Una de las actividades del Encuentro nacional de la crónica, en Cienfuegos (Foto: Dorado)

Reino de los eventos pese a su paradójica condición de nación pobre tercermundista bloqueada, en Cuba existen miles de ellos. Tantos, que en cierta ocasión un articulista japonés (donde tienen otro reino: el de no perder el tiempo) nos cogió para “punto” en su periódico tokiota.

Están arropados bajo diferentes mantos, vienen bajo el auspicio de innumerables organizaciones y cuentan con intereses diversos que van desde una necesaria retroalimentación científico o académica hasta la mera excusa para alejarse de la rutina habanera y practicar, “monte adentro”, algunas libaciones u otras “descargas” del crepúsculo al amanecer. Aun sin perder de brújula el “hecho moral” -sin dudas tendente a la congestión-, de que si determinada institución carece de uno “pierde legitimidad”, si instituyésemos el Año de la Depuración de Eventos, al equipo de auditores del tiempo perdido que le encargásemos la colosal tarea deberíamos conferirle a posteriori la Medalla del Honor.

Mas -de igual modo- existen numerosos certámenes pertinentes, los cuales contribuyen a enriquecer las dinámicas creativas de sus escenarios de expresión, por cuanto movilizan las ideas colectivas en camino de ozonizar estructuras maltratadas por formas romas o extemporáneas de apreciar los fenómenos, en dirección proclive -cuando menos- al anquilosamiento o a un manierismo formo-conceptual delator de solo atisbos de conocimiento en maneras e ideas de establecer el abordaje del asunto enfocado en dichas citas.

En tal comarca habita nuestro Encuentro Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre, organizado por la delegación provincial de la Unión de Periodistas de Cuba desde hace diez años. Fortuna de nuestro ámbito, pudo sobrevivir, a diferencia del Concurso de Periodismo de Opinión Carlos Rafael Rodríguez, el cual este redactor ganó dos o tres veces en los superados tiempos cuando aun mandaba trabajitos a competir ante los ojos de un jurado, y cuya resurrección podría considerarse, dado el nombre, el hombre y el tema.

A los eventos, con vidas diferentes a los de los hombres o los animales no pensantes, no ha de medírsele igual. Uno que alcanza el decenio -sin estancamiento, consolidado y exitoso- cual el “Miguel Ángel de la Torre”, ya usa pantalones largos una vez transcurrido tal lapso.

La madurez de dicha reunión profesional ha quedado refrendada en las ediciones más cercanas y especialmente en la recién concluida aquí, con la presencia de destacados cultores nacionales y locales de un género periodístico, el cual quizá dada su buena relación solo con ciertos teclados, en los predios internos no poseyó muchos defensores institucionales que digamos a través de la época post revolucionaria de existencia de medios territoriales.

En razón de ello, precisa el respaldo moral, organizacional, del gremio, está bien; pero además del cuerpo de pensamiento (esto es la supraestructura volcada o al menos interesada en su desarrollo, que no lo vea solo como “una cosa de la UPEC”) y un apoyo económico más marcado a niveles nacionales y de padrinos poderosos locales, sin que ello vaya en desacato de los planes establecidos en los sacrosantos presupuestos anuales. No debe coincidir su realización con eventos de gran peso cultural, por ende mediática, como Visuarte: coincidencia fruto de la casualidad y no de la intención, aunque subsanable, de cotejar la agenda cultural del último trimestre del año.

Ahora bien, lo fecundo a ver y destacar estriba en el sedimento gnósico, intelectivo, profesional de la cita cienfueguera, donde si alguien gana es el periodista, quien de forma activa o pasiva interviene en los encuentros teóricos, talleres y conferencias que a la altura de la décima edición aun aportan facetas desconocidas de la vida/obra de Miguel Ángel de la Torre o regalan riquísimas charlas en torno a las crónicas vidas de cronistas de Enrique Núñez Rodríguez o Héctor Zumbado e implican a la audiencia en la certeza de que no solo es posible sino imperativo escribir mejor, de forma más amena, inteligente, culta, atrapante; menos rudimentaria, escolástica, ortopédica, laxa.

O sea, para delimitar lo anterior, una frontal lucha de antinomias entre cuanto viene a ser la excepción contra la regla del periodismo cubano.
He ahí, en iluminar zonas de sentido en el afán de sobrepasar esa hamletiana disyuntiva entre redactar bazofias o firmar textos perdurables (solo el reporterismo noticioso es efímero) radica el mayor aporte del Encuentro.

Por Julio Martínez Molina

Tomado de www.5septiembre.cu

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