Mariana en la mirada de José Martí

Según se ha podido comprobar en el Libro de Bautismos de Pardos y Morenos, de la Parroquia de Santo Tomás Apóstol, Mariana Grajales, la madre de los Maceo, nació en Santiago de Cuba, el 12 de julio de 1815, por lo que arribamos ya al bicentenario de su natalicio.
Hija de mulatos libres, sufrió la discriminación característica de la época. Se casó con Fructuoso Regüeiferos, con quien tuvo cuatro hijos. En 1840 enviudó y tres años después, se casó en segundas nupcias con el campesino cubano Marcos Maceo (1808-1869), licenciado del batallón de pardos del ejército español, en Santiago de Cuba. De esta unión nacieron Antonio, José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás y Marcos, además de Baldomera y Dominga.

Dos días después del alzamiento de Céspedes, reunió a su familia y les hizo jurar a todos, sobre un crucifijo, que lucharían hasta la muerte por la libertad de la Patria. Según contaba María Cabrales, la esposa de Antonio -en carta a Francisco de Paula Coronado, fechada el 6 de mayo de 1897-, aquel día, Mariana les dijo: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”.1 Y así fue: su esposo y todos sus hijos, incluidas las mujeres, participaron en nuestras guerras libertarias y, tras treinta años de lucha, solo sobrevivieron dos -Tomás y Marcos-, con sus cuerpos llenos de cicatrices.

En la estirpe de titanes creada por esta valiente mujer cubana, descollaron bravos guerreros entre los que sobresalen Antonio y José, mayores generales, y Rafael, general de brigada, a pesar de que se incorporaron a la guerra desde la posición de simples soldados: combate a combate, cada uno de ellos fue alcanzando a fuerza de coraje sus grados militares.

La propia madre -con 53 años de edad- se lanzó a la manigua y curó heridos en los hospitales de sangre, donde, además, arengaba a los convalecientes para que se reincorporaran a la lucha una vez restablecidos. Mariana permaneció en la manigua durante toda la Guerra de los Diez Años.

Cuentan que Marcos Maceo, herido de muerte en la toma de San Agustín, el 14 de mayo de 1869, pidió que le dijeran a Mariana que había cumplido con ella.

Resulta muy conocida la anécdota que tuvo lugar cuando Antonio sufrió su primera herida de guerra en el combate de Armonía, el 20 de mayo de 1869. Ese día, en medio del dolor familiar, Mariana le dijo a Marcos, el más pequeño de sus hijos: “Empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria, como tus hermanos”.

Como madre, Mariana supo inculcar a sus hijos responsabilidad, disciplina, valor y un profundo amor a la patria, a la libertad y a la justicia; pero como mujer y mambisa, sufrió en carne propia las dificultades y escaseces de la guerra, la cercanía de la muerte y el dolor de la pérdida.

Según el historiador José Luciano Franco, una vez firmada la paz del Zanjón, desde la serranía guantanamera, Mariana alentaba la rebeldía de Antonio, que se concretó en la histórica Protesta de Baraguá, símbolo de la intransigencia de nuestro pueblo, hecho del cual Martí expresó que era “de lo más glorioso de nuestra historia”. Antes de partir de Cuba, en misión asignada por el gobierno de la República en Armas, Maceo cuidó de la salida de su madre y otros familiares: así Mariana, sus hijas Baldomera y Dominga, María Cabrales y otros miembros de la “tribu heroica” pudieron emigrar hacia Jamaica, donde se radicaron.

Precisamente allí la visitó Martí en 1892 y vibró de emoción con los relatos de la guerra que le hizo la viejecita, que ya por entonces contaba con ochenta años de edad. Cuando murió, el 27 de noviembre de 1893, el Apóstol habló de ella en Patria en dos ocasiones. El 12 de diciembre de 1893 escribió: “¿Su marido, cuando caía por el honor de Cuba no la tuvo al lado? ¿No estuvo ella de pie, en la guerra entera, rodeada de sus hijos? ¿No animaba a sus compatriotas a pelear, y luego, cubanos o españoles, curaba a los heridos?” Y luego, el 6 de enero de 1894, expresó con inmensa ternura: “¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?”2

En este último texto titulado “La madre de los Maceo”, el propio Martí relata la anécdota tan referida: “Fue un día en que traían a Antonio Maceo herido: le habían pasado de un balazo el pecho: lo traían en andas, sin mirada, y con el color de la muerte. Las mujeres todas, que eran muchas, se echaron a llorar, una contra la pared, otra de rodillas, junto al moribundo, otra en un rincón, hundido el rostro en los brazos. Y la madre, con el pañuelo a la cabeza, como quien espanta pollos, echaba del bohío a aquella gente llorona: ‘¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas!’ […] Y a Marcos, el hijo, que era un rapaz aún, se lo encontró en una de las vueltas: ‘¡Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento!’”3

Según el historiador Felipe Pérez Cruz, “para el Héroe Nacional, entre las numerosas mujeres que jalonaron la historia del movimiento de liberación nacional cubano en el siglo xix, Mariana Grajales Cuello fue síntesis y esplendor. Martí vio en Mariana el símbolo de todo el heroísmo y la entrega de la mujer patriota, era sin dudas la Madre de la Patria”. 4 Sin embargo, llama la atención la polémica generada en torno a la designación de Mariana como tal; no —es bueno precisarlo—, porque se desconozcan sus méritos, sino por una insuficiente cultura, como bien afirma Pérez Cruz, en torno al Sistema de Condecoraciones y Títulos Honoríficos de la República de Cuba. Mientras se toma una decisión oficial al respecto, demos nuestro voto a tal designación y ofrezcamos nuestro recuerdo emocionado a esta mujer-símbolo del valor y el patriotismo de las cubanas.

No olvidemos que nuestro Martí cierra sus emotivas palabras sobre Mariana con la siguiente idea: “Patria en la corona que deja en la tumba de Mariana Maceo, pone una palabra:—¡Madre!”5

Notas
1 Cit. por Felipe de J. Pérez Cruz: “Mariana Grajales Cuello: Madre de la Patria”, en Rebelión.
2 José Martí: “Mariana Maceo”, en Obras completas, t. 5, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, p. 26.
3 ___________: “La madre de los Maceo”, en Obras completas, ob. cit.
4 Felipe de J. Pérez Cruz: “Mariana Grajales Cuello: ¿objeciones a su condición de Madre de la Patria?”, en edición.
5 ___________: “La madre de los Maceo”, en Obras completas, ob. cit.