tanto cable, que Google va más a los bateyes que nosotros mismos.

V.J.O.: —Es así. Hay que vivir. Hemingway decía: “Yo no soy capaz de escribir de lo que no he vivido”. Así pudo contarnos sobre la Segunda Guerra Mundial, España… ¿cómo yo voy a escribir de Vietnam con esa frialdad? Tienes que tocar la idiosincrasia.

«¿Qué ocurre?, que mucha gente va los lugares sin estudiar; llegan y no van a la esencia, no caminan; van a las reuniones, los actos, no a la gente. Aquí yo voy a la cola, a ver qué dice la gente. Hay que vivir en la primera línea, y no de privilegiado; yo vengo de la burguesía, pero me llevé recio a mí mismo y fue lo mejor que hice porque me hizo ser humano, me dio ternura, me dio combatividad, conocí a la gente… eso me lo facilitó el periodismo».

Cp: Habla de Mella, del Che, del sacrificio, y afirma no solo que esos no eran hombres «normales», sino que usted tampoco lo es. ¿Vindica acaso la anormalidad?

V.J.O.: —Sí, yo soy anormal. Soñar no es malo; yo soy anormal: entre mi familia y la lucha pongo primero la lucha. Que me perdonen, no quiere decir que no los quiero, pero yo no puedo darle la razón a un familiar mío que se fue ni lo puedo querer igual que al que está al lado mío; ese es más mío porque tiene un fusil a mi lado.

«Si hay dos personas que discuten, le doy la razón al que la tenga, no al dirigente ni al familiar mío. Me dirán anormal, me lo han dicho muchas veces. Un colega me dijo una vez: “Chico, tú eres un gran periodista” —y yo, “No, solo me defiendo”—, antes de agregar “Pero tienes un defecto: todo lo ves con los ojos de Fidel”. Entonces le respondí: “Lo malo es que tú lo ves con los ojos de Obama, que quiere tumbarnos».

En los juegos centroamericanos de Panamá, 1970. Foto: Cortesía del entrevistado.

Cp: Víctor Joaquín, cualquiera acostumbrado a la monogamia de los currículos se puede preguntar qué tienen que ver, en el suyo, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Internacional Abelardo Raidi, a la obra de la vida por el periodismo deportivo.

V.J.O.: —Y la Orden al Mérito Deportivo. Es muy interesante. Así dijeron algunos cuando me dieron la Distinción por la Cultura Nacional; te parecerá mentira cómo en este sector hay envidia intelectual, esa bobería. Una muchacha de Radio Reloj que me tiene mucho afecto escuchó a una persona decir: “Pero si ese lo que es atleta, escribe de deportes”.

«Primero, tú tienes un auditorio que sabe, es fanático y es crítico; segundo, el deporte es cultura. Hay un error gravísimo en decir “página de cultura”; no, es página artística, porque el deporte es también cultura… física. En la universidad yo fui profesor de Historia de la Cultura Física ¿y qué veía ahí? Mucha gente separa la política, muchos profesores no se meten en eso, te hablan maravillas de los griegos y de los romanos, es verdad que crearon mucho y marcaron un paso de avance en la sociedad, pero no explican que lo hicieron a costa de una sociedad más injusta.

«Te contaba que en la ceremonia de la Distinción por la Cultura Nacional alguien dijo eso, pero no sabía que yo había estado bajo las bombas de Vietnam, que tengo libros de literatura, que he ganado premios de poesía. ¿Por qué voy a negar que me gusta el deporte? El deporte me desarrolló como persona, como revolucionario; grandes personalidades fueron deportistas: Mella, Pablo de la Torriente, Jorge Agostini, Rodolfo de Armas… yo he hecho libros sobre el tema. El deporte forja y forma parte de la cultura».

Cp: Hablemos sobre el relevo en el gremio desde un diagnóstico difícil: ¿qué tendríamos que hacer para fomentar en las redacciones tanto la permanencia como la audacia creativa y revolucionaria de los jóvenes periodistas?

V.J.O.: —Primero, no perseguir la audacia. Déjenlos que se equivoquen; más se equivocaban otros. ¿Se dio la zafra de los diez millones? No, ¿y quién pagó? ¿Se dio el café, se dio la cuenca lechera? No se dieron, por lo que sea. Es más, nadie sabe construir el socialismo, lo dijo Fidel. Pienso como el Che, que hay que ir a los centros de trabajo y en seguida darse cuenta del joven guataca, que dice que sí a todo, y del otro, que tiene talento y lucha: a ese es al que hay que escoger para que dirija.

«Sobre la prensa… no hay quien se dispare mucho los periódicos, las publicaciones que hacemos, porque son teques, cuentos. No se puede defender la Revolución a partir de lemas, sin profundizar. Tú dices: “¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”, sí, pero di de Girón, qué se hizo, di quién es Mella, quién es Pablo, quién es Maceo. Muestra las contradicciones: Maceo y Martí, Céspedes y Agramonte… tienes que dar esas contradicciones, profundizar, decir la verdad».

Cp: Siempre se le escucha hablar de Céspedes, Guiteras y Pablo de la Torriente. Pensando en los jóvenes periodistas, ¿qué cualidades de esos tres grandes héroes habría que inculcarles o cultivar en ellos?

V.J.O.: —Primero, hay que saber llegarles. Tenemos jóvenes muy buenos y jóvenes que, por culpa de un mal trabajo político-ideológico, no son buenos; los hemos perdido, y no sólo en lo material. Además, debemos mejorar la economía. El Che decía que sería idealismo pedirle a la gente cuando no tiene nada que meter dentro de la mandíbula.

«Tampoco los estímulos materiales pueden ser lo único que camine porque lo perdemos todo. Fidel habló de eso, cuando dijo: “Si todo lo dejamos al estímulo material, la gente será como un oso de circo”, que hace las cosas por las golosinas.

«Yo entré temprano en la Revolución. Fidel y el Che me ganaron, porque eran los que tenían esa visión; ahora, esos tres hombres por los que preguntas enseñan de amor a la verdad, de persistencia y voluntad. Históricamente no han faltado injusticias al valorarlos; yo los defiendo.

«¡Sufrieron tanto! Tú sabes cómo muere Céspedes, abandonado, cómo a Guiteras lo traicionan y muere abandonado, cómo peleó Pablo, que había dicho: “cambio mi palabra por las balas”. Lo primero que buscaron Fidel y el Che fue a Guiteras y coincidieron: “Quería hacer lo mismo que nosotros, con nuestros mismos métodos”.

«A los jóvenes hay que enseñarles la historia como una aventura. Silvio Rodríguez ha contado cómo lo forjó la alfabetización. Él dice que al joven tú le das las tareas como aventura y te lo ganas. Enamóralo, convéncelo como Martí convenció hasta al que lo envenenó y lo hizo mambí.

«En clase le escribí, a una joven que dudaba, un poema como si yo fuera un mártir del Moncada. Terminaba así: “No me mates de nuevo, déjame seguir combatiendo”. La muchacha acabó llorando».

Cp: Se trabaja en el perfeccionamiento del modelo de gestión de la prensa, en lo económico y en lo editorial. En su opinión, ¿qué es lo que hay que salvar de una prensa clásica, anterior, para que seamos mejores, al margen del sistema organizativo que se adopte?

V.J.O: —Mira, hay que leer a Julito García Luis, que es lo que tú dices: ¡tremendo intelectual! Nicolás Guillén es intelectual, pues Julito también, tan alto como Guillén, porque es el que mejor ha escrito sobre la prensa en el socialismo de Cuba. Cada cual en su campo: Alicia Alonso baila, pero Julito escribe cómo debe ser la prensa.

«Todo es continuidad y ruptura. Hay que leer, porque estamos haciendo una prensa que se parece mucho a la prensa mala —según el Che— de los soviéticos. El Che parece subversivo, pero llega a afirmar que “el Partido pensó por ti”, y no hay quien se dispare ese mal trabajo.

«Hay que convencer, hay que mantener los principios. Cuando Fidel dice: “Cambiar todo lo que debe ser cambiado, sentido del momento histórico, solidaridad, internacionalismo, tratar a los seres humanos como deben ser tratados…” menciona principios que no pueden cambiar (tampoco en la prensa); ahora, es verdad que ya no se puede escribir, ni radiar, ni televisar, como antes. Tenemos que meternos en las redes sociales, ¿qué miedo vas a tener de escribir allí? Vamos a hacerlo; eso sí, no trates de ganar con teques.

«Yo aprendí dos cosas con Armando Hart, quien decía: “Si el imperialismo nos ataca con bombas, aviones y metralla, le respondemos con las armas, pero si nos ataca con ballet, canciones, películas… hay que hacerlas mejores, hay que contestarles con otras más bellas”. El socialismo debe tener más belleza. Lo otro que Hart preguntaba era qué hombre tendríamos cuando acabara el período especial y se arreglara la economía. El periodismo tiene que decir verdades sin ser bobo, no puede sobredimensionar los errores, pero tiene que publicarlos».

Cp: Son 80 años de vida y 59 de obra periodística. En respeto a eso, no voy a hacerle la pregunta tonta de «si volviera a nacer…». Usted —se lo confirmo— no renacerá. ¿Hasta qué punto Víctor Joaquín Ortega necesitaría más tiempo para hacer el periodismo que ama?

V.J.O.: —Me pueden decir autosuficiente, pero yo soy feliz con mi vida. He cumplido con ella, con mis mártires y héroes, a quienes amo con los hechos, he cumplido con Fidel, que siempre ha sido mi luz y guía, sin verlo perfecto. Nunca me dio nada ni me dijo: “Ven a mi lado”, pero yo siempre estuve al lado de él. Hay quien estuvo al lado y ha traicionado, yo no. Yo estaba ahí porque sé quién es Fidel. Él me hizo persona.

«La gente dice: “Fidel me hizo persona porque yo era un negro de solar”. A mí no, yo era un blanco burgués que hubiera sido un mierda, que hubiera repudiado la rumba creyendo que es cosa de gente baja; no me hubiera interesado a lo mejor leer a nadie, no hubiera amado mi patria; mediría todas las cosas por dinero. Yo no: entre mi padre que se fue, que era burgués, y la Revolución, me quedé con la Revolución, fui fiel a mi pueblo y desleal con mi clase. Entonces, estoy contento con mi vida».

Enrique Milanés León
Enrique Milanés León
Forma partede la redacción de Cubaperiodistas. Recibió el Premio Patria en reconocimiento a sus virtudes y prestigio profesional otorgado por la Sociedad Cultural José Martí. También ha obtenido el Premio Juan Gualberto Gómez, de la UPEC, por la obra del año.

4 thoughts on “Víctor Joaquín Ortega y la traición más leal

  1. Es cierto que Víctor Joaquín ha sido siempre uno de los periodistas que más me inspira a amar esta profesión, desde que yo estaba aún en el preuniversitario. Pero este texto, mi hermano, es un “tronco” de entrevista, dicho en buen cubano. Te felicito, aunque tampoco me asombra de ti.

  2. Revolucionario, periodista y hermano de mil batallas. Siempre en el lado correcto de la vida. Aun conservo aquel primer reporte juvenil en la que describe un partido de baloncesto del Plan de becas, camino a los Primeros Juegos escolares, del cual publicó un enceste mío… hace casi seis décadas.
    FELICIDADES VICTOR JOAQUIN

  3. Soy su compañero dede Mella, cuando como casi todos en esa redacción creiamos que el socialismo estaba a punto de vencer al capitalismo, que era cuestión de pocos años….y de enriquecer nuestro periodismo con las virtudes revolucionairias del patriotismo y el internacionalismo. En Joaquín siiempre admiré la sinceridad y el talento literario, su impronta enérgica y radical al estilo de Mella y Rubén, Fidel y Che, a quienes adora. Lo felicito por llegar a la octava década de vida con iguales ímpetus políticos y una obra periodística y literaria que puede servir como´cátedra del profesonal que no renuncia a sus principios y se mantiene en la vanguardia de la buena literatura de combate.

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