COLUMNISTAS

Menos mal que tenemos tecnología y automatización

(Otra nota kafkiana)

Mucho hubiera querido el autor no dar ninguna continuidad a las “Tres notas kafkianas en tiempos de pandemia” publicadas hace casi dos años en este mismo sitio. Pero la vida es terca, o hay quienes se encargan de que lo sea.

Desde que va para un cuarto de siglo mi familia y yo nos mudamos para el apartamento donde sigo viviendo, el número de teléfono fijo en este ha sido el mismo, salvo los cambios puntuales hechos en la generalidad de las líneas para asegurar la conexión automatizada. Y pronto empezamos a recibir por él frecuentes llamadas de personas que se interesaban en comunicarse con la empresa Hayco, también en La Habana.

Esperábamos que tales llamadas cesaran, y desde que alguien nos dijo el número telefónico que propiciaba la confusión —solamente en un dígito difiere del número de teléfono de mi casa—, optamos por decírselo también a quienes llamaban erróneamente, y pedirles que se lo hicieran saber a Hayco. Pero las llamadas han continuado.

Ya decidí tomar directamente cartas en el asunto, y no limitarme a sugerirles a los clientes equivocados que le pidieran a Hayco hacer la debida rectificación. Llamé para ello al número de esa empresa que se parece al mío, y se consumó la llamada, por lo que no hay dudas de que allí disponen de dicho teléfono. Intenté trasmitir la queja, pero las respuestas que me dieron responsabilizaron siempre a ETECSA, por ser —eso reiteraron— la que les da mal el número a los clientes.

Ante ese hecho, llamé enseguida a ETECSA, y —dominando la impaciencia que ocasionan las reiteradas respuestas automáticas tipo “Lo sentimos, hay congestión en las líneas”— me comuniqué con representantes de ese organismo. El nombre de la segunda y hasta hoy última compañera con quien traté el asunto, y que fue amable, como la primera, lo grabé, ya henchido yo de dolor, en mi memoria.

Esa compañera, Marlén, me confirmó lo que me había dicho minutos antes la otra, y que me resultaba —me resulta— inconcebible: ese número no está entre los de Hayco registrados en la base de datos de ETECSA. Por tanto, no será allí donde les dan a los clientes el número equivocado, sino en Hayco. Pero quien esto escribe no tiene prueba de ello.

Ya parecía que todo se debía quedar en ese diálogo o nudo, y que el entuerto le tocaría deshacerlo, si acaso ese logro era posible, a la víctima —a mí—, o a las víctimas, pues quién sabe cuántas personas han perdido tiempo y gestión usando un número equivocado para comunicarse con la empresa de la que esperaban recibir un servicio determinado. Pero, ante mi insistencia, la atenta representante de ETECSA me aseguró que encaminarán la solución, la que está al alcance de esa institución. ¿Cómo? Pues con un simple mensaje de correo electrónico dirigido a quien allí atiende la mencionada base de datos, o lo que sea.

Quise que me facilitaran la correspondiente dirección de correo para escribirle por mi parte a quien maneja la llave mágica, y agradecerle su atención. Pero la respuesta fue que ese es un dato interno, y que internamente debe resolverse el problema que dura ya cerca de un cuarto de siglo. La reiteración de llamadas erróneas hechas a mi teléfono sugiere que no es cosa —al menos no siempre, ni la mayoría de las veces— de clientes desprevenidos o que andan por las nubes.

Aunque también es cierto que mientras disfruté del utilísimo y añorable servicio de correo de voz —que hace algún tiempo ETECSA interrumpió (lo informó así esencialmente) por insolvencia tecnológica— el mensaje que grabé para quienes quisieran dejar recados cuando no se les pudiera atender decía, con rotunda claridad, mi número y advertía que era de una casa particular. Pero nada de eso impedía que quien llamaba dejara recados para Hayco, o para incontables destinatarios y destinatarias más.

Incluso, alguien con voz de persona mayor se me hizo familiar por la cantidad de veces que llamó “a Hilda”. Como ya ha dejado de hacerlo, hasta me preocupa que ello se deba no a que finalmente se aprendiera el número correcto de Hilda, sino a que haya tenido algún trance infeliz.

Volviendo al tema central, en el logro anunciado por la compañera Marlén vale confiar. Sería otra prueba de que ya no tiene sentido recordar aquellos años en que se hizo risueña y dolorosamente popular una parodia: “En la guerra como en la paz mal tendremos las comunicaciones”. También significaría que los indudables logros dejan por completo sin base el escarnio —quizás a menudo mal intencionado— que traduce la sigla ETECSA como “Estamos tratando de establecer comunicaciones, sin apuro”. Algo que regocija comprobar que, en general, cada vez está más lejos de ser cierto.

Todo sea para bien del país, que tanto y por tantas razones, y con tanta razón, lo necesita y lo merece. ¡Amén! Y que desde su tumba nos perdone una vez más Franz Kafka la chilindrina según la cual el atormentado y vital autor de El proceso, La Muralla China y La metamorfosis sería entre nosotros, a lo sumo, un gracioso escritor costumbrista, émulo del también inmortal Héctor Zumbado.

Foto del avatar
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

One thought on “Menos mal que tenemos tecnología y automatización

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *