Eduardo Diez Mesa, técnico de guardia, realiza un análisis del último movimiento telúrico en la estación sismológica Río Carpintero, situado en las estribaciones de la Gran Piedra, a 13 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba.
Eduardo Diez Mesa, técnico de guardia, realiza un análisis del último movimiento telúrico en la estación sismológica Río Carpintero, situado en las estribaciones de la Gran Piedra, a 13 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba.

Por estos días, sucesivos alardes sísmicos marcan impredeciblemente el tiempo de Santiago de Cuba, Guantánamo, Granma, Holguín y territorios adyacentes. Pero la noticia, el epicentro de cada sacudida, es también el tino y la sensatez con que allí se blindan el coraje y la entereza.

“Hay mucho nervio a flor”, sentenció un desbocado cronista. Y lo argumentaba: “Desde que nací, escucho que vendrá “uno grande”; pero aquí seguimos tenazmente, subiendo y bajando las empinadas calles”.

Y en los “sismógrafos” de la comunicación, hay que reconocer la belleza telúrica, la información fraterna y el sondeo hasta las entrañas por parte de los periodistas santiagueros.

Ellos, sin esperar señas ni viejas y centralizadas notas oficiales, y soltando el lastre de escenografías retóricas, han tomado plazas y parques. Y comparten el insomnio y la suerte de los pobladores, que concilian un beligerante sueño bajo las estrellas.

La Presidencia de la UPEC , y los periodistas todos de este país solidario hasta en sus capas tectónicas, viven la réplica de cada estremecimiento en Santiago, la grandeza de su pueblo y la devoción de esos guerreros de la información, que pulsan allí el duelo entre los caprichos de la Naturaleza y las resoluciones humanas.