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Periodismo: los desafíos de las clases virtuales

En el periodismo, la mejor manera de aprender es haciendo. La práctica resulta una parte esencial del programa de la carrera en todo el país. Es por eso que la variante no presencial, que se aplica en la actualidad, conlleva retos extras para la formación de los futuros periodistas.

La Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, se ha volcado por completo a las nuevas plataformas y ha apostado por las clases virtuales como método de enseñanza.

Esta modalidad no es nueva. Surgió junto al internet como una vía efectiva de mejorar los cursos a distancia. Durante la década de 2010 tuvo su boom ya que muchas universidades, a nivel mundial, comenzaron a abrir cursos online. Sin embargo, en Cuba, es la primera vez que se aplica este sistema de manera tan abarcadora

La asignatura Periodismo Impreso le otorga un papel central a la práctica. Es la primera materia con la cual los estudiantes se enfrentan a las dinámicas de la realización periodística desde los diferentes géneros. En ella los alumnos salen a buscar información y a enfrentarse al mundo desde la mirada periodística. De ahí que   sea una de las asignaturas que más ha cambiado sus rutinas para enmarcarse dentro del entorno virtual.

Según Roger Ricardo Luis, profesor titular de la asignatura, las clases virtuales son, en el contexto cubano, una nueva experiencia asumida con la brusquedad impuesta por la pandemia. “Estamos, desde el primer día, transitando por un proceso de análisis y creación colectivo para corregir errores y fomentar nuevas experiencias pedagógicas que nos conduzcan, a la mayor efectividad posible, en nuestras condiciones”.

La aplicación de este sistema se vuelve un poco más complejo debido a las posibilidades de conexión, no solo de los profesores, sino también de los estudiantes, quienes deben contar con el equipamiento necesario y tener una buena señal, además de disponer de los megas necesarios para realizar las actividades. Como sabemos, actualmente en nuestro país las condiciones no son óptimas para el desarrollo de esta modalidad.

A pesar de esos inconvenientes, las clases virtuales mantienen gran aceptación. Mediante servicios de mensajería como WhastApp se acortan las distancias. Los profesores han encontrado en ellas un espacio donde llegar, de forma más directa, a cada uno de sus estudiantes, a través de la creación de grupos donde se imparten las materias y otros en los que ofrecer consultas a quienes lo necesiten.

Asimismo, como la asignatura reúne a varios docentes, estos se repartieron a los estudiantes para facilitar así la aclaración de dudas, como una especie de tutoría.

“Yo estoy en permanente contacto con ellos. No me conocen, pero escuchan mi voz, mis ritmos, mis consejos, las vías que determino para que trabajen mejor.  Creo que cuando nos veamos en el aula, no nos sentiremos ajenos. También desde esta plataforma virtual se pueden generar afectos y comprensiones”, comenta la profesora Iraida Calzadilla.

Mabel Torres se estrena como profesora auxiliar de Periodismo Impreso y narra cómo ha sido el proceso de adaptación, no solo a la hora de impartir clases, sino de hacerlo de modo no convencional. “Con este nuevo curso hay todo un reto: Enfrentarnos a estudiantes que están en primer año de la carrera y han estado desconectados del estudio. Ellos se inician en una enseñanza que tiene hábitos muy diferentes a los niveles precedentes. Tienen que ser mucho más independientes y responsables con el autoestudio y la preparación, dos palabras que en el contexto que nos encontramos han adquirido mayor connotación.”

Los docentes igualmente tuvieron que adaptarse a esta situación y planificar las clases de forma más sintética, empleando otros métodos educativos y apoyándose en una nueva herramienta: el Entorno Virtual de Aprendizaje, conocido como EVA. A esta plataforma se suben todos los contenidos de estudios y los materiales que los alumnos puedan necesitar.

“El EVA es bueno porque todo está organizado y resumido. Solo se complica un poco a veces a la hora de subir una tarea. En nuestro caso, nos comunicamos bastante con los profesores a través de grupos de WhastApp, y como estamos en un curso no presencial hay que esforzarse un poco más para aprender de verdad”, relata Gabriela Hernández, estudiante de segundo año de la carrera.

Aunque hasta ahora han fluido correctamente, las clases virtuales deben continuar mejorando, para que tanto los profesores como los estudiantes se sientan mucho más cómodos con su empleo, ya que llegaron para quedarse.

“Esta modalidad es bastante popular en varias partes del mundo porque permite estimular la responsabilidad del estudiante. En cuanto a los aspectos negativos, considero que es un poco brusco aplicarlo desde primer año porque lleva tiempo acostumbrarse,” explica Mabel Torres.

Mabel también reconoce entre los aspectos positivos, el ahorro de recursos como la ropa, el calzado, la alimentación y el transporte. Además, de que las clases y materiales permanecen en el espacio digital para ser revisadas cuantas veces sea necesario, y a ellas se puede acceder desde cualquier provincia del país en la que se encuentren los estudiantes.

Por eso, los profesores de Periodismo Impreso consideran que, para el futuro y cuando la situación epidemiológica lo permita, lo mejor sería implementar un modelo híbrido que combine lo digital con lo presencial. De esta forma se pueden explotar las bondades de las nuevas tecnologías mientras se mantiene el espíritu universitario con sus aulas abiertas y la algarabía en los pasillos.

Según la profe Iraida, “la clase virtual está transcurriendo mejor de lo que pensábamos… Se trata de armonizar inteligentemente lo que cada uno puede proporcionarnos a favor de un mejor entorno educativo”.

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