Félix Elmusa, martir del Granma.

Al colega Luis Hernández Serrano agradecemos la biografía de Félix Elmusa, publicada en su obra El quinto expedicionario que, y como hemos expresado en los dos trabajos anteriores, tengo el placer de versionar en Cubaperiodistas, en ocasión del centenario del natalicio del mencionado mártir, cuyo nombre lleva la condecoración más alta que confiere la Unión de Periodistas de Cuba.

Antes de reseñar el final del libro, resumo la actividad periodística de Elmusa que con detalles se encuentra en los dos anteriores trabajos, publicados por esta web de la Upec:

Tras haber desempeñado el periodismo durante 17 años en los diarios El Sol, La DiscusiónLa Prensa, La Mañana y el noticiero radial El Progreso Cubano (que originaría la emisora Radio Progreso) donde fue jefe de Información, Elmusa con su entrañable amigo y colega Juan Manuel Márquez se entrega de lleno a las actividades conspirativas contra el régimen de Batista.

Obligado por el acoso y la persecución salió de La Habana rumbo a Miami y en esta ciudad fue presentado a Fidel por Juan Manuel Márquez, durante la fundación del cuarto club revolucionario 26 de Julio.  Era noviembre de 1955.

A partir de este momento, El Morito se convirtió en uno de los colaboradores más activos de la alta dirección del movimiento revolucionario. En tierra mexicana y estadounidense cumplió misiones, entre ellas la recaudación de fondos para los preparativos de la lucha armada en la Sierra Maestra, luego del desembarco de los 82 expedicionarios.

El domingo, el 25 de noviembre de 1956, fue fijada la salida del yate Granma; curiosamente era domingo el 10 de octubre de 1868, cuando Céspedes inicia la guerra independentista; era domingo el 24 de febrero de 1895, estallido de la Guerra Necesaria organizada por Martí; era domingo el 26 de julio de 1953, asalto del Moncada, liderado por Fidel.

Puntualiza en la biografías de Elmusa, el colega Hernández Serrano: A las dos de la madrugada aproximadamente, con las luces apagadas y un silencio absoluto se puso en marcha el motor de la izquierda del yate, y se fue sigilosamente separando del espigón.

La heroína del Moncada, Melba Hernández, la también cubana Orquídea Pino, residente en tierra azteca, y la mexicana Piedad Solís, dieron el adiós a la hombradía que se alejaba en el histórico barco. Eran 78 cubanos y 4 extranjeros.

El estado mayor  de la expedición fue estructurado con 16 hombres y tres pelotones, cada uno con 22 combatientes.  Integraron el estado mayor el Comandante en Jefe Fidel Castro; el segundo jefe Juan Manuel Márquez, seguidos por Faustino Pérez; el jefe de intendencia Pablo Díaz González, con los ayudantes: Félix Elmusa y Armando Huan Secades, así como el jefe de sanidad Ernesto (Che) Guevara de la Serna, y como oficiales adscritos al estado mayor fueron nombrados Antonio (Ñico) López Fernández, Jesús Reyes y Cándido Morales.

Antes de proseguir con la relación de los cargos, quiero salvar la duda de por qué Luis Hernández Serrano titula la biografía de Elmusa El quinto expedicionario. Ello se debe a que en la lista de los integrantes del estado mayor, a Félix Elmusa correspondió la mención número cinco.

Otros integrantes del estado mayor fueron Onelio Pino Izquierdo, Roberto Leonardo Roque Núñez, Jesús Montané Oropesa. Mario Hidalgo Barrios, César Gómez Fernández y Rolando Moya García, los dos últimos después no se integraron a la revolución.

Los pelotones quedaron al mando de José René Smith (el de la vanguardia), Juan Almeida Bosque (el del centro)  y Raúl Castro (el de la retaguardia).

La salida del yate fue anunciada por cable a Frank País, en Santiago de Cuba, así como el desembarco de los expedicionarios el 30 de noviembre. Pero en la tarde del mismo día 25, el yate es azotado por un mar fuerza 6, especialmente por la aleta de popa, por lo cual se presumió el hundimiento. El barco se encontraba a 80 millas de la costa. Una de las bombas de achique dejó de funcionar y Fidel ordenó sacar en cubos el agua que entraba a la nave.  El yate comenzó a dar bandazos y ello provocó mareos y vómitos en algunos expedicionarios.

En la noche del 1 de diciembre cayó al agua el piloto Roque, Fidel intentó lanzarse en su búsqueda, lo cual le impidieron y ordenó efectuar maniobras con el yate hasta hallarlo. Media hora más tarde, se produce el rescate del expedicionario. Los sucesos relatados impidieron que El Granma llegara a las costas cubanas en la fecha avisada a Frank País.

Sobre la travesía, el expedicionario Fernando Sánchez escribió en su diario: “La pasé en la Popa, junto a Elmusa, que no dejaba de hacer chistes y prometernos que cuando llegara a Marianao haría un reportaje único de todo aquello.”

El 30 de noviembre en apoyo al presunto desembarco tuvo lugar el alzamiento en Santiago de Cuba. La ciudad fue envuelta en un baño de sangre y asesinatos ordenados por Batista. La acción motivó que el régimen no tuviera dudas de que el desembarco estaba próximo y sería en la provincia de Oriente

El desembarco se produjo el 2 de diciembre de 1956 por Las Coloradas, en Los Cayuelos, entre Punta Coloradas, al nordeste, y Punta Purgatorio, al suroeste. Ya vacío el Granma fue capturado por militares batistianos, a 60 metros de la  orilla costera y sin combustible.

Entre los 82 expedicionarios, 21 participaron en los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953. Félix Elmusa fue uno de los expedicionarios de mayor edad, tenía 39 años, la misma edad que el Che cuando fue asesinado en Bolivia.

Una vez en la zona cenagosa, el avance se hizo muy difícil para los expedicionarios que presentaban fatiga por los embates del yate y el ayuno durante los días de travesía. Elmusa  era el más grueso, cargaba una pesada mochila, una ametralladora y le dolía el brazo izquierdo lastimado por el accidente en México.

En las página 154-55 del libro El quinto expedicionario, se inserta el siguiente fragmento de  un testimonio de Ramiro Valdés con relación al momento preciso del desembarco del Granma: “Recordamos en aquel instante al Che, a Raúl y a René Rodríguez. El entrenamiento fue fuerte, pero caímos en un infierno de fango, mangle, diente de perro. Fue muy duro y agotador llegar a tierra firme…”

Por otro lado, página 158, hallamos el testimonio de Pablo Díaz: “Cuando desembarcamos en Las Coloradas detrás de Fidel, a mi lado está Elmusa (…) al llegar a terreno sólido, vimos que se encontraba cubierto de una capa de fango, hasta la cintura. Para moverse mejor, se cortó los pantalones, casi a la altura de las rodillas (…)

“Le llamo la atención y me dice que los pantalones le pesan mucho (…) recibe mil cortadura en las piernas por eso, y dan origen a las llagas, de las cuales tiene el Che Guevara que ocuparse.

“Yo soy en ese momento Intendente encargado del suministro y Felito uno de mis ayudantes.”

Mientras, Batista había dado la orden de impedir el ascenso de los expedicionarios a la Sierra Maestra y envió destacamentos bien armados a la zona aledaña al desembarco.

En la noche del 5 de diciembre, seis expedicionarios construyeron una pequeña trinchera, al término del trabajo cuatro son autorizados a descansar, entre ellos: Félix Elmusa.  De guardia quedaron Jimmy Hirtzel y Alfonso Guillén Zelaya. Al amanecer el grupo se adentró en el monte y se extravió.

Por la noche Luján, Hirtzel y Elmusa decidieron no descansar y continuar camino. Horas después los tres son apresados y llevados al puesto de mando del batey de Alegría de Pío, donde son amarrados a los árboles como están otros tres combatientes igualmente capturados.

Ante la primera y rústica tumba de Félix Elmusa Agaísse aparecen sus padres, Essad y Lucia, y entre ellos está el expedicionario Pablo Díaz, jefe inmediato de Felito en el estado mayor de la expedición.

Anocheciendo, 8 de diciembre, los seis revolucionarios, con las manos atadas a la espalda y a punto de deshidratación, son conducidos en una camioneta hasta un intricado sitio del bosque. Obligados a estar de pie, frente a los faroles del carro, fueron acribillados por quince militares. Félix Elmusa murió llevando en un bolsillo el carné que lo acreditaba como periodista colegiado.

Posteriormente, los cadáveres fueron depositados a la la entrada del cementerio de Niquero, mientras algunos soldados cavaban una zanja donde serían tirados juntos con otros expedicionarios, también recién asesinados. Pero vecinos de Niquero, entre ellos el padre de Jimmy Hirtzel, impidieron que los jóvenes fueran enterrados como bestias y lograron que se les colocara en sarcófagos. En total, 17, quedaron sepultados el 9 de diciembre de 1956.

Más de dos años estuvieron los restos en el cementerio de Niquero, hasta el traslado el 8 de febrero de 1959 al Salón de los Pasos Perdidos en el Capitolio, donde la máxima dirección del gobierno revolucionario y el pueblo de la capital de Cuba les rindieron homenaje póstumo. El martes 10, fueron inhumados en el cementerio de Colón.

Juan Almeida consideró padre a El Moro y sobre el recibimiento que en México le ofreció en su condición de Intendente, escribió: “Nos recibe Elmusa, el periodista, hombre grueso, más bien alto, que tiene más de 35 años y se comporta con nosotros con mucha bondad y cariño, como un padre con sus hijos.”

Versión de la biografía, por Ángela Oramas Camero

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