intervencion-de-rene-gonzalez-barriosEs deber de los historiadores incursionar en el periodismo. La historia debe ser divulgada y llevada a las multitudes.

Con el título La Historia y los medios audiovisuales. Una mirada desde Cuba en el 2015, René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba, inició su intervención en el Palacio de las Convenciones de La Habana, donde tiene lugar la segunda edición de la Convención de Radio y Televisión de Cuba 2015. Expo-Feria Internacional, organizada para la promoción, cooperación y comercialización de productos y servicios, a la cual asisten 300 delegados cubanos y 100 extranjeros.

A continuación ofrezco una versión del discurso pronunciado por González Barrios, quien calificó de gran importancia la labor del periodista especializado en temas de la historia y por devenir en cronista del quehacer social, cultural y político al reflejar en los diferentes medios de prensa los sucesos trascendentales de la contemporaneidad.

Expresó de cómo es frecuente escuchar hoy en cualquier rincón del planeta, la frase de que Cuba está de moda. Enfatizó que aceptar como válida esa afirmación, sería simplificar la rica historia de un pueblo en Revolución, y puso el ejemplo la noticia, envuelta en el matiz de moda, acerca de que los presidentes de nuestro país y de los Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama, respectivamente, anunciaran, el pasado 17 de diciembre, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países. Y, amplió su opinión:

“No es que los cubanos disfruten con eso de estar de moda. Lo cierto es que desde mucho antes del 1ro de enero de 1959, Cuba ocupó titulares en las primeras planas de la prensa internacional, al emprender una revolución popular contra el genocida gobierno del general Fulgencio Batista; y tras esa fecha, por desplegar sólida y firme, una revolución antiimperialista, socialista e internacionalista, a solo 90 millas de los Estados Unidos.”

Tras referir los sacrificios y la voluntad de victoria de Cuba ante adversidades y agresiones de todo tipo, recordó como la noticia que profundamente estremeció a los cubanos el 17 de diciembre, fue la del retorno a la Patria de los tres héroes prisioneros injustamente en Estados Unidos por combatir el terrorismo.

A renglón seguido destacó: “Cincuenta y siete años de Revolución acumulan un caudal de historias de impacto universal que han marcado un hito en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Cuba se ha erguido como ejemplo de dignidad y resistencia, sobre todo al sobrevivir con la frente en alto, sin ceder un ápice de soberanía, las agresiones militares, económicas, diplomáticas, culturales, etc., de la más poderosa nación imperialista que recuerde la historia.

“Quizás por todo ello, el actual mandatario de la Casa Blanca haga tanto hincapié a los cubanos en olvidar la historia y borrar el pasado. Así lo manifestó en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, el 17 de abril de 2009, cuando los líderes del continente le exigieron la presencia de Cuba en estos cónclaves. Allí expresó:

Para avanzar, no podemos permitirnos ser prisioneros de pasados desacuerdos. No he venido aquí para debatir el pasado. He venido aquí para enfrentar el futuro. Creo, como algunos de los anteriores oradores han declarado, que debemos aprender de la historia, pero no podemos quedar atrapados por ella.

“Este llamado ha persistido en los miembros del gabinete Obama, como si para los cubanos borrar el pasado ignominioso de injerencismo estadounidense, fuese una sencilla operación matemática. Cabría recordar aquí el testimonio de Earl T. Smith, embajador de Estados Unidos en Cuba durante la dictadura de Fulgencio Batista, quien al triunfar la Revolución testimonió ante el Senado norteamericano:

Hasta Castro, los Estados Unidos eran tan abrumadoramente influyentes en Cuba que el embajador americano era el segundo hombre más importante, a veces más importante que el Presidente cubano.

“En las actuales circunstancias, EEUU despliega contra Cuba una bien hilvanada y sutil campaña de desmontaje cultural, con la historia como primer objetivo. El fin último es la introducción en los jóvenes cubanos de gérmenes de duda y desconfianza en la dirección de la Revolución, su liderazgo histórico y la pureza del proceso revolucionario”.

Al entrar de lleno en el rol del periodista especializado en Historia, el Presidente del Instituto de Historia comenzó por el comentario: “El escenario virtual, junto a la guerra mediática, se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la guerra ideológica y cultural. De ello dan fe las revueltas de las llamadas revoluciones de colores en las ex repúblicas soviéticas, las “primaveras” del Norte de África, el actual conflicto en Siria, la subversión en Venezuela, Ucrania, y la permanente campaña de desmontaje de nuestra historia emprendida por el gobierno de EEUU.

“En el caso de Cuba, al nuevo teatro de operaciones con sus sofisticados medios tecnológicos, se une las actuales circunstancias en que se desarrolla el proceso revolucionario, signado por tres elementos fundamentales: longevidad de la revolución y su liderazgo histórico, con sus múltiples aciertos y también sus desaciertos, hijos todos de la práctica revolucionaria, inevitables cambios generacionales en la dirección de la Revolución, desaparición del discurso beligerante y amenazante de los mandatarios estadounidenses respecto a Cuba, y modelación de un seudodiscurso de cooperación y diálogo”.

René González Barrios aseveró que más allá de la añeja polémica sobre cuánto hay de historiador en el periodista y viceversa, lo cierto es que, en la Cuba del siglo XXI, el debate es cada vez más apremiante y necesario. La prensa, o para más exacta definición, los medios de comunicación en sus diferentes formatos, son fuentes para los historiadores y a la vez, plataforma para la divulgación de la historia. A renglón seguido, resaltó:

“En Cuba, desde hace algún tiempo, el periodismo histórico es una categoría en concursos de periodismo y tema de convocatoria de los Congresos Nacionales de Historia. Sin embargo, esta práctica periodística ha sido poco favorecida por las investigaciones comunicológicas del país, de ahí que no exista una sistematización teórica que permita comprender las peculiaridades de su objeto de estudio.

“Por otra parte, según expertos, la especialización en el periodismo se ha convertido en una tendencia en el mundo de hoy, por ello la importancia de una mirada al periodismo de temas históricos como una práctica periodística especializada.

“La práctica del periodismo por historiadores fue una constante en la primera mitad del siglo XX. Destacados y reputados intelectuales cubanos, muchos de ellos historiadores de oficio, no de carrera –abogados, médicos, psicólogos, pedagogos y militares–, recrearon en las páginas de los principales diarios y revistas, la historia del país.

“El abogado e Historiador de la Ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring, escribía para las revistas Carteles, Gráfico y Social. En esta última, bajo el seudónimo de Cristóbal de La Habana. Así en 1942, en la inauguración del Primer Congreso Nacional de Historia, Roig exponía la importancia de socializar la ciencia histórica y difundir el conocimiento de la historia más allá del círculo de los especialistas.

“Pueblos como el cubano -decía entonces-, de integración nacional no lograda plenamente, requieren de un conocimiento más exacto y comprensivo de su historia, para mejor descubrir en el pasado, más o menos remoto, las raíces de sus males, crisis y dificultades presentes, con vistas a un futuro de estabilidad, progreso y engrandecimiento.”

En opinión del Presidente del Instituto de Historia de Cuba, es deber de los historiadores incursionar en el periodismo. La historia debe ser divulgada y llevada a las multitudes para que estas la conozcan, analicen, interioricen y debatan. El historiador no debe contentarse con la publicación de libros y documentados para especialistas. La historia en la prensa, llámese escrita, radio, televisión o digital, genera el necesario intercambio pueblo-historiador, del que ambos se retroalimentan.

Añadió que en la era del desarrollo de las infocomunicaciones, el discurso especializado debe adecuarse a los públicos con todo el rigor que la ciencia exige, y la frescura de pensamiento que las jóvenes generaciones demandan.

Generalmente, a la hora de evaluar los impactos de la historia en los medios audiovisuales, los especialistas se debaten en dilucidar las interrogantes: ¿Hasta qué punto el audiovisual permite entender la Historia de manera seria y rigurosa?¿Cuál es el valor histórico del audiovisual como documento o testimonio histórico?¿Hasta dónde el audiovisual logra la cientificidad por sobre la propaganda política?

González Barrios advirtió: “Debemos tener en cuenta que el audiovisual tiene códigos y lenguajes propios, y que el conocimiento histórico que trasmite, viene dado en la capacidad del realizador en seleccionar y distinguir los elementos fundamentales de la historia que narra. De hecho, el audiovisual puede convertirse en herramienta insustituible para la enseñanza de la historia y en documento histórico de obligatoria consulta.

“Dadas las peculiaridades del momento histórico que hoy vive la Revolución Cubana, el estudio de la historia de la nación se torna imprescindible en pos del futuro y el audiovisual en una efectiva arma de combate (…). En la carrera de USA por ganar corazones y mentes para el sueño americano, toca a los periodistas, realizadores y comunicadores de nuestros pueblos, levantar alternativas originales y autóctonas que con rigor, calidad y frescura de lenguaje, nos identifiquen y enorgullezcan de nuestras raíces”.

El Presidente del Instituto de Historia de Cuba finalizó su discurso con la convicción de que en el caso de Cuba “la historia es hoy el más seguro sostén ideológico de nuestro proyecto nacional. Ella se yergue como arma e instrumento de maestros, políticos y ciudadanos, para el afianzamiento de la identidad nacional y sus más genuinos valores.

“En el estudio y conocimiento de nuestra historia política, social, científica, económica y cultural, descansa el porvenir de la nación. Utilicemos las bondades tecnológicas de la época que nos ha tocado vivir, para legar a las actuales y futuras generaciones una historia a la altura de sus expectativas”.

Por Ángela Oramas Camero

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