Por Ángela Oramas Camero

Con Dos siglos del periodismo en Cuba, Juan Marrero amplió, de manera trascendental para la historiografía de la prensa, su primera investigación publicada en 1999 por la editorial Pablo de la Torriente. Esta obra ampliada, con 40 capítulos y una galería de imágenes, se encuentra en proceso editorial.

Nos advierte el autor que han quedado fuera algunas publicaciones, algunos rostros, algunos momentos de esa historia, pero tengo el convencimiento de que lo más relevante, lo más trascendental, lo que mayor influjo ha ejercido en el desarrollo de la conciencia ética, patriótica y revolucionaria de nuestro pueblo, tiene presencia y el debido espacio en esta obra.

El libro  está dividido en tres partes: colonia, neocolonia y Revolución. El texto fue inspirado en la fundación de la Gazeta de la Havana, en 1882, que, según Marrero, dio inicio a la historia del periodismo en la Isla. Por  ello señala que, en sus páginas, del cual existe prueba documental, el lector podrá leer lo acontecido en dos siglos y casi tres décadas de ejercicio del periodismo en Cuba.

En el capítulo dedicado a los nueve grandes  periódicos que circulaban en La Habana desde la alborada de la república neocolonial, nacida el 20 de mayo de 1902 con la Enmienda Platt y el presidente Tomás Estrada Palma, Marrero explica que el número de habitantes que tenía la capital y era de un millón y medio y que  en todo el país, se publicaban siete periódicos.

Ellos fueron: “Diario de la Marina (1844), dirigido por el asturiano Nicolás Rivero; Avisador Comercial (1869), manejado por don Juan López Seña; El Comercio (1881), que timoneaba el abogado pinareño Lorenzo Beci tras la enfermedad y fallecimiento de Don Ernesto Lecuona, padre del que llegase a ser insigne músico y compositor de igual nombre y apellido; La Lucha (1885), piloteado por don Antonio San Miguel; La Discusión (1889), bajo la égida del patriota Manuel María Coronado; La Unión Española (1898), que comandó Isidoro Crozo (Ruidiaz) y El Nuevo País, dirigido por Ricardo del Monte, de vieja afiliación autonomista.

“Otro diario que se publicaba en 1902, aunque no puede considerársele entre los más importantes y mayores, fue El Reconcentrado. Fundado en 1897 bajo la dirección de Ricardo Arnauto, utilizó un lenguaje grosero e injurioso desde su primer número. A la entrada de su imprenta tenía colocado el siguiente cartel: «¡Temblad, granujas!», y aludiendo a un capitán del ejército español que se marchaba a la península encabezó un suelto con el título «Fuga de granujas». Tal campaña fue causa de los motines ocurridos en La Habana en 1898. Voluntarios integristas asaltaron y destruyeron los talleres y la redacción de El Reconcentrado, y también realizaron acciones contra los periódicos La Discusión, que había acentuado su crítica al dominio español en Cuba, y Diario de la Marina, que se hizo impopular ante el elemento español intransigente, cuando se declaró defensor de la autonomía “.

En tiempos de la ocupación militar estadounidense nacieron los diarios: The Havana Post,editado en inglés (1900), fundado por los norteamericanos C. E. Fisher y George M. Brandt, y El Mundo (1901) tutelado por José Manuel Govín. Desde su primer ejemplar El Mundo cumplió un papel de mucha importancia a lo largo de toda la república neocolonial, según la afirmación de Marrero en su obra y  sobre este tema amplía:

“Otro periódico editado en La Habana, también en inglés, fue The Havana Sun, del cual salieron noventa y tres números en los años 1901 y 1902. Se llamó después The Morning Sun. La colección completa de ambos está en la Biblioteca Nacional”.

Asimismo, en La Habana vieron la luz los diarios “El Imparcial y Cuba (1907), este último continuador de El Nuevo País; El Triunfo (1909), fundado como vocero de la liga antiplattista; Liborio (1910); El Día (1911), que desapareció bajo el régimen de Machado luego de que su director Armando Andrés fuese asesinado; La Noche (1912), Heraldo de Cuba (1913) y La Nación (1915), fundados por Manuel Márquez Sterling; La Prensa (1914), El Mercurio (1917), de carácter financiero y que también desapareció bajo el machadato; Diario de Cuba (1917), en Santiago de Cuba; El Cuarto Poder (1920, creado por Ramón Vasconcelos); El País (1921), El Heraldo (1923), cuya página literaria fue dirigida por Ruben Martínez Villena, y Patria (1925), nombre rescatado por Juan Gualberto Gómez para combatir al gobierno de Machado.”

Más adelante Marrero resalta que en las  antiguas provincias de Las Villas, Camagüey, Matanzas y Oriente, con raíces de ejercicio periodístico desde el siglo xix, se fundaron numerosos periódicos luego de la proclamación de la República, la mayoría de ellos influidos por los nuevos intereses políticos y económicos que se asentaron en el país. Esa prensa local, por lo general, no se caracterizó por tener un gran peso informativo, sino de opinión.

“De alguna importancia fueron El Camagüeyano (1910) y su antecedente El Liberal, así como los más pequeños Las Dos Repúblicas, La Región y El Noticiero, publicados también en la ciudad de Camagüey, La Voz del Pueblo (1899), de Guantánamo, y El Pueblo (1905) en Ciego de Ávila.

“En la provincia de Las Villas es donde se fomentó una mayor cantidad de publicaciones. En Santa Clara se asentaron El Demócrata, El Republicano, El Eco de Las Villas y La Publicidad; en Cienfuegos, La Correspondencia, fundado en 1898, considerado uno de los más leídos, El Comercio (1902) y El Sol (1922), este último fundado por el periodista Santiago Claret, quien después se trasladó a La Habana, donde dio nacimiento al periódico Información. También hubo periódicos importantes en Sancti Spíritus —El Fénix (1834, que existió hasta principios de la década de los treinta del siglo xx) — y Trinidad, Sagua la Grande, Remedios, Placetas y Camajuaní, que fueron poblaciones pródigas en publicaciones tanto en la época colonial como republicana.”

En Santiago de Cuba continuó la publicación de El Cubano Libre (fundado por Céspedes en 1868,  reaparecido por Maceo en 1895), [i], dirigido por Mariano Corona Ferrer, el cual mantuvo su línea de consecuencia revolucionaria hasta 1912, en que murió su director. Nacieron en 1902 La Región, El Pueblo, La República y Oriente, y años después La Tarde y El Tiempo.

“Pero el diario que mayor aceptación tuvo fue Diario de Cuba, de Eduardo Abril Amores, que vio la luz en 1917. Este periódico rompió con los moldes de ser un medio local exclusivamente, y tuvo prestigio nacional.

“Ni la cenicienta Pinar del Río quedó atrás en la publicación de periódicos a principios del siglo xx. Así vieron la luz El Occidente (1902), El Debate (1904), que fue el primer diario pinareño en tener servicio telegráfico, y La Voz de Occidente (1905). Pero esa prensa fue efímera.

“Como regla, los periódicos en las provincias tuvieron una vida corta y su salida era irregular. Solo en las capitales de provincias y en otras ciudades importantes, con una vida cultural más o menos intensa, lograron sobrevivir durante largo tiempo algunos periódicos.

(Daré continuación en el próximo trabajo al tema el periodismo de mayor desarrollo, contenido en la ampliación que Juan Marrero realizó al libro Dos siglos de Periodismo en Cuba, editado en 1999 por la Editorial Pablo de la Torriente).

[i] El Cubano Libre fue un periódico que fundó Carlos Manuel de Céspedes,  que retomó después Antonio Maceo y más tarde el Che en la Sierra Maestra.

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