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Pinochet y los nazis: de Hitler a Piñera

Una forma de acercarnos y ordenar al caos de las múltiples historias personales o familiares que, en su conexión a gran escala, conforman el devenir histórico de una sociedad, es estableciendo patrones, regularidades o tendencias, para desde esa base extraer conclusiones o caracterizaciones. Bajo esta lógica, es que podemos, pensando en cómo un grupo de familias que se refugiaron en nuestro país después de luchar en la Segunda Guerra Mundial (en el bando de Hitler), pudo afectar el desarrollo de nuestra vida nacional, revisar si estas, al tener un mismo origen, también tuvieron o tienen eventualmente otras similitudes, relativas a su visión de mundo o imaginario social. Y quizá esto, además, nos permita entender de dónde proviene y cuál es realmente el discurso de uno de sus herederos actuales, el que ahora apuesta, apoyado por algunas encuestas poco confiables y cuentas falsas en internet, por tomar el control de nuestro país: José Kast.

Partamos, entonces, por establecer un patrón (de cómo personas de un origen similar terminan, de una manera u otra, estando siempre cerca, encontrándose en los mismos lugares y conectándose para apoyar un mismo proyecto de sociedad).

El juez Karl Werner Paulmann y su familia ingresaron a Latinoamérica en la década de los cuarenta con la ayuda de la Cruz Roja, escapando de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Se instalaron primero en Argentina y dos años después en Chile, y tanto sus hijos como él generaron relaciones y se volvieron parte relevante de la vida nacional. De hecho, dos de sus hijos, Horst Paulmann Kemna y Jürgen Paulmann Kemnan, lograron, gracias a un presidente adicto a las concesiones y un grupo de diputados, entre los que se cuenta José Kast, la nacionalidad por gracia. Cabe destacar que cuando se expuso la sacrificada y ejemplar vida de estos inmigrantes emprendedores en el Congreso, se hizo énfasis en que el patriarca escapaba de su patria por haber sido solo un simple soldado de la Wehrmarcht. Sin embargo, esta versión del pobre soldadito inocente no era muy real que digamos.

Una investigación de “El Mostrador”, publicada el 22 de febrero del 2012, determinó, con documentación oficial, que esta persona horrenda era, en realidad, un ferviente militante nacionalsocialista y miembro de las Waffen-SS, el cual fue investigado judicialmente por su rol en múltiples asesinatos y por utilizar su cargo para esconder ejecuciones masivas de judíos durante el régimen nazi (investigación de la cual se salvó por haber muerto antes de su conclusión). Su familia ocultó a consciencia esta información.

Al menos uno de sus ilustres hijos, Horst Paulmann, quizá por influencia paterna, mantuvo el gusto por relacionarse con nacionalsocialistas. Winfried Hempel, abogado nacido en Colonia Dignidad, el 13 de julio 2016, a través de Radio Cooperativa, testimonió que no solo era normal ver a Horst paseándose con Paul Schäfer, sino que lo ayudaba a realizar campañas en pos de hacer un lavado de imagen de la colonia.

Paul Schäfer, miembro de las Juventudes Hitlerianas y enfermero de la Wehrmarcht (otro inocente soldado…), fue el fundador y líder de Colonia Dignidad, asentamiento alemán formado al inicio de los sesenta con la aquiescencia del presidente Jorge Alessandri (que años después se convertiría en colaborador de la dictadura de Pinochet como miembro del Consejo de Estado).

En ese lugar, donde Schäfer durante el régimen militar abusó sexualmente de niños, traficó armas y torturó y asesinó socialistas y comunistas, Jaime Guzmán impartió clases a los civiles que se convertirían en los principales cuadros del partido que nace como la expresión política del pinochetismo, la Unión Demócrata Independiente (UDI): Andrés Chadwick (primo de Sebastián Piñera) y Pablo Longueira, entre otros.

Al terminar la dictadura y asumir Patricio Aylwin como presidente, por las presiones a raíz de las distintas denuncias de los crímenes que se cometían en el enclave alemán, se les suspendió la personalidad jurídica. Sin embargo, Colonia Dignidad para seguir operando registró otra: Organización Comunitaria de Desarrollo Social Perquilauquén. El miembro N°279 de esta nueva máscara de las operaciones del monstruo Paul fue el ex-UDI y férreo defensor de Pinochet, Ignacio Urrutia Bonilla. Según informó el 09 de Julio del 2005 el medio La Nación, Efraín Vedder Venhoff (el que de niño que fue raptado por los colonos), declaró que Urrutia era muy cercano a Schäffer.

Ignacio Urrutia hoy es militante del Partido Republicano (liderado por Kast), en el cual ocupa el cargo de Vicepresidente.

Entre los amigos de Colonia Dignidad (revelados por fichas que mandaba a hacer de sus visitantes el mismo Schäfer), se encuentra también Rodolfo Stange (UDI), General Director de Carabineros de la dictadura de Pinochet, investigado por el asesinato de Cecilia Magni y Raúl Pellegrin. Tanto José Kast como Ignacio Urrutia han declarado públicamente su admiración por Stange.

Rodolfo Stange, ex miembro de la Junta Militar de Pinochet fue acusado de incumplimiento de deberes militares y obstrucción a la justicia en el asesinato de tres profesionales comunistas, conocido por el «caso Degollados».

También es, por así decirlo, curioso que uno de los militares que aparecieron en las fichas fue Andrés Magaña Bau, procesado por el asesinato de campesinos en Paine.

Erik Von Baer, abuelo de la senadora Ena von Baer (UDI), fue un militante nacionalsocialista y miembro de las SS, que ingresó a Chile escapando de los Aliados, tras esconderse en Bélgica y alegar en el Consulado de Chile en Amberes, para conseguir un salvoconducto del gobierno anticomunista de González Videla, que solo era un inocente soldado de la Wehrmarcht que huía de la persecución soviética. Según una publicación del medio El Ciudadano (a cargo de Juan Pablo Moreno y Arturo Alejandro Muñoz), a partir de las revelaciones que dejó un proceso judicial por injurias graves, la verdad era muy distinta: Erik von Baer podía ser procesado en Europa por su participación, como miembro de las SS, en un laboratorio anexo al campo de concentración Auschwitz, y, más encima, también su esposa estaba siendo procesada por los Tribunales de Nuremberg (por agredir a prisioneros de guerra).

El hijo de este otro soldadito inocente de la Wehrmarcht, Heinrich Von Baer, terminó convirtiéndose en rector de la Universidad de la Frontera por designación de la dictadura de Pinochet; y su nieta, Ena von Baer, es tristemente célebre por ser parte de los políticos financiados ilegalmente por las empresas (caso SOQUIMICH), y por ahora último mentir, con un descaro pocas veces antes visto, sobre las propuestas que se han discutido en la Convención Constituyente.

Ena von Baer hace unos pocos días hizo oficial su apoyo a la candidatura de José Kast.

Julio Alberto von Appen Oestman, militante nacionalsocialista y espía y saboteador del régimen de Hitler, ingresó al país en 1937, pero solo se confirmó quién era realmente en 1945, al ser detenido e interrogado por detectives del Departamento 50. «Fui y soy militante activo del partido nazi. No lo niego, así como Ud. tampoco tendría razón para ocultar su filiación política.», llegó a declarar al diario La Hora el 8 de abril de ese año.

Julio von Appen fue, al descubrirse su identidad, expulsado de Chile. Sin embargo, volvió en 1952, como la cabeza de Ultramar Agencia Marítima y con una fortuna y contactos que nunca se supo bien cómo consiguió (se piensa que se pudo convertir en colaborador del FBI o que pudo aprovechar una red de protección económica creada para que nacionalsocialistas lograran establecerse fuera de Europa). Ultramar le permitió consolidar un verdadero imperio en nuestro país, el que, posterior a su muerte en 1971, fue asumido por sus hijos, Sven y Wolf. Ambos, quizá por haber asumido parte de las creencias de su padre, se convirtieron en admiradores de la dictadura y colaboradores de la derecha. Prueba de eso son las múltiples donaciones que le han hecho a la Fundación Pinochet y al CEP (el think tank liberal que nace para defender las reformas económicas del régimen). O también las declaraciones amenazantes que hizo Sven el 2013, en las cuales aseguraba que si Michelle Bachelet no manejaba bien la economía (lo que podemos traducir: en favor de ellos), buscarían imponer un nuevo Pinochet. O también las donaciones que hicieron a las campañas de algunos políticos, como la del empresario presidente imputado Sebastián Piñera.

Si bien hoy Sven está muerto, Wolf y sus descendientes al parecer mantienen la costumbre: en estas últimas elecciones la familia von Appen donó 33 millones a 25 candidatos, 23 de Vamos por Chile, uno de la Democracia Cristiana y uno del Partido Ecologista Verde. Entre los beneficiados, está, con la suma de un millón, Rojo Edwards, uno de los rostros más visibles del Partido Republicano y director del Think Tank Ideas Republicanas; con 2 millones, Harry Jürgensen, el que, tras haber dejado RN, competirá en las próximas parlamentarias a través de un cupo del Partido Republicano; con un millón, Pollyana Rivera, constituyente elegida por cupo UDI pero que el mismo José Kast ha identificado como militante republicana; y con 2 millones, Jorge Arancibia Reyes (militante UDI, que en los ochenta fue edecán naval de Pinochet).

Los Von Appen dueños de Ultraport, parte del holding Ultramar, que se ha caracterizado por perseguir el sindicalismo. Es una de las familias más ricas del país.

Walter Rauff, espía, miembro de las Waffen-SS, jefe de la Gestapo y responsable de genocidio (creador de las cámaras de gas móviles), ingresa a Latinoamérica con papeles otorgados por la Cruz Roja al terminar la década de los cuarenta, y se termina estableciendo en Chile en 1958 (en donde lo esperaban sus hijos, los que, gracias a un favor que le concedió el que en ese momento era agregado militar en Quito, Augusto Pinochet Ugarte –sí, el mismo‒, se encontraban estudiando en el país). Franz Baar, víctima de torturas y experimentación forzada en Colonia Dignidad, declaró al periodista Carlos Basso (cuya investigación se puede encontrar parcialmente en El Mostrador, en una publicación del 4 de septiembre del 2015), que Rauff no solo era visitante asiduo de Colonia Dignidad, sino que realizaba cursos de combate en el lugar. Lo cual es reforzado tanto por un informe que realizó la CIA el 13 de abril de 1976, como por otro realizado el 8 de julio de 1977, en donde se planteaba que había criminales de guerra alemanes asesorando al régimen y en específico a la DINA (Walter Rauff y Enrique Pschold Reschenback), que solía visitar la colonia para buscar armas y realizar cursos.

Walter Rauff, fue miembro de las despiadadas SS, organización responsable del asesinato genocida de alrededor de seis millones de personas. Después de huir cobardemente para evitar juicios en Núremberg, vivió en la comuna de Porvenir, provincia de Tierra del Fuego, Chile, donde administró una empresa manufacturera de centolla en los años 60. Se le responsabiliza por la muerte de medio millón de personas en Auschwitz.

En 1947, Semión Nikolayevich Krasnov, militar anticomunista cosaco y Mayor General de la Wermarcht, fue ahorcado junto a su padre (militar zarista y también aliado del nacionalsocialismo) por el ejército soviético, acusado de colaboración con las fuerzas de Hitler. Sin embargo, su esposa y su hijo, de nacionalidad austriaca, Miguel Krassnoff Martchenko, lograrían escapar a Sudamérica para terminar refugiándose en Chile. El hijo de este inocente soldado de la Wermacht se convertiría con los años en Brigadier del Ejército de Chile y miembro, además, de la policía secreta de Pinochet, DINA, organismo a través del cual ejecutaría las acciones más horrendas de la dictadura, entre las que podemos contar secuestros, ejecuciones (como la del sacerdote Antonio Llidó Mengual), torturas (como la aplicada contra el Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar) y vejaciones sexuales. Hoy en día suma condenas por más de 800 años de reclusión (sus crímenes son tantos y en contra de tanta gente, que se necesitaría la extensión de un libro y una frialdad psicológica que no tengo para abordarlos en profundidad).

Es necesario hacer énfasis en el caso de la tortura que sufrió Diana Arón, que, estando embarazada, fue torturada y asesinada por Krassnoff. Hay testimonios que indican que cuando salió de la sala de tortura, con las manos ensangrentadas, gritó: «¡Marxista, y además judía!».

José Kast no solo ha dicho que el dictador Pinochet, de estar vivo, votaría por él, sino también ha declarado conocer al torturador Krassnoff, haber leído su libro y no creer todo lo que se dice de él (en el sentido de los procesos judiciales en su contra). A esto habría que sumar que hace solo unos días, el Secretario General del Partido Republicano, Antonio Barchiesi, en una discusión sobre estas declaraciones, dijo respecto a las acusaciones y resoluciones en contra de Krassnoff que en ocasiones los tribunales se equivocan (relativizando, por lo tanto, su culpabilidad).

Diana Arón, que, estando embarazada, fue torturada y asesinada por Krassnoff. Hay testimonios que indican que cuando salió de la sala de tortura, con las manos ensangrentadas, gritó: «¡Marxista, y además judía!».

Miguel Krassnoff también es identificado en las fichas de Schäfer como amigo de Colonia Dignidad.

Hasta ahora hemos visto como alemanes nacional socialistas, que fueron parte de la Wehrmacht o de las Waffen-SS, lograron ingresar a Chile con métodos similares (simulando ser simples soldados inocentes para conseguir papeles en consulados o con la Cruz Roja), a la vez que, ya refugiados y consiguiendo con el tiempo levantar negocios en nuestro país, no solo se comprometieron (ya sea directamente o después su descendencia) con las acciones y el proyecto de la dictadura, sino que también con los partidos de derecha que emergieron como herederos políticos de la misma. En otras palabras: ellos nunca abandonaron los ideales nacionalsocialistas y vieron en Pinochet a un aliado que compartía parte de sus posturas (nacionalismo, anticomunismo, religiosidad y la utilización del Estado como máquina bélica que debe ayudar a sostener el poder empresarial), cuya figura sus respectivos clanes siguen enalteciendo.

Llama la atención que la mayoría de estos criminales hicieran esfuerzos ingentes por parecer personas respetables ante la sociedad chilena.

Veamos si el caso de la familia de José Kast tiene similitudes con los de los criminales hitlerianos que siguieron operando en Chile. Para esto, me basaré en los antecedentes expuestos en “A la sombra de los cuervos” (2015) del periodista Javier Rebolledo…

Michael Kast, subteniente de la Wehrmacht que participó en la invasión nazi en contra de la URSS (en el mismo año y lugar que Walter Rauff), llega a Chile en la década de los cincuenta (luego de escapar dos veces de los Aliados e intentar ocultar su pasado haciéndose pasar por oficial de la Cruz Roja). Su primera parada fue la residencia de la familia Schepeler, integrada, entre otros, por Enrique Schepeler Pinochet (presidente de la Corte Suprema) y Enrique Schepeler Vásquez (abogado de Rauff).

Misteriosamente, ni Olga Rist ni Joaquín Lavin (los que escribieron obras sobre la vida de este inocente soldado y su familia) mencionan en ningún momento que, antes de participar en el ejército, por su edad debió haber pasado también, al igual que lo hizo Schafer, por el adoctrinamiento de las Juventudes Hitlerianas.

Michael Kast junto a su familia se fue a vivir a Paine y, luego de unos años, logró estabilizar su situación en el país, además de forjar la imagen de un respetable emprendedor católico y anticomunista. Dueño del restaurant Bavaria y productor de cecina, por un tiempo no tuvo motivo para mostrar su verdadero rostro. Sin embargo, cuando comenzó la dictadura, él y todo su clan se comprometieron, igual que todo el resto de los criminales importados desde el Tercer Reich, con el régimen de Pinochet.

El 13 de septiembre de 1973, Pedro León Vargas Barrientos, militante del MIR y ex trabajador del Bavaria (tuvo problemas por querer levantar un sindicato), es detenido por un conjunto de «civiles» armados y trasladado a la subcomisaria de Paine, en la cual es torturado junto a otras personas. Unos días después, Silvia Vargas Barrientos, hermana de Pedro, va a solicitar la ayuda de Michael Kast, a lo que él le responde con frialdad que ella no sabe lo que es una guerra. Pedro pasaría a ser parte de los 70 campesinos y trabajadores torturados y asesinados en esa localidad.

Mientras se torturaba y asesinaba gente en Paine, Olga Rist enviaba comida a los carabineros y pasaba su tiempo libre rezando por su buenaventura. Christian, hijo de Michael y de ella, por otro lado, compartía carne asada y bestibles con policías, militares y civiles, en la misma subcomisaria en la que molían a golpes hasta reventarle los dientes a los detenidos. Al respecto hay testimonios, como el de Alejandro Bustos, que establecen la participación directa de Christian en interrogatorios. También hay otros, como el del policía Osvaldo Domínguez Muller, que establecen que el mismo Michael Kast solía visitar el cuartel mientras se imponía el horror (quizá para aconsejar a los militares sobre cómo debían llevar a cabo la guerra que en su cabeza nunca terminó).

Miguel, el hijo mayor de Olga y Michael, terminó siendo mentor y promotor de los Chicago Boys, ministro de Pinochet y asesor de la DINA. La imposición de la doctrina económica ultraliberal que profesaba en conjunto con sus adeptos (que sostenía, por ejemplo, no entrometerse en los préstamos entre privados), terminaron desencadenando la peor crisis económica en la historia de Chile (la de 1982). Fue conocida su cercanía, como miembro del movimiento Schoenstatt, con Francisco José Cox (sacerdote acusado de pedofilia) y la permanente y declarada admiración casi paternal que sentía por el dictador.

José Kast, también hijo de Olga y Michael, participó como dirigente juvenil en la franja del SÍ, campaña que buscaba la continuación de la dictadura. Seguidor de Jaime Guzmán, fue militante de la UDI, sin embargo, el día de hoy dirige su propia fuerza política: el Partido Republicano.

José Kast ha negado públicamente la participación de su familia en los crímenes de Paine, bajo el argumento que la familia de Pedro Vargas siguió trabajando en el Bavaria y manteniendo buenas relaciones con su familia. Silvia Vargas, en respuesta, publicó una carta al director en El Mostrador el 18 de octubre del 2017. En ella, primero, desmiente la continuación de la relación laboral, pues después del asesinato de Pedro despidieron a su papá y su otro hermano (un gesto muy cristiano). Segundo, también aclara que no mantienen buenas relaciones y que nunca han recibido ayuda alguna para saber qué sucedió con su hermano. Al día de hoy nunca se ha respondido esta carta ni se ha hecho referencia pública a ella por parte del candidato.

José Kast también ha negado que su familia tenga alguna relación con el nazismo, utilizando el argumento de que su padre fue solo otro inocente soldado de la Wehrmacht –sí, la misma excusa–, a pesar de las evidentes similitudes de su historia con la de otros criminales nacionalsocialistas. El problema es que la Wehrmacht, sobre todo en el Frente Oriental (donde peleó el patriarca Michael), fue todo menos inocente: justamente una de las estrategias que aplicaron para pelear contra la URSS fue la de fusilar civiles, quemar aldeas y dejar a las mujeres y los niños sin protección a la intemperie para que murieran de frío. A esto habría que sumar el asesinato de dos millones de prisioneros de guerra o su participación en directamente masacres, como la de Babi Yar. Para profundizar al respecto, les recomiendo consultar el libro El ejército de Hitler (1991) de Omer Bartov, en el que el autor, además de entregar datos sobre los crímenes de estos inocentes soldados del ejército, desmiente la idea de que estos no tuvieran un profundo compromiso ideológico con el hitlerismo. Entre otras cosas, dice:

«[…] el sistema legal de la Wehrmacht se adaptó a la llamada nazi Weltanschauung, con todos sus atributos de darwinismo social, nihilistas, expansionistas, antibolcheviques, y racistas. Y esto se aplicó a los enemigos reales o imaginarios, y a sus propios hombres.»

Y en este punto de nuestro recorrido, podemos detenernos en algo: es probable que el adoctrinamiento que sufrieron desde niños los inocentes soldados a partir del régimen totalitario de Hitler, les haya hecho heredar a sus hijos, al menos en el sentido del capital cultural, algunos aspectos del imaginario o la visión de mundo nazi. Es evidente que no podían sostener ciertas tesis racistas viviendo en Chile (como probablemente sí lo hacían en Alemania), pero el nacionalsocialismo no se reduce al racismo. ¿Cómo podríamos resumir la imagen de mundo que sostenía el nazismo? Si somos breves, podemos establecer sin miedo que ellos se consideraban nacionalistas, en tanto, en su época, la nación implicaba también una cultura y una raza. Sin embargo, en sus ojos su nación se veía amenazada por el globalismo (organismos dirigidos por magnates judíos o tratados internacionales), multiculturalismo (población migrante o no alemana/aria), marxismo (la amenaza constante de una revolución) y reformas que atentaban contra lo que ellos entendían como los valores de la familia y la religión; y es ahí donde la búsqueda de la pureza nacional también estaba, a partir de una tercera vía (ni marxista ni sometida al capital financiero), en la eliminación de estos enemigos (puedo apostar que cualquier lectura del Mein Kampf y/o de los discursos del Fuhrer o Goebbels estará de acuerdo con esta lectura).

¿Cuál es el la visión de José Kast y sus partidarios? Más allá de que su programa presidencial actual propone la persecución de la izquierda, crear una zanja en el desierto para detener migración, salirse del Consejo de DDHH de la ONU y promover el matrimonio y la religión cristiana, esto en verdad es manifestación de algo más complejo. Si uno revisa, por ejemplo, las delirantes columnas publicadas por Camilo Cammás, militante del Partido Republicano y actual candidato a diputado por el mismo, en el portal de la Fundación Cuide Chile (fundada por María Pía Adriazola, esposa de José Antonio), nos encontramos que para ellos el enemigo real es el globalismo (la ONU u organismos internacionales controlados por magnates de origen judío, como Soros o Rothschild), el multiculturalismo (movimientos migratorios promovidos supuestamente desde la izquierda para provocar mestizaje) y el marxismo (que es la ideología que sería utilizada por la conspiración mundial de los magnates para destruir la nación y la cultura occidental de origen europeo). Además, Cammás se refiere directamente a su rol como tercera vía:

«Asimismo, se debe tener claro que el conflicto clásico maniqueo-dualista de derecha v/s izquierda se encuentra hoy virtualmente obsoleto y superado. Nos encontramos frente a un nuevo paradigma, en un escenario en el que existe un nuevo conflicto que debe plantearse y entenderse en cuestión de nacionalismo v/s globalismo y no entre socialismo y el falso capitalismo (metacapitalismo) [entiéndase, el capitalismo de los magnates] que existe hoy.»

José Kast no se quiere alejar de la ONU porque haya países con gobiernos de izquierda participando en ella, sino porque sus delirantes partidarios la entienden como parte de una conspiración para imponer un gobierno mundial.

Y teniendo esto claro, ya no hay mucho espacio para la confusión: la base discursiva es demasiado similar o casi totalmente la misma (solo con algunos matices) que la del nacionalsocialismo histórico (el Fuhrer sigue vivo en sus corazones).

Es esta visión de mundo la que se quiere imponer en las próximas elecciones.

Este recorrido nos permitió ver cómo se cumple un patrón en un conjunto de personas que, luego de haber peleado por Hitler, escaparon a Chile, en donde, ya sea ellos directamente o su descendencia, vieron una oportunidad para continuar su lucha: la dictadura de Pinochet. Al comenzar la transición, sin embargo, decidieron ocultar su rostro un tiempo, hasta el día de hoy, en el que, después de la revuelta social, no pudieron soportar presenciar cómo se dejaba atrás el país que ayudaron a construir con muerte y terror. El país que les otorgó privilegios y desde el cual han logrado resucitar la matriz conceptual por la que lucharon sus patriarcas en Europa.

La lucha hoy debe estar enfocada, por lo tanto, en, además de alimentar los procesos de orientación revolucionaria, detener el avance del fascismo, pues por cada cuota de poder que consigan, más oscuro será el mañana.

La paz de ellos se basa en que se imponga el terror y la muerte sobre nosotros.

Tomado de: El sudamericano

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