Arango y Parreño, primer estadista cubano

Sin estar dotado del talento de la palabra, según su opinión, y los adornos que estas ofrecen al intelectual y hombre público, Francisco de Arango y Parreño ejerció gran influencia en su tiempo cubano y español, fue ideólogo de su clase y uno de los promotores del Papel Periódico de la Havana, en 1790.

Desde su juventud se destacó como orador y jurista, con argumentos convincentes que le abrieron las puertas al ascenso profesional durante el cual actuó como estadista cubano dentro del sistema colonial.

Arango formó parte de la comisión encargada de redactar y administrar el Papel Periódico, bajo el cuidado de la Real Sociedad Patriótica desde 1793; le correspondió su edición durante el mes de noviembre de 1797.

Ingresó a la Real Sociedad Patriótica de la Habana (1795), la que presidió en 1797 y1798 y luego fue socio de honor (1813).

Se le considera el primer ensayista cubano de temas socio-económicos, mediante la utilización de una prosa reflexiva de acentuado carácter instrumental o funcional. (1)

Desde1788 a 1835, sus escritos cubren 47 años de la etapa más compleja de la economía y sociedad de la Cuba colonial; incluyen informes oficiales, técnicos o políticos, presentados a la Metrópoli, y sus principales acciones. (2)

Abogó por la tecnificación del proceso productivo de la industria azucarera, la libertad del comercio de esclavos, el estudio en el país de la química, la física y la botánica, la traducción de libros extranjeros, y sobre todo, ocupar en el mercado mundial los espacios que antes de la revolución, ocupaba Haití.

Ya en 1792 presentó a Carlos IV (1748-1819), por medio de la Suprema Junta de Estado, en calidad de Apoderado General de la ciudad de la Habana, un detallado estudio al respecto en su Discurso sobre la agricultura de la Habana y medios de fomentarla, cuya profundidad sorprendió a sus contemporáneos. (3)

Este rey de España asumió el trono en 1788 a la muerte de su famoso padre Carlos III, cuando ya contaba 40 años; la política de sus ministros de mantener el llamado despotismo ilustrado influyó en Cuba con varias medidas a partir del mandato del capitán general y gobernador Luis de las Casas (1790-1796).

El Papel Periódico (1790) y la Sociedad Patriótica (1792) sirvieron de hogar intelectual a los denominados ilustrados criollos, entre ellos el economista Francisco de Arango y Parreño, el médico y profesor de filosofía Tomás Romay y Chacón (1764-1849) y el presbítero José Agustín Caballero (1762-1835), filósofo y teólogo.

A sus oyentes en la Real Sociedad Patriótica de La Habana, Arango exigió de su deber “una declaración formal para que aquí no se hable sino el lenguaje simple del agricultor corriente y que, excusando preámbulos y digresiones ociosas, nos acerquemos al hecho sin el menor rodeo y entremos a su análisis sin otro acompañamiento que el de la buena lógica y el exacto raciocinio”.

Según el ensayista Manuel Moreno Fraginals, sus escritos, geniales, a veces de un cinismo sin límites, inauguran una nueva prosa española y fue quizás el hombre de más sólida formación burguesa de todo el imperio hispano, incluso de la propia España. (4)

EL GENIAL ECONOMISTA Y POLITICO

Hombre brillante, perteneció a la llamada Generación del 92, de criollos que irrumpieron a la vida de la colonia en la última década del siglo XVIII y actuaron destacadamente en las primeras del XIX.

Francisco de Arango y Parreño llegó a este escaño por su talento y cultura, pero también debido a la situación que disfrutó desde la cuna.

Desde finales del siglo XVII, sus ascendientes Arango iban ocupando posiciones destacadas en el ejército, el ayuntamiento y la economía hasta convertirse en una de las familias más influentes de la sociedad habanera, entrelazadas con otras que también lo eran.

Su bisabuelo asturiano Pedro Arango Monroy, capitán de los Tercios de Flandes, se estableció en La Habana, en 1680, con el empleo de Contador Mayor del Real Tribunal de Cuentas; casó en esta ciudad el 20 de marzo de 1682 con Josefa Loza y Ramírez de Aparicio; y falleció también aquí el 21 de abril de 1695.

De sus numerosos hijos habaneros, José Arango Loza (1683-1748) –abuelo de nuestro ilustre personaje- fue capitán de milicias, síndico procurador general, alcalde ordinario y director de la Real compañía de Tabacos de la Habana.

El padre, Miguel Ciriaco Arango Meyreles (1730-1803), fue coronel de milicias, alcalde ordinario, aguacil mayor y VI Regidor Alférez Real del Ayuntamiento de la Habana, empleo que heredó de su hermano Manuel Felipe Arango Meyreles y pasó a su hijo Francisco de Arango y Parreño, el primero de septiembre de 1803.

Al asumir por herencia como VII Regidor Alférez Real del Ayuntamiento de la Habana, ya era síndico perpetuo del Real Consulado de Agricultura y Comercio, creado en 1795 por su recomendación y la de otros dos comisionados, presentadas separadamente.

En la Real Cédula, de 4 de abril de 1794, se señala que atendiendo a las particulares circunstancias que concurren en este esclarecido cubano, continuará indefinidamente en su cargo por voluntad del rey.

Esta institución oficial, fruto de la etapa de la política del despotismo ilustrado, era encargada de adoptar recomendaciones sobre el fomento de la riqueza del país y actuaba como tribunal de comercio en litigios de carácter mercantil.

Fue integrado por hacendados y comerciantes, elegidos cada dos años, mediante una junta de ambas clases, que presidía –a sugerencia de Arango- el Capitán General y, en su lugar lo hizo el Intendente General de Hacienda hasta 1841 (sucesivamente Valiente, Ramírez y Villanueva).

Andrés Jáuregui y Aróstegui (1767-1838) actuó de intermediario como la cara visible en negocios comerciales de Arango y Parreño; fue diputado a las Cortes de Cádiz, en 1810, y desempeñó también el cargo de prior del Real Consulado desde 1818 hasta su muerte.

ESCLAVISTA DE GUANTES BLANCOS

“Ya nadie niega ni duda que la verdadera riqueza consiste en la agricultura, en el comercio y las artes, y que si la América ha sido una de las causas de nuestra decadencia, fue por el desprecio que hicimos del cultivo de sus feraces terrenos, por la preferencia y protección que acordamos a la minería, y por el miserable método con que hacíamos nuestro comercio”, afirma Arango en su célebre Discurso sobre la agricultura de la Habana (1792).

El medio más oportuno para fomentar esa riqueza solo lo ve en la importación de los brazos necesarios mediante la libertad absoluta del comercio de negros, posición que expuso en un documento tres años antes. (5)

Notable resultó su viaje en 1794 desde España con el Conde de Casa Montalvo (Ignacio Pedro Montalvo y Ambulodi) por Portugal, Inglaterra, Barbados y Jamaica, con el propósito de estudiar la economía y desarrollo industrial y agrícola de estos países y colonias.

A instancias de Arango se introdujo en el país la caña de Otahití, más jugosa que la criolla; desarrolló también estudios sobre suelos y de nuevos modelos de centrales azucareros.

El ingenio La Nina, en Güines, propiedad de Arango y Parreño y del entonces Intendente de Hacienda Pablo José Valiente, fue uno de los mejores durante 40 años.

Consecuente con la evolución de su pensamiento económico, Arango presentó al Rey “el Informe sobre la condición de los esclavos en Cuba y urgente necesidad de la supresión del tráfico” (1828), o, sea, la eliminación de la trata que firmemente propone en 1832 en “Representación al rey sobre la extinción del tráfico de negros y medios de mejorar la suerte de los esclavos coloniales”; tres años más tarde se retiró de la vida pública para refugiarse en La Ninfa.

En esta última etapa de su vida se pronuncia por establecer un sistema de manumisión gradual de los esclavos, incrementar la colonización blanca y la búsqueda de mestizaje para la formación de intereses cubanos. (6)

El liderazgo de los esclavistas había pasado a manos del ultraconservador Conde de Villanueva Claudio Martínez de Pinillos (1782-1853), también habanero, presidente de la Junta de Fomento y superintendente de Hacienda desde octubre de 1825 hasta 1851.

Más de medio millón de esclavos (568 mil 273, el 61,38 por ciento) arribaron a Cuba durante 51 años de la expansión cañera (1790 a 1841), cuyo pico estuvo en la introducción clandestina de 237 mil 500 esclavos (1828- 1841).

Notas:

Historia de la Literatura Cubana. La colonia… Tomo I (páginas 82-83). Editorial Letras Cubanas, 2005.

Francisco de Arango y Parreño, Obras en 2 tomos. La Habana: Dirección de Cultura, Ministerio de Educación, 1952.

Historia del Pensamiento Cubano. Volumen I, Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales, 2004, págs. 176-208. Compilación de Eduardo Torres-Cuevas.

Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978.

Francisco de Arango y Parreño. Primer papel sobre el comercio de negros (1789). Historia del Pensamiento Cubano. Volumen I, Tomo II. Editorial de Ciencias Sociales, 2006, págs. 371-375.

Esclavitud y Sociedad (documentos) Eduardo Torres-Cuevas y Eusebio Reyes. Editorial de ciencias Sociales. La Habana, 1986.


Francisco de Arango y Parreño (1765 –1837)

Francisco de Arango y Parreño (1765 –1837)Abogado, economista notable, político, hacendado habanero y productor azucarero, fue en su momento, la figura máxima e ideólogo de la denominada sacarocracia criolla
(la burguesía esclavista).Hijo de Miguel Ciriaco Arango Meyreles y de Julia Parreño Espinosa, nació el 22 de mayo de 1765, en la Habana, donde falleció también el 21 de marzo de 1837; fue sepultado en
el cementerio general en la bóveda de los Beneméritos de la Patria.

Se casó en Madrid, el 30 de mayo de 1816, con Rita Quesada y Vial, natural de Santiago de Chile; ese año escribió Máximas económico-políticas sobre el Comercio colonial.

Estudió Humanidades en el Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio; en 1786 obtuvo el título de Bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo, de La Habana y se graduó de abogado en Madrid, en 1789.

Sus dotes de orador y destacados conocimientos de jurisprudencia le permitieron en dos ocasiones desempeñar la cátedra de Derecho Real de Prima en la Universidad, recién graduado de Bachiller, pero sus objetivos eran otros y no la docencia.

Su expediente de funciones oficiales se inicia al ser nombrado principal apoderado del Ayuntamiento de la Habana ante el gobierno de Madrid (1788), luego Oidor de la Audiencia de Santo Domingo (1793) y Oidor honorario de la Audiencia de México (1810).

En 1803 desempeño un delicado cargo diplomático en Haití y en 1816 lo incluyeron en una denominada Junta real para la pacificación de América.

También ejerció de superintendente director general de la Renta de Tabacos, vocal de la Junta de Censura, asesor del Tribunal de Alzadas, Ministro Honorario del Supremo Consejo de Indias y juez árbitro en la Comisión Mixta sobre la trata de esclavos (1819).

Intendente del Ejército y Subdelegado de la Real Hacienda (1824), al año siguiente tuvo la comisión de redactar un Plan de Reformas de los Estudios en Cuba.

Fue elegido diputado a Las Cortes ordinarias, en 1813, y con el objetivo de participar en las mismas, embarcó para España el 14 de julio, pero el proceso constitucional resultó abortado por el restablecimiento de la monarquía absolutista.

Asimismo, no llegó a asumir como Consejero de Estado (1820) debido al restablecimiento en España del régimen constitucional tras el pronunciamiento de Rafael del Riego.

Recibió las distinciones Gran Cruz de la Orden de Isabel la católica, Caballero pensionado de la Orden de Carlos III, Prócer del Reino y el título de Marqués de la Gratitud (1834), otorgado a petición del Ayuntamiento habanero.

Nunca reclamó la información de nobleza, presentada por su padre al Capitán General y al Cabildo, en 1772; ni llenó los requisitos necesarios, fiel a sus palabras en el Discurso sobre la agricultura de la Habana: “Los honores sólo deben otorgarse en mérito al talento y virtudes, y no por razón de cuna”.

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