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Rusia y China reaseguran «el contrapeso» 

 Un prestigioso académico y analista económico y político mexicano, Alfredo Jalife-Rahme, le ha llamado con razón a Rusia y China «el grupo de los dos», en evidente atención al poder del binomio en el otro platillo de la balanza frente a la cada vez menos compacta hegemonía estadounidense, sobre todo en materia de economía.

Si hoy puede decirse que el mundo se encamina hacia la multipolaridad es, justamente, gracias a la actuación de ambos países, con fuerza y voluntad política suficientes para nuclear a su alrededor a otras naciones emergentes, además de estar obligadas por la propia política hostil de Estados Unidos, a fungir como su contrapeso.

Constatado el derrumbe del llamado «socialismo real» en Europa del Este, cuando presuntamente acabó la denominada Guerra Fría pero EE. UU. quedó como dueño y señor del mundo, muchos esperaban que sería al Viejo Continente al que tocaría el rol de alternativa, para que no prevaleciera la unipolaridad.

Sin embargo, la actuación europea de apego a las posiciones estadounidenses demostró pronto que no sería así.

Luego, el éxito del modelo socialista aplicado por China demostró las potencialidades desarrolladas por esa nación en el terreno económico, en tanto en Rusia, heredera del gran potencial de avances en todos los campos desplegados por la ya extinta URSS, renacía el sentimiento de orgullo, el amor propio, y la capacidad de aquellos tiempos, casi desechada por quienes se sumaron a los cantos de sirena entonados tras el derrumbe del Muro de Berlín.

Hoy ambas naciones constituyen actores insoslayables del acontecer mundial. Eso confiere a los vínculos entre Moscú y Beijing un carácter estratégico cuya solidez ha sido constatada durante la visita de dos días realizada por el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, al Gigante asiático.

Su estancia ha rebasado el ámbito netamente diplomático y tiene, primero, un alcance político que nadie debe soslayar, si se toma en cuenta que Rusia es una nación que está hoy en el ojo y, más que ello, en la mirilla de las armas con que Occidente provee a Ucrania y dilata el conflicto, convirtiéndolo en un espacio bélico con el que intenta infligir un golpe mortal a Moscú.

China, la primera nación que propuso un plan de paz —no cristalizado— para hallar una salida política al enfrentamiento bélico entre Rusia y Ucrania acaba de dejar claro, no obstante, que sigue alineada junto a la nación esteuropea.

Este mensaje de la visita de Mishustin tampoco debe ser ignorado por Occidente, obediente casi unánimemente —aunque con contadas excepciones— a la política de Washington contra Moscú, aunque menos «entusiasta» ante las maniobras con que Estados Unidos demuestra que en su agenda está, en  primer lugar, cómo frenar el avance económico y tecnológico de China: un progreso que lo desplaza lentamente en el ámbito de las inversiones allí donde se necesita el carácter holístico y de cooperación que marca las relaciones comerciales de Beijing con el llamado Tercer Mundo, en el lado totalmente opuesto al interés siempre extorsionador de lo que conocemos como «el imperio».

No pocos observadores, incluso, consideraron la presencia del Primer Ministro ruso en China como una respuesta al Grupo de los Siete (EE. UU., Canadá, Japón, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia) que en su recién celebrada reunión cumbre volvió a acordar medidas de castigo contra Rusia, mientras llamaba a China a presionarla para que detuviera sus acciones en Ucrania y retirara, de manera completa, inmediata e incondicional, a sus tropas.

La contesta les llegó en voz del presidente chino Xi Jinping quien, durante una reunión con Mishustin, manifestó la disposición para que ambos países continúen «apoyándose mutuamente de manera firme en temas que afecten a los intereses fundamentales de cada uno», y fortalecerse ante la ONU y grupos de países que también cobran peso y horadan la unipolaridad como la Organización de Cooperación de Shanghái, el Brics (Brasil, Rusia, India, la propia China y Sudáfrica), y el G20.

Xi también se pronunció por que ambas partes exploten aún más el potencial para elevar los niveles de cooperación económica, comercial y de inversión, mejoren las instituciones y mecanismos de cooperación bilateral, y a favor de que se consolide y expanda la cooperación en las esferas de energía y conectividad, así como se identifiquen nuevos puntos para el crecimiento.

La alianza bilateral también tiene expresión, obviamente, en el ámbito comercial. Según trascendió durante las conversaciones sostenidas por Mishustin con su colega chino Li Qiang, el volumen del comercio entre ambas naciones ha crecido un 40 por ciento durante este año, en tanto el 70 por ciento de su intercambio se efectúa en rublo y yen, lo que confirma también el declive del dólar.

El «grupo de los dos», como diría el admirado Jalife-Rahme, va por más.

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Marina Menéndez Quintero
Analista internacional del diario Juventud Rebelde. Ha colaborado con distintos medios radiales y actualmente tiene un espacio en la emisora Habana Radio. Invitada habitual del espacio televisivo cubano Mesa Redonda. Ha dado cobertura a procesos electorales en Nicaragua y Venezuela, así como a otros eventos en la región y distintos lugares del mundo. Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí de Prensa Latina, y Premio Nacional José Martí por la Obra de la Vida (2023).

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