PERIODISMO CULTURAL

La construcción de lo posible, con miras a lo imposible

Con toda seguridad nunca los condes de Peñalver, antiguos miembros de la sacarocracia cubana, dueños del central Narciso y traficantes esclavistas, pudieron imaginar que su antigua casa habanera sería conocida con el nombre de un chino mulato oriundo de Sagua la Grande; uno de los grandes pintores del mundo, Wifredo Lam.

La obra de este pintor resume la vocación de universalidad existente en nuestro archipiélago, a partir de la proyección de sus raíces y códigos visuales.

El conde Narciso José de Peñalver y Peñalver, nació en La Habana en 1828, recibió en herencia su título nobiliario y propiedades que incluían: esclavos y el ingenio que llevaba su nombre; a los 21 años ostentaba ser Caballero de Montesa (1849) y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Su abuelo, Nicolás Peñalver y Cárdenas (1754-1818), fue Alcalde ordinario de La Habana en 1784 y Caballero de la Orden de Carlos III.

En las calles Empedrado y San Ignacio, en la Habana vieja, en la otrora mansión condal, fue fundado el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, el 28 de febrero de 1983, con el fin de estudiar, investigar y promover las artes visuales contemporáneas de los países en vías de desarrollo e investigar y divulgar la obra del artista que lleva su nombre.

“El Lam”, como es conocido en el ambiente cultural de la Isla, mantiene un interés sistemático en el desarrollo de las artes visuales, a saber: la pintura, la escultura, la fotografía, el grabado, el video arte, la instalación, el dibujo, la arquitectura y también el arte popular.

El edificio cuenta con salas de exhibición, biblioteca, videoteca y locales para actividades de extensión cultural, acoge también ciclos de conferencias especializadas y exposiciones de artistas nacionales y extranjeros; tiene una valiosa colección de diferentes manifestaciones de las artes visuales contemporáneas y sus fondos poseen más de 1250 obras de arte; estos han sido formados a partir de donaciones de artistas y obras adquiridas a instituciones y creadores.

El arte contemporáneo es el de nuestro tiempo, trata de reflejar o guarda relación con la sociedad actual, la de nuestros días, y suele hacer alusión a obras creadas a partir de la mitad del siglo XX.

Lo contemporáneo abarca un conjunto muy heterogéneo de prácticas cuya asignación a la contemporaneidad lógicamente caduca por definición y muchos teóricos se han acercado a esa problemática, creando la diferencia con el arte moderno y su acotación histórica.

A pesar que el arte contemporáneo comparte códigos con el arte moderno o de vanguardia, el cuestionamiento a lo convencional y a la tradición, con frecuencia se enmarca dentro del llamado “pensamiento posmoderno”, pues desde la teoría posestructuralista -surgida en la lingüística del siglo XX-, se usa el término posmoderno en oposición al llamado “moderno” en cuestiones relativas a la autoría, la subjetividad del artista o la originalidad de lo creado.

El arte de la posmodernidad se nutre de la resignificación y reinterpretación de las cualidades sociales, culturales, políticas o comunicativas, superando el confinamiento subjetivo y los ideales románticos de la creación artística[i].

Un rasgo característico del arte contemporáneo es su estrecha relación con las instituciones o las estructuras de validación artísticas (museos, galerías de arte, bienales o ferias), que utiliza para legitimarse, pero que a su vez las cuestiona; un fenómeno que redimensiona lo conocido como utilitario.

¿Puede cualquier objeto alcanzar el valor de obra de arte? Tal vez, si se pone de relieve la importancia de las estructuras artísticas en el proceso de validación del arte y si se afianza, en el proceso creativo y reinterpretativo, aunque el creador lo debe representar como nuevo y convencernos que lo es.

Muchas veces el artista prescinde de sus habilidades manuales y se presenta como un administrador o un reformador de ideas que se distancian de lo conocido y arraigado, originando un trabajo intelectual que otorga un nuevo concepto al objeto artístico y que aporta una nueva visión al capital social.

La libertad, inherente a la existencia del ser y a la creación, le supone al artista algo sustancial que le permite llegar a los excesos, una negación del pasado, la búsqueda de un nuevo lenguaje expresivo basado en una visión diferente de la realidad, que no es imitación sino algo que se reinterpreta.

En lo contemporáneo existe un deseo de experimentación de las formas, de la composición, donde el color rompa, o trate de hacerlo, con lo antes visto y que no encaje con lo ya conocido o acatado; un deseo por lo novedoso que desde un espacio nuevo brinde un acercamiento “otro” a lo concebido.

El arte contemporáneo, en su praxis, incluye a la crítica y la teoría del arte y literarias, las instituciones educativas, la curaduría, las publicaciones sobre arte, los medios de difusión y mediación, el coleccionismo público y privado, las galerías, las ferias, a la industria, los lugares donde se conserva y exhibe el arte y el necesario mercado.

Los críticos juegan un importante papel, vienen para organizar el caos, -que viene de gaos, o sea del volátil gas-, y crean lo que llamamos corrientes, conceptualizan las obras, nos acercan coherentemente a las vidas de los artistas, nos hacen ver que la contemporaneidad es ahora, y el ayer, ya es pasado.

“El Lam” organizó la primera Bienal de La Habana, era 1984; apenas existían 4 o 5 eventos de tal magnitud en el mundo y uno solo de ellos se celebraba en América Latina, y aunque hoy la cifra sobrepasa el centenar, no todas las bienales mantienen su frecuencia con regularidad[ii].

Los desafíos enfrentados por los organizadores y curadores de este evento han sido extraordinarios, pero la Bienal cubana cuenta ya en su haber con trece ediciones[iii] y es voluntad de todos mantenerla. Adecuarse a la contemporaneidad para hacer una Bienal de arte contemporáneo en Cuba, y en los momentos que vivimos, será un acto más de valentía nacional.

La Habana continuará siendo el escenario principal de la Bienal, aunque se ha extendido a otras localidades del país. La ciudad, con 500 años recién cumplidos, hace, como ha ocurrido en todas las ediciones, que las redes de sus instituciones acojan obras del mundo con énfasis, como siempre, en   creadores de América Latina y El Caribe, África, Asia, Medio Oriente, y la inclusión puntual de artistas de Europa y Norteamérica.

A la luz de los años la contemporaneidad nos envuelve, nos incorpora, nos supera, fue contemporáneo Leonardo de otros; fueron contemporáneos con otros los de su tiempo Michelangelo y Donizetti; lo fueron quienes construyeron Capadoccia en Turquía y el arco de Tito en Roma, vivieron sus tiempos de conjunto con otras personas.

¿Será que solo existe el pasado como realidad? Termino de escribir este texto y descubro que ya forma parte del pasado.

Lo imposible se nos aleja cada vez más de las referencias; el ser humano ha convertido aquello que parecía inverosímil en realidad, a veces en una burla, algunos asombros fenecen, otros nacen, haciendo realidad la lapidaria frase del escritor norteamericano Mark Twain: “Como no sabíamos que era imposible, lo hicimos”.

 

[i] Ver: https://tiposdearte.com/que-es-el-arte-contemporaneo/

[ii] No es fácil mantener un evento de tal naturaleza en medio de incertidumbres políticas e ideológicas, crisis migratorias, guerras -las locales y las de influencia regional-, beligerancias comerciales y globales, golpes inconstitucionales de estado y violencia de géneros.

[iii] Ver Herrera Ysla, Nelson: 13 Bienal de La Habana. La construcción de lo posible lajiribilla@cubarte.cult.cu

 

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