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No nos resignamos a vivir sin Patria

No había cumplido José Martí 27 años de edad cuando pronunció su primer discurso en los Estados Unidos, en el cual reafirmó que los cubanos “no nos resignamos a vivir sin Patria”.

Fue el 24 de enero de 1880 en el Steck Hall, en la Calle 14 número 11, en la ciudad de Nueva York, ante numerosos emigrados cubanos, en algunos de los cuales crecía el pesimismo por la forma en que en 1878 había finalizado la Guerra de los Diez Años iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, sin independencia para Cuba ni abolición de la esclavitud.

El joven Martí, en ese célebre discurso se propuso animar a los emigrados cubanos a no cesar en la lucha por la independencia, no olvidar la proeza de quienes combatieron durante diez años, en difíciles condiciones, para poner fin a la dominación colonial española sobre Cuba.

Martí sabía de las heridas abiertas por la firma del Pacto del Zanjón, las divisiones y rencores que había sembrado en muchos buenos cubanos que ahora estaban desanimados y frustados, luego de una década de sacrificios y la pérdida de valiosos combatientes.

Habla a los emigrados con la pasión que siempre le animó en la lucha por la independencia de Cuba. Les dice que la Guerra de los Diez Años fue una gran experiencia y escuela para futuras batallas por la emancipación de Cuba.

La hora es de lucha por la libertad de la Patria, afirma José Martí, y agrega que la libertad cuesta muy cara y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.

El más universal de los cubanos finaliza aquel primer discurso en los Estados Unidos, hace 142 años, indicándole a los emigrados cubanos que es la hora de la lucha por la emancipación definitiva porque “antes de cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la Patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

Ese es el José Martí que luego de vivir mucho tiempo en los Estados Unidos, le dice a su amigo mexicano Manuel Mercado, en carta inconclusa escrita el día antes de su heroica caída en combate por la independencia de Cuba, el 18 de mayo de 1895: “viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

En esa carta, considerada su testamento político, José Martí argumenta su antimperialismo y su lucha “por impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”.

Por eso el gobierno de Estados Unidos debería no sólo levantar el cruel y prolongado bloqueo contra Cuba y devolver el territorio ilegalmente ocupado hace más de un siglo en Guantánamo, sino también cerrar, porque ofende a los cubanos, las ineficaces radio y la televisión Martí, que sin saberlo financian los contribuyentes yanquis desde el 20 de mayo de 1985.

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