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COLUMNISTAS

Títeres contra Venezuela, el otro videojuego

Seguramente sus abuelos dictadores preferían que la Casa Blanca los moviera con hilos, pero hay que modernizarse: ahora los presidentes de derecha latinoamericanos son más adictos a las órdenes con ropaje tecnológico, como las campañas de desinformación de cuello blanco, las cartas ocultas en el sistema democrático, el saqueo electrónico a las cuentas de enemigos y hasta los juegos virtuales en los que las vidas de millones pueden ser solo puntos a ganar.

Viendo el acoso actual a Venezuela no puede dejar de recordarse el “Mercenaries 2: World in flames”, videojuego lanzado en septiembre de 2008 por una división de la firma estadounidense Electronic Arts con esta perla de argumento:  “un tirano hambriento de poder usa el suministro petrolero de Venezuela y convierte al país en una zona de guerra”.

Ambientado en un país asolado, el engendro fue denunciado por los líderes de la nación suramericana como otro ensayo que tendía a preparar sicológicamente para el ataque verdadero; en cambio los yanquis, con esa generosidad tan suya para sacrificar vidas ajenas, lo encontraban divertido. “Toda la controversia en torno a esto es graciosa. Al final del día, tienes que recordar que es sólo un videojuego”, comentó entonces Jeff Brown, el portavoz de Electronic Arts.

La anécdota viene a cuento ahora que se destapó la colaboración del expresidente Mauricio Macri con el Gobierno de Estados Unidos en un plan —que nada tiene de juego— para invadir a Venezuela por los mismos días en que Argentina le dio sus “buenos aires” de reconocimiento al títere Juan Guaidó.

Con tal de herir a un hermano regional, Macri estuvo dispuesto a poner la vida de soldados argentinos a la orden y en las manos del mismo imperio que, en la guerra por Las Malvinas, respaldó a su socio británico contra los hijos de la tierra de José de San Martín.

El ataque llegaría desde corredores del Caribe, Colombia y Brasil, incluso se ensayó entre abril y julio de 2019 durante las maniobras Puma, ejercicio al mando de un insumergible general Juan Martín Paleo, actual jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas.

La autoproclamación de Guaidó en la vía pública como “presidente encargado” , el 5 de enero de 2019, pudiera archivarse como el chiste de una oposición bananera si no fuera porque el acto —a todas luces con guion extranjero— conllevaba el automático reconocimiento de las mismas potencias que, sin mucho rubor, han metido las manos en los bolsillos de la nación venezolana y multiplicado sus penas: 30 mil millones de dólares de activos robados… y contando.

Pero hay más: Elisa Trotta, la presunta embajadora de Guaidó en Argentina, reconoció comadreos con María Eugenia Vidal, gobernadora macrista de la provincia de Buenos Aires, y admitió el envío de 29 toneladas de alimentos y otros productos con destino al show político de 2019 en el tramo fronterizo de Cúcuta.

Desde 2018, cascos blancos argentinos fueron ubicados allí para crear centros de atención sanitaria donde atender a los venezolanos que huían de la “dictadura” de Maduro, nada menos que hacia… los brazos de Duque.

Un año antes, opositores de la renqueante Mesa de la Unidad Democrática habían entregado a la Cancillería argentina una carta en la que pedían a Macri maximizar los esfuerzos, “en los ámbitos multinacionales”, en contra de Venezuela. Parece que Don Mauricio es un hombre complaciente.

Con vecinos de derecha y países entregados, el país amazónico a veces repite la angustia de El Libertador, traicionado o abandonado por sus propios hermanos.

Tanto se calentó la zona en 2019 que Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, denunció en una entrevista el traslado de fuerzas estadounidenses de operaciones especiales a Puerto Rico y el aterrizaje de otras en Colombia. Ambas acciones indicaban que el Pentágono reforzaba sus tropas en la región con el objetivo de usarlas en una maniobra para sacar a Nicolás Maduro del poder.

Un amplio artículo de Alejandro Kirk en teleSur ha expuesto recientemente otros clones de Judas continentales en torno a Caracas. El analista refiere cómo, en “el escandaloso episodio de Cúcuta”, los presidentes de Colombia, Iván Duque; de Chile, Sebastián Piñera, y de Paraguay, Mario Abdó, se sentaron a la vera de Luis Almagro y Juan Guaidó para aplaudir en directo la caída de Maduro… lo cual nunca ocurrió.

Como suele pasar en esta época, el show, “producido” por “artistas” militares yanquis, compró actores y alquiló prensa. No conformes con ello, le agregaron a la puja el colombiano sello del falso positivo con el incendio de un camión de alimentos. Ni así lograron su meta: no hubo estampida de un lado ni invasión del otro.

La derecha tuvo que volver al modo sabotaje y en mayo de 2020 el pueblo bolivariano frustró en la orilla el plan de secuestro presidencial Gedeón. Las evidencias apuntaron a Duque, y Donald Trump, el instigador mayor, se defendió con su escudo de cinismo: “Si alguna vez hiciese algo con Venezuela no sería así. Sería muy diferente, una invasión”.

Resuta difícil creerle a quien ocupaba entonces el cargo de CEO de las invasiones. La ronda de títeres de la Casa Blanca sabe que tiene que girar como las animaciones de “Mercenaries 2: World in flames”, el videojuego de 2008 en el que mercenarios con acento inglés toman por la fuerza enclaves petroleros y afirman: “…les haremos pagar por nuestro petróleo. De hoy en adelante todo el mundo pagará”. Porque el petróleo venezolano es de ellos… o al menos eso creen.

Foto de portada: Tomada de tunefind.com

Enrique Milanés León
Enrique Milanés León
Forma partede la redacción de Cubaperiodistas. Recibió el Premio Patria en reconocimiento a sus virtudes y prestigio profesional otorgado por la Sociedad Cultural José Martí. También ha obtenido el Premio Juan Gualberto Gómez, de la UPEC, por la obra del año.

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