Para Cuba, 2016 está siendo un año extremadamente tenso en su
industria del turismo. La isla se vio obligada a encarar un cúmulo
de retos derivados de la necesidad de responder a una demanda
sorpresivamente elevada de visitantes por efecto de la coincidencia de
una serie de factores que convirtieron al país en vedette absoluta de
la industria del ocio en el Caribe y destino “de moda” a escala
mundial, con la visita sucesiva de un buen número de celebridades
diversas, incluyendo la del Presidente de Estados Unidos con su
familia, que concitó una inmensa publicidad.
Paradójicamente, la gigantesca campaña contra Cuba que ha mantenido el
gobierno estadounidense con apoyo de todos los recursos de sus
agencias de espionaje y subversión, con la abierta complicidad de sus
satélites del capitalismo en todo el mundo durante siete décadas
-reconocida como la más intensa, prolongada y costosa campaña
difamatoria contra cualquier nación en la historia del planeta-
contribuyó a la intensificación de la curiosidad mundial por conocer
ese pequeño país y su pueblo tan persistente y decidido a darse su
propio destino pese a un contexto mundial tan hostil.
Factor básico del éxito repentino ha sido, obviamente, el desarrollo
sostenido de la industria del turismo diseñado por el gobierno cubano
desde hace algo más de una veintena de años a fin de hacer frente a
los efectos del aun vigente bloqueo económico impuesto por Estados
Unidos a Cuba, agravado éste por la desaparición de la Unión
Soviética, bastión solidario en el terreno económico de la resistencia
de los cubanos frente a los embates de la política imperialista de
Washington.
A fines de diciembre de 2015 se conoció que, en el curso de ese año,
el total de visitantes a Cuba había superado la cifra de tres millones
y medio, por mucho la más alta en la historia del país, con un
crecimiento respecto al año anterior que igualmente constituía record
histórico.
Este resultado se obtuvo no obstante el hecho de que Cuba sigue siendo
el único país del mundo a donde los ciudadanos de Estados Unidos, -que
son la cantera natural y tradicional de los visitantes a la Isla por
razones tanto geográficas como históricas-, han tenido prohibido por
el gobierno estadounidense, desde hace medio siglo, viajar como
turistas.
Es cierto que esta prohibición comenzó a presentar fracturas cuando
Estados Unidos proclamó una política que llamó de “pueblo a pueblo”
porque su objetivo era permitir a ciertas categorías de ciudadanos
suyos visitar a Cuba en el supuesto que con ello estimularía el éxodo
de cubanos de su país al conocer las “bondades del capitalismo”.
Cuba aceptó el reto, aun conociendo sus torcidos propósitos, con la
certeza de que ello daría oportunidad para desmontar –por conducto de
esos viajeros excepcionalmente autorizados- las falsedades de la gran
campaña de desinformación sobre Cuba y hacer de esa política “pueblo a
pueblo” un boomerang contra sus promotores en Washington , como así
resultó en efecto.
Este crecimiento repentino de las llegadas internacionales no se ha
debido solo al incremento de los visitantes norteamericanos
–excepcionalmente autorizados por Washington a hacerlo mediante
permisos especiales previstos para doce categorías de ciudadanos de
Estados Unidos. Además de cierta flexibilización en la aplicación de
estos requisitos a tenor del anuncio de la visita oficial de Obama a
Cuba, también se han registrado importantes crecimientos de viajeros
procedentes de Canadá, Europa, Asia y América Latina.
Pero el fenómeno de la aceptación del producto turístico cubano de
manera tan amplia ha traído consigo muchas evidencias de carencias en
la infraestructura del sector en la isla, tanto en capacidad hotelera
como en transporte y distribución de alimentos, calidad de los
servicios, carencia de algunos abastecimientos imprescindibles para el
desenvolvimiento de una industria que demanda muchos servicios
singulares para sujetos que son consumidores muy exigentes.
Según Zane Kerby, presidente de la Sociedad Americana de Agentes de
Viajes (ASTA, por sus siglas en inglés) “al menos dos millones de
estadounidenses más podrían visitar Cuba en 2017, si finalmente el
Congreso vota por levantar las restricciones vigentes.
Para manejar este incremento en un sector que justamente se identifica
como locomotora de la economía y ahora se enfrenta a nuevos retos
derivados del complejo escenario internacional, La Habana y
Washington, han decidido restablecer sus nexos diplomáticos no
obstante la persistencia de sus grandes diferencias políticas y de
principios.

Fuente:
http://manuelyepe.wordpress.com/

Ver además

Prioridad en la Tarea Vida: la bahía de La Habana

Para elevar en La Habana Vieja la percepción de riesgos, representantes de diferentes organismos, instituciones