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Palante a los 60 años

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, interpretó el sentido del humor como una liberación, un alivio, una forma de expresar los deseos reprimidos, una explosión enérgica que se muestra corpórea en la risa y causa una sensación de placer.

Hacer reír es un arte que remueve a quien imagina y crea una caricatura, un texto o simplemente inserta una broma en una conversación cotidiana. Es la tallada habilidad de espetar una provocación al sistema nervioso que, en fracciones de segundos, traduce el reflejo y hace que el organismo comience a expulsar endorfinas, serotonina y otros analgésicos naturales asociados a la alegría.

En Cuba, el buen humor asume un ritmo punzante y cromático que Jorge Mañach definió en su ensayo “Indagación del choteo” como: “Cosa familiar, menuda y festiva (…) forma de relación típicamente cubana” que no toma “en serio nada de lo que generalmente se tiene por serio”.

Así son de disruptivos los 60 años de Palante, sin tomar en serio lo común, anteponiendo la crítica gráfica y literaria a lo mal hecho y siguiendo el principio rector “de hacer un humor sano y constructivo que evita la grosería, que no se mofa de los defectos físicos de las personas, ni busca la risa fácil exaltando las miserias humanas o irrespetando razas o nacionalidades”.

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En la esquina de Egido y San Juan de Dios, en La Habana Vieja, lugar en el que se encontraban las oficinas del edificio Bacardí, a partir del 16 de octubre de 1961 comenzó a radicar el equipo editorial dirigido por el venezolano Gabriel Bracho Montiel, de Palante y Palante, la única publicación humorística surgida con la Revolución tras la desaparición de los semanarios Zigzag (1938-1960) y El Pitirre (1960-1961).

Cada semana, 250 mil ejemplares de Palante, nombre que asumió definitivamente el periódico, entregaban las ocurrencias de Gustavo Prado (Pitín), Luis Wilson, Juan Ángel Cardi, Rafael Gregorio Díaz (Felo), Miguel González, Francisco Blanco (Blanquito) y Antonio Mariño (Ñico), único testimoniante vivo de los fundadores. (i)

Mercedes Azcano, directora desde 2010, dice que Palante más que una publicación es una institución cultural y reconoce el trabajo de Daysi Chong, con más de 55 años como diseñadora; del fotógrafo Perfecto Romero, Premio Nacional de Periodismo José Martí, en el año 2013 y de la recién fallecida subdirectora, Miriam Alfonso, primera caricaturista premiada en un concurso internacional.

De izquierda a derecha: Pedro Viñas Alfonso, Rosendo Gutiérrez, René de la Nuez, Mercedes Azcano y Francisco Blanco

Las anécdotas de los palanteros son infinitas como su humor. A José Luis López, quien trabaja como caricaturista en el periódico desde agosto de 1976, le parece que tienen suficientes “como para hacer dulces-rectifico-libros”.

En una Bienal del Humor en San Antonio de los Baños, de la cual no precisa fecha, José Luis recuerda cómo ante la pregunta del caricaturista mexicano Rius, de por qué los dibujantes cubanos no creaban en contra de la Revolución, Juan Ángel Cardi respondió: “Ven acá chico, ¿Tú puedes pitchear y batear al mismo tiempo?”.

Algunos miembros del equipo de Palante, junto al Héroe de la República Gerardo Hernández.

Es una muestra-agrega José Luis-de que “Palante es también una parte de la Revolución donde el humor” existe como crítico de la realidad social.

Dos años como colaborador y dos en la plantilla del periódico han condicionado que Ismael Lema califique al humor como uno de “los empeños más serios que existen”. Sin embargo, continúa, “hablar en serio cuando nos juntamos es cosa difícil”. Acostumbrado a la formalidad de las reuniones, se “rascaba la cabeza” cuando veía a la directora tratando de conducir las reuniones del Consejo Editorial entre tantos chistes, ocurrencias e interrupciones, los componentes esenciales en ese “laboratorio del humor” al que ya se ha adaptado.

El “libro de las ocurrencias” continúa y en algunos momentos con historias “simpáticas pero complicadas”. En una ocasión Enrique Lacoste redactó e ilustró con varias caricaturas, un reportaje satírico sobre una empresa agropecuaria dedicada a la cría de búfalos en Pinar del Río. “No habíamos visitado el lugar, por eso nos apoyamos en un artículo publicado al respecto en el periódico Granma”.

Algunos miembros del equipo de Palante en uno de los talleres que ofrecían en Expocuba

A los pocos días-cuenta-se apareció en Palante un funcionario del Ministerio de Agricultura a quejarse por lo irónica y mordaz que le resultó la crítica, especialmente por una de las caricaturas publicadas por Lacoste, pues, según el compañero, uno de los sujetos dibujados era idéntico al director de la empresa.

“Aunque juramos que no era así, el funcionario continuaba pensando que se trataba de una caricatura personal hecha a partir de una foto que me había pasado secretamente el autor del artículo publicado en Granma. Por suerte, ´la sangre no llegó al río´ y la despedida fue amistosa, pero fue sin dudas una situación compleja”.

¿Es difícil hacer humor en Cuba?, algunos consideran que no, pero Yoemnis Batista del Toro, quien desde 2017 trabaja como caricaturista en Palante considera que se dificulta la creación porque no existen suficientes medios de difusión dedicados a publicar la opinión gráfica. “Solo los que estamos en medios como Palante, el Dedeté (suplemento de Juventud Rebelde) o Melaíto en Villa Clara, tenemos alcance en la población gracias a las ediciones impresas”.

Ismael coincide con Yoemnis al estimar como una limitación importante la carencia de espacio para el humorismo en los diarios, elemento que, muchas veces determina, “la baja percepción, en algunos medios e instituciones, sobre la función cultural, política y social del humor gráfico”.

Para Lacoste, el principal obstáculo al que se enfrentan los dibujantes, está en la práctica de la crítica. “Satirizar a nuestros enemigos es fácil, lo complicado-aduce- es cuando se trata de abordar nuestras deficiencias. El humor por naturaleza es irreverente y a los cubanos no nos gusta que nos critiquen. Otras veces somos incomprendidos, generalmente por personas extremistas o intolerantes”.

Actualmente Palante tiene una tirada de cien mil ejemplares; sin embargo, es tarea pendiente, la búsqueda de estrategias innovadoras que acerquen el periódico a los lectores. Han transcurrido 60 años de su fundación y si bien es cierto que los caricaturistas imparten talleres a los jóvenes, por ejemplo, como parte del proyecto de verano Rutas y Andares; participan en festivales y concursos y en tiempos de pandemia, no dejan de inaugurar exposiciones, aún se adolece de una falta de cambios en las maneras de difundir el contenido.

El ecosistema comunicativo en Cuba ya no es el mismo que en 1961, ni siquiera es igual al del año pasado, porque las transformaciones en el mundo digital suceden de un día para otro.

Palante no ha sabido, no ha podido, no ha logrado hacer uso real y notable de los alcances tecnológicos que están a la mano y hacen más visual el trabajo que realizamos, por lo cual, sería positivo-expone Yoemnis Batista-dar pasos para que ese fin se cumpla”.

Lacoste considera que “los altibajos” en la trayectoria del periódico “dependen de la composición de la plantilla, desde el director hasta el más humilde de los caricaturistas” y además cree que la publicación no pasa ahora por el mejor momento de su historia, pues “el colectivo de creadores está rondando la tercera edad, salvo algunas excepciones y el imprescindible relevo no existe en la magnitud necesaria”.

De ahí que Yoemnis asegura que “Palante necesita una inyección” o más bien “una transfusión de profesionales con otra visualidad, capaces de armonizar con los presentes, ´de la vieja escuela´ para enriquecer el trabajo periodístico”.

A pesar de los pendientes, Palante continúa teniendo el espíritu de Cuba. Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba lo recordó cuando dijo que la publicación es irreverente, jocosa y a la vez profunda, porque ha ayudado a crear personajes y situaciones humorísticas que están sembradas en nuestra espiritualidad, porque expresa el empeño de los cubanos frente a cualquier adversidad.

Gerardo Hernández y Perfecto Romero

Nota

Con el tiempo, otros nombres se sumaron a la plantilla y, sin saberlo, a la memoria de la publicación: Guillermo Santiesteban, Joaquín Santana, Ricardo González Braña, René de la Nuez, Rosendo Gutiérrez, Pedro Viñas Alfonso, Orlando G. Alba, Valdés Díaz, Alben, Tomy, Betán, Alexis Durán Llópiz, Évora Tamayo, Héctor de Arturo.

One thought on “Palante a los 60 años

  1. Son muchas las problemáticas institucionales de los medios de prensa actuales en Cuba, pero nuestro hacer cotidiano y la perspicacia para llegar al pueblo es lo que ha hecho de Palante el único periódico q no duerme en estanquillos. El colectivo de la foto ha cambiado pero mantiene sus buenos deseos de continuar. Me ha parecido más un análisis crítico del humor y la continuidad de la publicación que del quehacer en 60 años. Lo que realmente dice de quiénes somos es cuando le preguntas a cualquier persona de Palante y t dicen que le encantaba q casi no lo ven y eso es porque no alcanzan los cien mil ejemplares mensuales a los que estamos sujetos. El humor siempre estará presente y seguiremos creciendo en los nuevos contextos informacionales.

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