Fandanguillo
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De la guerra de España a Girón: ¡Fandanguillo!

A este hombre, nacido el 8 de enero de 1914, se le ha llamado de varias formas. El de la inscripción, Isidro Díaz Gener. A veces le decían el niño dulcero cuando debió dejar las aulas y vender golosinas, también periódicos, y limpiar zapatos por calles habaneras,  y así llevar algo al hogar.

Sube al ring para noquear la miseria, algo bastante más difícil que derrotar a los contrarios. Poco tiempo como aficionado y a cobrar por las trompadas. Actúa en cuadriláteros de Argentina, Portugal, Francia y España. Valentía y resistencia por encima de la técnica, rayo sobre el contrario. Welter conocido entre las cuerdas como Isidro Delgado, combate sin ambiciones de coronas mundiales. Su fin es no ser puesto a dormir por la miseria.

La sublevación de la derecha lo agarra en Barcelona donde se había casado en 1935. La situación hace renacer lo mejor de sus orígenes. En un bombardeo pierde a su esposa. El dolor no se le calma: impulsa su posición al lado de la República. Ofrece peleas de exhibición, baila fandango, torea en Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valencia, en busca de dinero para el frente. De ahí, los apodos nuevos: Fandanguillo y el Torero Cubano.

Desea enfrentar directamente al enemigo. Aunque fundador de las Milicias Antifascistas, lo consigue plenamente  al entrar en el Quinto Regimiento. Lucha en Alcañiz, Montalbán, Martín del Río, Belchite, Teruel… Al sobresalir, lo ascienden a teniente de ametralladoras en la columna Luis Companys. Batalla del Ebro: lo hieren en una pierna  Le salvan la vida, pero la lesión termina con su carrera atlética.

En enfrentamiento contra los fascistas es golpeado muy duro…demasiados errores de la izquierda: dogmatismo, desunidad, deslealtad, hasta ingenuidades…; la política traidora de la no intervención de Inglaterra, Francia y  Estados Unidos; el apoyo de los nazis y los fachistas italianos y de los negociantes- los monopolios al frente- de los llamados neutrales.

Retirada de los voluntarios internacionalistas. Después, caída de la República. Isidro sufre los rigores del campo de concentración de Argelés-sur-Mer; lo trasladan al de Gurs. ¡Esa es la neutratraición en el propio territorio galo! Francia será castigada: las botas alemanas mancharán sus calles. Mientras, Fandanguillo no recibe atención  médica.  Gusanos en su herida. La muerte puede atraparlo desde esa infección. Gracias a la solidaridad, él y centenares de sus compañeros retornan a sus hogares en mayo de 1939.

Las huellas de la laceración y de aquella reconcentración que recuerda a Weyler, no le permiten volver al cuadrilátero. Cierta persecución sobre él: los reaccionarios saben cómo piensa. Está desocupado; sobrevive con humildes labores por aquí y por allá. Al fin consigue un puestecito en el Departamento de Giro Postal de la Intendencia General de la República.

Aunque lo han nombrado de diversas maneras, solo ha mantenido un solo rumbo: hacia la virtud. No abandona sus relaciones con la gente de izquierda. Golpe del 10 de marzo de 1952. Renuncia a su empleo. Protesta romántica que no resuelve los problemas patrios, sin embargo muestra el alma del ex atleta. Colabora en acciones opositoras; renace su esperanza. Cuando esta deviene victoria, entre los fundadores de las milicias.

Pelea contra los invasores en Playa Girón. “Ahora sí que no pasarán me dije. Y no pasaron”. Integra la Policía Nacional Revolucionaria y, con posterioridad, es masajista en el Instituto Técnico Militar. Jubilado, termina sus días en Sagua la Grande, cuidado por unos  familiares. Varios nombres, sí, pero con la virtud de ser cubano de verdad.

 

 

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