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Recuerdos de un vergonzoso genocidio

Los bombardeos atómicos a las ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki, los días 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente, fueron acciones de la ofensiva de las fuerzas armadas norteamericanas, cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su etapa final.

¿Una operación de guerra? Más bien genocidio, comparable al exterminio sistemático de pueblos desplegado por los nazis, pues la mayoría de los miles de personas de todas las edades que fallecieron eran civiles. Muchos murieron en los momentos de las explosiones que destruyeron las poblaciones casi hasta los cimientos y en días posteriores a causa de la radiación.

Cifras inferiores de las bajas en la masacre en esas ciudades eran soldados del ejército japonés para el cual “la más poderosa de las armas: el deseo de morir por su emperador” (Tankaro Suzuki, primer ministro, julio de 1945). Pocos eran los objetivos de importancia militar.

Si alguien puede imaginar que era una respuesta al traicionero golpe aéreo japonés del domingo 7 de diciembre de 1941, sobre la base naval de Pearl Harbor, Hawaii, para su reflexión es necesario unos datos: mataron a 2.400 militares y 68 civiles, hundieron 9 barcos, averiaron seriamente 10, y destruyeron 188 aviones en tierra.

Pero como atacaron a la arrogancia de poder en esa potencia imperialista, el presidente en aquel entonces, Roosevelt declaró que era una infamia. Las bombas que ordenó su sucesor Truman sobre Hiroshima y Nagasaki eran tan solo el efecto psicológico contra Japón.

Para nada sirvió la lección que originó el nacimiento de una Era Nuclear: Las grandes potencias desencadenaron justificaciones para una carrera armamentista, por lo cual se disponen de más 15 mil 600 artefactos de destrucción masiva que tienen al mundo colgado de un hilo http://es.gizmodo.com/hiroshima-se-queda-corta-la-devastadora-potencia-de-la-1787554132

En marzo de 2003, Fidel visitó el Museo de la Paz en Hiroshima. En el libro de homenaje a las víctimas del holocausto nuclear escribió: “Que jamás vuelva a ocurrir semejante barbarie”.

Años después, en octubre 2010, el Comandante en Jefe escribía un mensaje al mundo:        El uso de las armas nucleares en una nueva guerra implicaría el fin de la humanidad. Así lo previó el científico Albert Einstein, quien fue capaz de medir su capacidad destructiva de generar millones de grados de calor que todo lo volatiliza en un amplio radio de acción.

En los últimos años, se acrecientan en la península coreana graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962 en torno a Cuba. http://www.radiorebelde.cu/reflexiones/fidel-castro-deber-evitar-una-guerra-corea-20130405/

Existen antecedentes al comienzo de la década del 50, cuando en busca de solución del conflicto bélico, el General Douglas MacArthur quiso emplear las armas atómicas contra la República Popular Democrática de Corea. Por buenas decisiones la guerra terminó con un armisticio, aunque no con un Tratado de Paz.

En la actualidad Corea del Norte y los Estados Unidos prueban fuerzas con amenazas verbales y también maniobras militares. Por una parte, el líder Kim Jong-un intimida con la disposición y misiles correspondientes para un ataque nuclear preventivo al territorio norteamericano. Por otro lado, el presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que la respuesta será “fuego y furia nunca vistos antes”.

Gobernantes y pueblos viven momentos de tensión en torno al desarrollo de los acontecimientos, pues los daños colaterales para la humanidad  serían incalculables, no solo por las bombas nucleares, que no se miden en kilotones como las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki sino en megatones, y las consecuencias de los efectos trastornadores de la Naturaleza.

El propio Einstein afirmaba no saber qué armas se utilizarán en la Tercera Guerra Mundial, pero, afirmaba que en la Cuarta Guerra Mundial se emplearían palos y piedras.

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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