He pensado mucho en Antonio Molto Martorell y en tantos compañeros que pasaron por la Unión de Periodistas, y que se sientan, invisibles, a nuestro lado cada Día de la Prensa. He recordado largas conversaciones con Julio García Luis, cuando explicaba, como sólo él podía, que es insoslayable sustituir el modelo de prensa como garantía interna de nuestro socialismo, y eso significa acabar con la impunidad, potenciar la opinión pública, eliminar la inercia del pensamiento social, enfrentar el dogmatismo y la simulación, pensar con cabeza propia y no extraviar nuestra propia tradición revolucionaria.

Hoy, en la entrega del Premio José Martí a Roberto Chile, el de la Dignidad, a Eduardo Heras León, y los “Juan Gualbertos” por la obra del año, Fidel estuvo sentado entre nosotros -y Dalia, su querida compañera-. La buena vibra, la alegría de todos, la música y la emoción ha despejado el cansancio después de tantos días sin tregua para armar en el país la Jornada de los trabajadores de la prensa, y hacerla como la soñamos, con fiesta y reflexión en las redacciones y en las calles, en las redes y en los periódicos, en la radio y en la televisión. Es verdad que nos falta de todo, pero tenemos mucho: profesionales talentosos, que hacen malabares cotidianamente, solidarios, firmes en sus esperanzas, revolucionarios en el sentido más raigal.

Gracias, queridos compañeros por seguir aquí, en la prensa pública, la prensa del pueblo. Feliz día, compatriotas.

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