Porque es preciso que los visitantes a Cuba de todas partes del mundo sepan la verdad, expondremos algunos aspectos fundamentales, a modo de relato breve de una historia larga, que han caracterizado estas relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Toda fuente objetiva permitirá darles su merecida autenticidad.Visitors, don´t forget it

Mucha gente en el mundo piensa que el diferendo entre Estados Unidos y Cuba es producto del triunfo de la Revolución Cubana y la declaración de su carácter socialista. Algunos pueden considerar que se trata de las consecuencias de las medidas aplicadas por el Gobierno cubano, o la naturaleza del sistema político, que han sido lesivas o han resultado de desagrado para Estados Unidos.

Después del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, Cuba ha dejado de ser una Isla prohibida, para ser una Isla permitida y reconocida. Aunque aún resta un periodo más o menos largo para que por fin se pueda afirmar que existen relaciones plenamente normales entre ambos países, ya ha venido ocurriendo un incremento de visitantes a Cuba, de todas las categorías, procedentes de los Estados Unidos, y de otras partes del mundo. Y es esperable, cuando los norteamericanos puedan viajar libremente a Cuba como turistas –algo prohibido hasta el momento-, que en un periodo más o menos corto, comience la verdadera “arribazón”.

De ahora en adelante se producirá un intercambio plural, variopinto y necesario entre esos visitantes y la población cubana. Puede afirmarse que los cubanos seguirán siendo ellos mismos, con todo lo vivido y con sus quehaceres y los sueños de siempre, y quizás con otros que se puedan concebir legítimamente y que no cambiarán esencialmente su ser natural y distintivo. Los cubanos seguirán siendo simplemente: “así”.

Lógicamente, en los intercambios se hablará del hoy y del mañana, pero nunca se podrá olvidar de hacerlo sobre el ayer, pues el pasado permite comprender los tiempos presentes y proyectar los futuros. Porque es preciso que los visitantes a Cuba de todas partes del mundo sepan la verdad, expondremos algunos aspectos fundamentales, a modo de relato breve de una historia larga, que han caracterizado estas relaciones entre Cuba y Estados Unidos, y que los cubanos pueden sustentar e ilustrar a nivel de los detalles. Toda fuente objetiva permitirá darles su merecida autenticidad.

En el siglo XIX, (1800‑1899), quedaron acuñadas por la historia estas verdades:

Durante todo el decurso del siglo, los Estados Unidos mantuvo la idea obsesiva de apoderarse de Cuba por distintos medios: invasión, compra, anexión; fue enemigo de la independencia de Cuba, y prefirió verla atada al yugo español, hasta esperar una oportunidad propicia para la obtención de sus fines anexionistas, esgrimiendo su política de “!a fruta madura”, pues reconocía la importancia estratégica y económica de la Isla; fue incapaz de reconocer los méritos extraordinarios de nuestros patriotas y de mirarlos con simpatía y, por tanto, de valorar en forma justa la gloriosa historia, y la larga y epopéyica lucha del pueblo cubano; previó y planificó la intervención en la guerra de independencia de Cuba contra España, en el momento y circunstancias que consideraron propicias para sus intereses y fines imperialistas; siempre actuó con hipocresía y falsedad, disfrazando sus reales propósitos de ambición y codicia; humilló al Ejército Mambí y al pueblo de Cuba, su aliado en la guerra contra España, con su actitud excluyente en la hora de la rendición española y de la firma del tratado de paz al concluir la guerra; sustentó su política con respecto a Cuba en un complejo arsenal ideológico que se fue nutriendo de un pensamiento discrimina­dor, prepotente, injerencista, expansionista, anexionista, imperialista, avasallador y franca­mente hostil.

Todo lo anterior se refiere a los gobernantes y a la clase dirigente de los Estados Unidos. Sin embargo, en determinados sectores del pueblo norteamericano, la lucha por la independencia encontró simpatía y apoyo, y algunos norteamericanos pelearon, e incluso murieron en los campos insurrectos de Cuba como integrantes del Ejército Mambí, cuyo ejemplo más insigne fue Henry Reeve.

En el periodo posterior a su intervención en la guerra de independencia de Cuba y el establecimiento de una neocolonia concebida a su imagen y semejanza, 1900 ‑ 1958 ), quedaron como irrebatibles estas verdades:

Estados Unidos prolongó el período de intervención en el país para crear las condiciones políticas y económicas que favorecieran sus propósitos de dominio, egoístas y aviesos, con respecto a Cuba y, a la vez, cerraba sus garras para apoderarse definitivamente de Puerto Rico, cuya causa independentista era parte también consustancial de la independencia cubana; inició sus espurios procedi­mientos legales, al imponer a Cuba una legislación (la Enmienda Platt a la Constitución cubana) que ataba a Cuba a los Estados Unidos y cohonestaba su dominio intervencionista, y esto lo mantuvo vigente durante 34 lacerantes años; planificó y ejecutó la creación de una neocolonia sometida a un proceso de americanización como parte de su política anexionista; usurpó con carácter permanente una parte del territorio nacional, la Base Naval de Guantánamo, para fines militares estratégicos, que aún ocupa a pesar de la oposición del gobierno y pueblo de Cuba; intervino en forma directa e indirecta en los asuntos internos del país; a través de los lazos económicos y comerciales favorables establecidos con Cuba, creó las bases para su dependencia, tutelaje, sojuzga­miento y explotación; apoyó y apuntaló a los gober­nantes retrógrados, corruptos y tiráni­cos que actuaban en contra del pueblo cubano, y se hizo cómplice de sus miserables desgobiernos, injusticias y crímenes masivos; durante todo ese lapso actuó siempre frustrando las aspiraciones, interfiriendo y dificultando las luchas, e impi­diendo generalmente lass victorias del pueblo… hasta un día: el primero de enero de 1959.

Durante el periodo revolucionario (1959 – ) emergieron estas verdades:

Estados Unidos no sólo trató de impedir el triunfo de la Revolución al brindar apoyo total al régimen dictatorial de Batista, sino que vio con malos ojos y empezó a actuar inamistosa y enemigamente ante las naturales medidas y las soberanas decisiones revolucionarias adoptadas por el Gobierno Revolucionario; guiado por su política injeren­cista inveterada y la concepción de considerar a la América Latina como su traspatio, estableció tempranamente su política e instrumentó las accio­nes diversas encaminadas a la destrucción de la Revolución, brindando su respaldo absoluto a sus aliados destronados del poder; adoptó las medidas unilaterales que fueran poniendo fin a todas las relaciones diplomáticas, consulares, económicas, comerciales, financieras, etc., establecidas con Cuba en el período anterior; aprovechándose de su influen­cia en América Latina y en el mundo, y de las circunstancias políticas contemporáneas, de guerra fría, impuso o quiso imponer el completo aisla­miento de Cuba y con ello la asfixia de su Revolución. El rompimiento forzado de las rela­ciones diplomáticas y económicas, el cese o dismi­nución de los niveles de intercambio de muchos países con Cuba, fueron reflejo de la política de bloqueo entronizado por Estados Unidos; utilizó todos los medios posi­bles, legales e ilegales, directos o indirectos, para socavar y derrotar el poder revolucionario. La invasión de Girón y la Crisis de Octubre y los cientos planes de asesinatos contra el líder máximo y otros dirigentes de la Revolución, son hitos de una larga histo­ria de agresiones contra Cuba; la demanda de indemnización del pueblo de Cuba al gobierno de los Estados Unidos por daños humanos ( 3478 cubanos fallecidos y 2099 incapacitados) y por daños económicos, asciende a una cifra descomunal, que ronda el billón de dólares; persistió, al igual que lo hizo con la Enmienda Platt, en su intento de establecer leyes sobre y contra Cuba (Ley de Ajuste Cubano, Ley Torricelli y Ley Helms‑Burton y otras enmiendas legislativas), como si la consi­derase parte de su territorio nacional, y no una nación independiente constituida, con derechos como los de autodeterminación y de soberanía y todos los otros inherentes a tal condición; ha afectado significativa­mente el desarrollo integral del pueblo de Cuba, en especial en el terreno económico, debido a las consecuencias originadas por el conjunto de medi­das que conforman el bloqueo y las innumerables agresiones, de todo tipo, adoptadas durante más de 55 años, y que están aún vigentes; obcecado por su resentimiento y ciegas pasiones revanchistas hacia la Revolución Cubana, no ha reconocido ‑no ha querido recono­cer‑ la colosal obra económico‑social desarrollada en el país, con éxitos que son indudables y asom­brosos ante los ojos del mundo y de las organizaciones internacionales de las Naciones Unidas (hasta ahora, a pesar del restablecimiento de relaciones con Cuba, es poco lo que le reconoce en estas esferas); con su política y acciones agresivas, ha ofendido profundamente el sentimiento patriótico del pueblo cubano, quien en defensa de su causa y de su obra, la Revolu­ción, ha dado muestra de resistencia, heroísmo y de espíritu de combate sin par, que lo ha conducido a victorias innegables en los ámbitos nacional e internacional; las luchas de la Revolución Cubana en todas sus etapas, enfrentando a una potencia tan terri­ble y colosal como EE.UU pueden ser calificadas como una verdadera leyenda del siglo XX y XXI y como una victoria permanente del pueblo cubano sobre lo imposible.

Referentes al pensamiento cubano sustentado durante los siglos XIX, XX y XXI cabe apuntar las verdades siguientes:

El pueblo de Cuba, representado por la mayoría de sus ciudadanos, asumió la indepen­dencia total como su aspiración suprema e irrenunciable, una vez que se conformaron su nacionalidad y su carácter de nación; jamás aceptó la idea anexio­nista de Estados Unidos, el Sueño Americano, y de una minoría de cubanos justamente calificados por Martí como “tímidos…, irresolutos…, observado­res ligeros…, apegados a la riqueza…” ; el ideal de libertad e independencia de los cubanos, siempre ha estado ligado a su mejor obra en todos los tiempos: la Revolución; los dirigentes verdaderos del pueblo cubano, desde el surgimiento de la República de Cuba en Armas, hasta el presente, han sostenido un mismo ideario político independentista frente a Estados Unidos, y le han sabido dar continuación, enriquecer, desarrollar y sembrar en el corazón y la mente de todo el pueblo; los cubanos han asumido con abnegación y optimismo sus destinos y sus luchas contra enemi­gos terribles y colosales, convencidos de que sus razones y su constancia les permitirán siempre alcanzar la victoria.

Es importante subrayar en torno a los aspectos conclusivos enumerados, uno que los preside a todos: el pueblo cubano ha sabido calibrar, en todos los tiempos, la diferencia existente entre los gobiernos norteamericanos, ejecutores de la política injerencista e imperialista, y el pueblo estadounidense, tan noble como el mismo pueblo cubano.

La Cuba del presente, consecuente con su gloriosa y larga historia, resistirá y enfrentará, en las nuevas circunstancias económicas y políticas, al aluvión hegemonista de Estados Unidos y alcanzará al fin la victoria, con el esfuerzo propio y la solidaridad del mundo, manteniendo incólume su voluntad soberana de construir el socialismo y garantizar su irreversibilidad. El reto de asumir la defensa de Cuba y su Revolución en la etapa presente y en una futura etapa de relaciones normales con Estados Unidos, probará la entereza y lealtad del pueblo que ha sufrido durante dos siglos las embestidas más increíbles contra su soberanía y libre determinación. Y ojalá que la actitud y la política de los gobiernos norteamericanos del futuro, a partir del actual restablecimiento de relaciones entre los países y, por tanto, el reconocimiento del gobierno de Cuba, se despojen de la herencia nefasta de las intenciones de apoderarse o cambiar o regir los destinos del pueblo cubano, iniciando una etapa histórica de trato respetuoso y de vínculos que puedan calificarse de amistosos. Ojalá…ojalá…y ojalá.

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