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COLUMNISTAS

El Lawfare en Ecuador como estrategia de proscripción política

 “ Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia, nada construyen, porque sus simientes son de odio”. José Martí

“…Tengo paciencia y tú no la tienes, así que esa es mi ventaja. Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo esta desbaratado, revenido, y lleno de pudrición. Esa también es mi ventaja…” Juan Rulfo, El Llano en Llamas

“…Tenía muy agudizado el sentido del oído. Oigo todas las cosas del cielo y de la tierra, y a veces, muchas cosas del infierno…”  Edgar Allan Poe, “Narraciones extraordinarias”

A muchos juristas latinoamericanos y de otros continentes nos alarma desde hace tiempo la persecución política desde oscuros despachos tribunalicios, sustentada en expedientes de nulidad manifiesta con el eco tenaz y pontificador de medios concentrados.

Brasil, Argentina, Colombia, Bolivia, El Salvador dan cuenta de maniobras pseudo jurídicas arbitrarias y, hasta podríamos decir, audaces y delictivas desde la óptica de la doctrina penal y la jurisprudencia .

La función judicial penetrada por el odio y lo peor de la función política exacerbada por estrategias de disciplinamiento a los ocasionales adversarios. Y así ha ocurrido en Ecuador desde el advenimiento del peor gobierno de la historia encabezado por el máximo cultor del entreguismo latinoamericano: Lenin Moreno.

Si hay algo que la derecha recalcitrante no tolera es el empoderamiento de las clases más postergadas y allí el castigo político y social a quien encabezara , no solo ya en este país, sino para la Patria Grande toda el ideal del estadista moderno. Estamos hablando de Rafael Correa y un sinnúmero de dirigentes y cuadros políticos que lo acompañaran en sus gobiernos.

No soy un iluso para pensar que no existieron marchas y contramarchas, disidencias, traiciones y quienes no estuvieron a la altura del desafío estadual.

Lo antedicho no obsta la confianza absoluta que en lo personal tengo de las loables intenciones y acciones concretas gubernamentales de Rafael Correa que le cambiaron positivamente la vida a los ecuatorianos. Así de claro, sencillo y contundente…

El sistema democrático se reconfigura permanentemente; no deviene en fórmula pétrea.

La praxis cotidiana nos habla a las claras de un sinnúmero de desafíos que afronta a diario un sistema de gobierno basado en la división de poderes, sufragio universal, un sistema de contralor institucional cruzado para evitar abusos de poder y la valorización de un Estado concebido como contenedor y administrador de los intereses individuales en pos del colectivo.

A pesar que sus principios fundamentales perduran el devenir del “hacer o deshacer” del Hombre y las corporaciones impactan negativamente en la valorización social.

Los golpes de Estado, las intromisiones externas , el accionar inescrupuloso de ciertos sectores del mundo empresarial, la corrupción de ciertos funcionarios estatales, medios de comunicación faltos de ética periodística, actores sociales que desprecian la libertad de expresión o de acceso al mercado laboral, racismo, odio de clase, aporofobia, homofobia, violencia institucional, criminalización de la protesta, medidas económicas atentatorias de los sectores más afectados de la sociedad, manipulación informativa y propaganda tendenciosa, proliferación de noticias falsas, el fomento de una tendencia internacional a la desvalorización de la política y la demonización de “todos” los políticos judicializando sistemáticamente actos de gobierno que no siempre son delitos.

Sin ánimo de ser lo anteriormente expresado una enumeración taxativa y exclusiva de los diferentes escenarios de ataques al sistema de gobierno, sí se transforma la “lista” en un ejemplo con ánimo de denuncia.

Es en ese norte que desde hace años vengo dándole seguimiento a una particular forma de “debilitamiento institucional” conocido en la actualidad como lawfare (guerra jurídica).

Tanto con exposiciones en los eventos jurídico/políticos, en artículos académicos, como en el ejercicio de la actividad profesional privada de penalista la judicialización de la política o su cara complementaria la politización del poder judicial, se transformó en un “recurso” de las campañas políticas.

Como si ya no fuera suficiente la réplica y exacerbación tendenciosa de las falsas denuncias interpuestas con claros objetivos de escarnio público al adversario o contendiente electoral, se suma parte de la consultoría política en esta espuria aventura…

Debemos propender a las correctas prácticas profesionales siendo las campañas sucias o negras lo más denostable de la estrategia electoral…

La Nefasta Trinidad de un Poder Ejecutivo aliado con un sector del poder Judicial con más un grupo de medios de comunicación cooptados devienen en la estructura fundacional de “la batalla judicial”

En ciertos países latinoamericanos podemos vislumbrar el avance de los poderes judiciales como supuestos reivindicadores de la justicia sobre el mundo de la política. Con una clara y metódica parsimonia a lo largo de estos años han logrado invisibilizar sus verdaderas intenciones para caer luego, como aves rapaces, sobre sus víctimas.

Han entendido que el enlodamiento público y el publicado son mecanismos eficaces para re posicionarse en una sociedad que también critica y sospecha de sus funcionarios judiciales. Proyectan en sus justiciables los extremos de corrupción del que , en algunos casos, son partícipes necesarios…

Forzamientos innecesarios de la coerción física nos llevan a considerar que todavía se encuentran enquistados, en las máximas jerarquías del poder judicial ecuatoriano, personajes nefastos y vetustos asalariados en definitiva de quienes potencialmente serán sus víctimas…

Deviene menester en nuestras castigadas democracias reforzar (o modificar) los ya existentes mecanismos de contralor en la elección de los integrantes de la judicatura y el ministerio público fiscal; de lo contrario seguiremos retrocediendo en cuatro patas hasta el pleistoceno…

El debido proceso, la presunción de inocencia, la dignidad y la honestidad de muchos jueces, la sana crítica caen de bruces ante la desproporción de estas resoluciones en análisis que no son otra cosa que nuevas formas de disciplinamiento socio-políticas.

Los funcionarios judiciales en Ecuador que dan rienda suelta a estas arbitrariedades comprenden, con precisión de cirujano, el impacto que dichas resoluciones irrogan en la sociedad nacional e internacional. Y sonríen con mueca macabra ante las críticas, satisfechos de haber cumplido con los ideólogos de “la gesta patriótica”…

Son miembros activos y calificados de un plan más elevado que, siguiendo la tácticas de “sombras y nieblas” otrora diseñado por Joseph Goebbels en el siglo pasado, facilita la entrega del país a grupos económicos transnacionales, la manipulación de los recursos naturales y el comando a distancia de la política local desde despachos imperiales.

Deslegitimar a Rafael Correa a través de un proceso penal absurdo, sin sustento probatorio o peor: bajo la construcción artificial de pruebas o indicios, no tiene otro objetivo que menospreciar o atacar la verdadera culpa del ex mandatario ecuatoriano: haber concretado durante una década una  transformación en pos de una sociedad más equilibrada y con mayor acceso a las necesidades básicas en consonancia con una bonanza económica que, en definitiva, favoreció a todos los estratos.

Y esto último duele en ciertos espacios de poder donde los modelos de país neoliberales confrontan evidentemente.

Analizando las actuaciones que llevaron a la CJN a tomar la decisión que hoy se cuestiona, como oportunamente el “juicio exprés” llevado adelante contra Jorge Glas, me viene a la mente el concepto de realismo mágico.

Y antes que piensen que perdí el norte paso a describir la representación de mi subconsciente: en el referido género literario y artístico se utiliza la fantasía, la exacerbación de los personajes o individuos reales, la metáfora, etc., como forma de escape y resistencia contra la arbitrariedad del presente. Más precisamente recordé a José Arcadio Buendía, genial fundador de Macondo en la inspiradora “Cien Años de Soledad “de García Márquez. Entre sus ansias de conocimientos y proyectos delirantes Buendía abrazaba la alquimiainspirada por ese oscuro personaje, extraño y que llevaba un sombrero de alas de cuervo: el gitano Melquíades. Más este último y sus discípulos representaban a los heraldos del progreso. Pero también conviven, como en nuestra sociedad, otros “magos y alquimistas” en la obra: los abogados, siempre entrelazados cuando de por medio existía un conflicto de poder y descriptos con tintes oscuros o sombríos.

Soy abogado pero no me identifico con este tipo de oscuros heraldos pero si, como ya podrán advertir, puedo o quiero asociarlos con esta realidad jurídica punitiva latinoamericana.

La alquimia, desde lo occidental, ha estado estrechamente relacionada con el hermetismo que luego devino en el esoterismo detentando la característica de sistema filosófico y espiritual. Nada más parecido a oscuras oficinas donde se toman decisiones trascendentales a espaldas de los sistemas abiertos y legales.

Ese sincretismo con sus ampulosas palabras, despachos plagados de decadentes oropeles y secretos de estado, protocolos monárquicos y pasillos encerados no son otra cosa que el aggiornamiento de espacios conspirativos y reaccionarios.

Y debe el Estado ecuatoriano en sus tres poderes asumir su culpa: la fantasía, lo grotesco, lo exacerbado, lo ampuloso, lo demoníaco y lo falaz aplicado a la persecución política del oponente. La teatralización del castigo y la demostración del poder desde el cadalso con un verdugo desapasionado que solo cumplirá la orden.

Esa “oda” a la picota tan propia de los inescrupulosos, o escrupulosos cipayos…

La condena para Rafael Correa, Jorge Glas y tantos otros militantes y cuadros políticos, para ir finalizando y en consonancia con mi asociación libre, deviene en un arbitrio que parece cosa de magia…realizado por luctuosos abogados que no son otra cosa que ilusionistas del derecho.

Diego Dieguez Ontiveros
Diego Dieguez Ontiveros
Abogado, criminólogo, conjuez de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires. Es también docente universitario, escritor y conferencista Internacional.

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