La delirante andanada de Donald Trump contra los medios de comunicación alcanzó este lunes un nuevo cénit. El presidente
estadounidense propuso crear un concurso para premiar lo que él denominó como la mejor cadena de “noticias falsas”, término que repite
hasta la saciedad y que ha tergiversado al emplearlo ante cualquier información que le sea crítica.

“Deberíamos tener un concurso para [determinar] cuál de las [grandes] cadenas, más CNN y sin incluir a Fox, es más deshonesta, corrupta y/o distorsionada en su cobertura política de vuestro presidente favorito (yo)”, escribió Trump a las nueve de la mañana en Twitter. “Todas son malas. El ganador recibirá el trofeo de noticias falsas”, agregó con sorna el republicano, que, igual que como candidato, ha hecho de los insultos y las amenazas a la prensa una constante de sus diez meses de presidencia.

El mensaje ilustra múltiples rasgos del universo Trump. El mandatario, que dice de media cinco mentiras o afirmaciones engañosas al día,
según un análisis del diario The Washington Post, se erige en el juez que dirime qué periodistas son objetivos. Pero, en su propio mensaje,
pide excluir a la cadena conservadora Fox, su favorita, e incluir aCNN,  blanco constante de su inquina contra los medios de comunicación.

Posiciones ideológicas al margen, Trump parece obviar que Fox no es precisamente un adalid del mejor periodismo. Por ejemplo, la cadena abrió una investigación interna en mayo después de difundir una información verdaderamente falsa que vinculaba la muerte de un joven trabajador del Partido Demócrata con el ciberataque contra esa formación, que EE UU atribuye a Rusia.

El tuit de Trump también exhibe su infinito amor a sí mismo. Se presenta como el presidente “favorito” cuando en realidad tiene el
índice de popularidad más bajo al inicio de un mandato: su aprobación es del 37%, según Gallup.

Lo que sí tiene Trump es una sólida base de votantes que apenas se ha agrietado desde su llegada a la Casa Blanca. Sus mensajes incendiarios en Twitter van dirigidos a ese colectivo. Trump promueve la división, no la unión. Sus ataques feroces a la prensa y sus rivales responden a su estrategia de nosotros (los buenos) contra ellos (los malos), de erosionar al establishment y de victimizarse eternamente.

Trump promociona con frecuencia a Fox News, propiedad del magnate Rupert Murdoch, amigo de Jared Kushner, su yerno y asesor en la Casa Blanca. Esa pasión, sin embargo, también tiene algo de sorprendente.

Al inicio de su campaña electoral, en 2015, Trump tuvo un encontronazo con Megyn Kelly, una de las estrellas de la cadena conservadora, que le presionó en el primer debate entre republicanos. Y en enero de 2016, en una rebelión contra los poderes fácticos de la derecha
estadounidense, el multimillonario neoyorquino decidió ausentarse de otro debate de Fox en la antesala de los caucus de Iowa, que abrieron el proceso de primarias. Trump boicoteó la cita argumentando que no confiaba en que se le tratara con igualdad y que se sintió
despreciado.

Reuters

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