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Feminismo hereditario

Ellas son madre e hija. Ambas comparten entre tantas cosas una perspectiva feminista que pareciera formar parte de su ADN. Tienen, además, una manera similar de ver la vida a través del espectro del periodismo. Dixie Edith Trinquete y Ania Terrero trabajan juntas en la creación de la columna semanal Letras de Género, que publica Cubadebate, donde combinan su activismo con su profesión.

¿Cómo llegaron al periodismo de género?

AT: Yo me gradué hace tres años y desde ese momento he estado todo el tiempo en Cubadebate.  Allí he tratado de ir especializándome en temas de género.  Mi interés por ese tipo periodismo es debido a mi mamá, porque ella lo ha estudiado buena parte de su vida. Su trabajo, su proyección en general, es muy feminista y esa mirada la ha trasladado a todo lo que hace.  Otra de las razones fue el desarrollo de una mayor conciencia al respecto y eso me ha llevado a intentar hacer un poco de activismo a través de mi profesión.

Ania Terrero.

AT: Después de ser mamá de una niña, de una futura mujer, todo eso me preocupa el doble o el triple, porque ahora no estoy pensando solo en mí, también pienso en lo que le podría afectar a ella.

DET: La necesidad de hacer un buen periodismo me hizo comenzar a estudiar asuntos que, aunque no lo parezca, están presentes en él. Hice mi maestría en Estudios de Población y mi doctorado en Ciencias Demográficas. Cuando se empieza a trabajar con esas cuestiones se necesita conocer las teorías de género para entender a profundidad lo que se está escribiendo. La vida y el periodismo me obligaron a estudiar.

DET: Soy partidaria de que todo el periodismo tenga un enfoque de género. Sería una mejor alternativa a que exista un solo sector que hable del tema. Vivimos en una sociedad heredera del patriarcado, y todos los asuntos que le conciernen al periodismo pueden tener una mirada de género.

DET: Las teorías llegan a convertirse en parte de tu ADN y de la manera en que ves el mundo. Es muy difícil que eso no cambie tu comportamiento en el entorno laboral y familiar. Es complicado hacer periodismo sin ser sensible desde el activismo, porque es una forma de ver la vida más allá de una superación profesional.

AT: Esa es una de las razones para interesarnos en estos temas. He aprendido que ser feminista es mucho más que poner un hashtag o un cartel en las redes sociales, y que incluso desde los medios de prensa contribuyamos a reforzar algunos estereotipos. Un punto de partida importante es comenzar a desmontar toda esta violencia simbólica desde donde se valida.

DET: Yo no recuerdo cuál fue mi primera formación profesional específica de género, pero si tengo recuerdos de las conversaciones con Isabel Moya en eventos y coberturas. Fue una especie de aprendizaje informal que me ofreció muchas herramientas. Y, por supuesto, los años que trabajé en la Editorial de la Mujer como compañera suya me marcaron de una manera muy particular. También han sido referentes para mí personas que me las tropecé como fuentes de información.

Dixie Edith.

DET: Me siento muy feliz de ser parte del Servicio Especial de la Mujer de América Latina y el Caribe, un espacio de periodismo especializado con el que colaboro desde antes de graduarme. Gracias a esa red he compartido con muchas personas y el intercambio cotidiano del proceso editorial me ha permitido crecer mucho profesionalmente.

¿Cómo surgió la idea de crear la columna Letras de Género?

AT: A mi mamá le proponen hacer algunos trabajos para Cubadebate sobre género.  Yo me encontraba en licencia de maternidad, pero quería trabajar para aprovechar un poco más el tiempo.  En ese contexto surge esta idea de hacer una columna juntas. El trabajo puede ser exigente por su sistematicidad, pero el hacerlo juntas nos da una especie de respaldo. Una semana lo hace ella y la otra semana lo hago yo. Esto nos da tiempo para procesar bien los textos.

DET: La dinámica de trabajo es totalmente colaborativa. Nosotras definimos los temas en conjunto y organizamos juntas la estructura. Nos consultamos la menara en que lo vamos a redactar.  Tenemos siempre en cuenta no solo ser políticamente correctas desde los enfoques, sino escribir de una manera que la mayoría de las personas lo puedan entender.

Ania y Dixie.

AT: Mi mamá escribe más sobre demografía y estadística.  Yo escribo cosas más enfocadas en la juventud, como las redes sociales, series, películas, maternidad, educación de niños pequeños. Obviamente, la columna está muy marcada por nuestras propias experiencias. Parte de la riqueza que tiene el trabajo es que, además de ser dos mujeres feministas con perspectivas muy parecidas, estamos en dos momentos distintos en nuestras vidas, con referentes y opiniones diferentes sobre muchas cosas.

AT: Estamos intentando hacer un periodismo feminista que llegue a la gente. Una parte importante de escribir para sensibilizar es entender que no se resuelve nada publicando textos con cuartillas de relleno. Por eso siempre tratamos de hacernos oposición la una a la otra, para producir trabajos con los que los lectores se sientan identificados.

AT:  Hemos podido mantener la columna durante un año por la confianza que nos tenemos como madre e hija. Este fue mi primer desafío periodístico durante la maternidad y lo agradezco muchísimo. Es la manera de poner mis esfuerzos y los de muchas personas en pos de crear un país menos machista.

¿Cuáles son los principales estereotipos asociados a la maternidad?

AT: En cuanto a la maternidad, hay muchos estigmas que responden a la dinámica de un hombre proveedor y una mujer cuidadora.  A pesar de que las cubanas hayan conquistado muchísimos espacios de la vida pública, dentro del hogar, esos roles se siguen reproduciendo todo el tiempo. Por eso son las mujeres las principales encargadas del cuidado de los hijos, aunque creen vacunas, dirijan centrales o sean periodistas.

AT: Esos estigmas trascienden la casa. Por ejemplo, yo tengo una pareja que está completamente comprometido con el cuidado de nuestra hija y nos repartimos las tareas a partes iguales, pero nos siguen llegando esos prejuicios desde otros ambientes, como los vecinos y las personas que están a nuestro alrededor.

AT: A los hombres no los juzgan por trabajar, mientras que, si las mujeres intentamos llevar a la par una carrera y la maternidad, nos juzgan por exceso o por defecto. También critican a las que se quedan en la casa, diciendo: ¿Por qué no salen a trabajar? Son unas mantenidas.

Dixie es también madre de Amanda y Aníbal.

AT: Trabajar o quedarte en el hogar no te hace más o menos madre. La maternidad es un trabajo a tiempo completo y eso es algo que hay que visibilizar, aún más en estos tiempos de pandemia.  Muchas mujeres están en casa al cuidado de los hijos, llevando a la par cargas laborales, de crianza, cuidado y hasta de educación. Son dos trabajos agotadores y eso no se muestra lo suficiente.

AT: Existe una idea generalizada de la madre todopoderosa e instintiva, de que la responsabilidad maternal viene incluida en el parto. Sin embargo, lo más natural al tener a un bebé es no saber muchas cosas e irlas aprendiendo por el camino. Pero la sociedad nos dice que hay que saberlo todo. Muchas veces terminamos sintiéndonos culpables o frustradas cuando no sabemos qué hacer frente a la primera enfermedad del bebé o como bañarlo adecuadamente.

AT: Hay un montón de estereotipos relacionados con la crianza por los que somos juzgadas incluso por otras madres. El machismo no es una guerra de hombres contra mujeres, es una guerra de una sociedad marcada por normas que terminan subordinando a la mujer a roles domésticos que nos limitan. Cuando se es madre esto se intensifica

AT: La manera de enfrentarse a eso es naturalizar todo tipo de maternidades y entender que una no es mejor o quiere más a sus hijos que otra porque decida trabajar o no. También es necesario ponderar el hecho de que un hijo es una responsabilidad compartida de dos personas.

AT: Es sumamente importante reflejar una maternidad alejada de los mitos y los libros de cuentos. Mostrar esencialmente que ser madre no es algo instintivo, que es un proceso donde se aprende de los errores, pues las madres no son perfectas. Yo siempre digo que es la cosa más bonita que te va a pasar en la vida, pero es también la más difícil.

¿Qué se ha hecho y qué falta por hacer?

DET: Desde el 59 se comenzaron a generar políticas públicas que han ido tratando de desmontar estructuras patriarcales. Se les ofreció a las mujeres la posibilidad de incorporarse a los entornos laborales y a la vida pública.  También han sido logros esenciales el acceso libre y gratuito al aborto, la posibilidad de ir construyendo leyes que tiendan a la igualdad, el reconocimiento de la maternidad y la paternidad para las licencias laborales, así como la anticoncepción.

AT: La aprobación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, construye un paso de avance, pues permite generar estrategias que piensen en esto como un problema transversal. Es muy positivo que en la prensa se escriba cada vez más sobre género y que existan programas como Rompiendo el Silencio y Cosas de Hombres. El tema está sobre la mesa, está en la agenda mediática, popular y política.

DET: Pero, como decía Isabel Moya, el peor error es creernos que todo está resuelto. Como sociedad debemos interiorizar que no todo está hecho. Existen posiciones en contra del matrimonio igualitario y del aborto. En este momento, en el que vamos a tener un proceso de aprobación público del nuevo Código de las Familias, y con ello se crea un escenario complejo desde el periodismo y la comunicación. Debemos establecer alianzas y generar conocimientos sólidos, para lograr que se ponderen los derechos de todas las personas.

AT: El principal problema trasciende lo objetivo y está en el campo de la subjetividad y no se soluciona simplemente con una ley o con un programa político, se resuelve mediante la educación a todos los niveles.  Hay que educar para eliminar la violencia de género, los feminicidios, la violencia simbólica o el sexismo.

AT: El desafío es muy grande y se puede solucionar haciendo un activismo inteligente. Es un camino largo, pero vamos avanzando. Todavía queda mucho por hacer, porque aún lidiamos diariamente con los efectos del machismo. Por eso, una parte importante de declararse feminista es buscar caminos para que este se haga efectivo y el nuestro es el periodismo.

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