No son pocos los periodistas que nos hemos dejado arrastrar alguna vez por el abordaje cifrista y superficial de la vida económica nacional. En el recién concluido VIII taller de periodismo económico, realizado en Ciego de Ávila, recordé la oportunidad en que reseñé —con idéntico frenesí que funcionarios agrícolas guantanameros—, que en las montañas de ese territorio se sembrarían diez matas de plátano fruta por habitante de la provincia. Los resultados, como es de suponer, fueron a parar al agujero negro de lo que en el periódico Juventud Rebelde llamamos como «lirismo agropecuario».

En ese evento, que se realiza en alianza entre la Unión de Periodistas y la de Economistas y Contadores, recordé también la historia de un periodista de la Voz del Toa que, tras publicar una información acerca de una millonaria cifra de árboles sembrados en Baracoa, comenzó a sospechar que el monto era exagerado. Al comparar rigurosamente el número de simientes anunciadas con la superficie terrestre de la región descubrió que, para que cupieran en esta, se requería evaporar buena parte de las aguas del Atlántico que bañan aquellas costas paradisiacas.

Las anteriores son solo dos perlas autocríticas de cómo la tendencia al triunfalismo y la apología, aderezadas con la repetición acrítica de cifras y datos anunciados por los funcionarios —de buena o mala fe— terminaron por lastrar nuestra profesionalidad, y lo que es peor, la credibilidad y la autoridad de nuestros medios ante sus públicos.

Mientras esa rémora todavía alimenta bromas y sarcasmos sobre algunos de nuestros noticiarios, la economía cubana cruza su muy peculiar Rubicón, dejando sobre las encrespadas aguas, junto a certezas insoslayables, no pocas contradicciones, dudas e incertidumbres, y hasta esquirlas que dañan la fe y la esperanza en la capacidad del país de superar tantos años de crisis continuada y levantar el modelo próspero y sostenible que nos hemos diseñado.

Pese a que no siempre se pueda percibir la fuerza del magma que está sacudiendo al país, algunos no vean con claridad los caminos abiertos, o las transformaciones no ofrezcan hasta hoy todos los beneficios esperados, lo que está ocurriendo es un verdadero volcán, que terminará por dejar una nueva geografía en la economía y en otros importantes aspectos.

No pocos analistas prestigiosos afirman que la magnitud de estas medidas trasciende, incluso, el significado que tradicionalmente se le ha asignado a la palabra actualización, con la que se definieron las transformaciones aprobadas desde el VI Congreso del Partido —rectificadas en el VII—, y recogidas en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Lo que sí es evidente es que nada parece estar a salvo del enorme proceso en marcha. Las interrogantes y los cambios van desde un tema tan definitorio y sensible como el papel del Estado y las formas en que se gestiona la propiedad, hasta cómo y a quién dirigir los subsidios, para mencionar solo dos extremos del vasto e inabarcable abanico de definiciones y cambios.

En el tablero de las transformaciones están en juego aspectos estructurales, funcionales, institucionales, jurisdiccionales y hasta políticos con derivaciones en lo económico y lo social, con un énfasis especial en la importancia de solidificar el proceso de institucionalización.

Uno de los vuelcos conceptuales y prácticos menos difundidos, aunque de los más significativos, es precisamente que se haya aceptado que una cosa es el Estado como propietario en nombre de la nación y del pueblo, y otra los diversos modelos en que puede gestionarse la propiedad.

Una aclaración de esa naturaleza es la que permitió avanzar hacia la ampliación del trabajo por cuenta propia o la pequeña propiedad personal, o familiar, la apertura experimental de cooperativas en el sector no agropecuario, la entrega de tierras ociosas en usufructo, el arrendamiento de locales estatales de servicios, y el ensayo para transformar raigalmente la empresa estatal socialista, categorizada como el corazón de la economía y de la actualización.

El vuelco es tan sustancial, que se maneja que el trabajo no estatal pudiera llegar a aportar cerca de la mitad del producto interno bruto del país. La actualización ha modificado el mapa de la propiedad y la gestión agraria nacional, dejando atrás la hegemonía estatal, a partir de la entrega de tierras en usufructo, las cooperativas de producción agropecuaria y las unidades básicas de producción cooperativa, beneficiadas con 17 medidas para liberarlas del tutelaje de la empresa estatal y ponerlas en igualdad de condiciones para producir.

Cuba salta la barrera de una economía y una sociedad fuertemente verticalizadas hacia otra más horizontal, se abre a formas más socializadas de gestión de la propiedad, y define en mayor medida las diferencias entre la propiedad estatal y la social, todo lo cual debería contribuir a zanjar el arrastre de las experiencias socialistas con respecto a la enajenación de los trabajadores de los procesos productivos.

Todas estas transformaciones, como subraya reiteradamente el Primer Secretario del Partido, General de Ejército Raúl Castro, deben estar sometidas al permanente análisis y la crítica, tanto para alentar los avances como para evitar que se distorsionen los fundamentos y la orientación de las diferentes medidas; una responsabilidad que recae especialmente en nuestro sistema público de prensa, dada la propia naturaleza de su función social, que, como también se subrayó en el encuentro avileño, ya es asumida por importantes vanguardias del sector.

La nueva Política de Comunicación del Estado y del Gobierno abre el camino a que la prensa cumpla con su función de contrapeso y equilibrio y afiance su condición de mecanismo de control popular y para la rendición de cuenta de los funcionarios y las instituciones a la ciudadanía.

Para cumplir ese cometido, vale la pena no perder de vista aspectos subrayados en el mencionado VIII Taller por el reconocido académico y exministro de economía José Luis Rodríguez, que pueden ser útiles para la revisión del abordaje de la agenda económica que se acomete actualmente en nuestros medios:

—La necesidad de especialización.
—La importancia del dominio de la economía política, las estadísticas y la historia económica.
—La necesidad de fuentes de información comprobables y contrastables y de ubicar los fenómenos microeconómicos, particulares, en el contexto global, macroeconómico.
—La adecuada valoración de los estimados.
—Las comparaciones temporales, territoriales, el plan con el real y las tendencias.
—La lucha ideológica en el terreno de la economía y la confrontación interna y externa.
—El cuidado con el contenido y la forma de expresión.
—La credibilidad.

En sustancias como esas, y otras que se descubran en los análisis que se realizan entre los periodistas y los directivos de los medios, se puede estar jugando no solo la credibilidad y ascendencia social de estos, sino hasta la suerte en el cruce del Rubicón económico cubano.

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