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PERIODISMO DEPORTIVO

Mis andanzas en el periodismo deportivo

En mi prolongada permanencia de 48 años en Radio Habana Cuba, nunca he contado mis andanzas en el periodismo deportivo, que tanto disfruté en Cartagena de Indias, Medellín, Barquisimeto, San Juan, Barcelona y La Habana.

Desde niño me gustó el deporte, especialmente el béisbol y el tiro, aunque en una ocasión intenté jugar el fútbol y sólo pude estar en el terreno unos pocos minutos.

Fue en 1973, cuando recién llegado como periodista a Radio Habana Cuba mis compañeros me eligieron para integrar la Sección Sindical de Radio Habana Cuba y desempeñé, durante algunos años, la Secretaria de Cultura, Deportes y Recreación.

En Cultura impulsé en la emisora la participación en los concursos que organizaba el Sindicato Nacional del ramo. En Deportes fomenté la creación de equipos de béisbol, fútbol, ajedrez y tiro deportivo. Y en cuanto a la Recreación conseguía cada domingo, facilitados por diversas instituciones, pequeños ómnibus con los cuales dábamos varios viajes hasta las playas del Este de La Habana. Nuestro lugar preferido era el sitio ubicado entre Santa María y Guanabo, donde también podíamos disfrutar las frescas aguas de un ríachuelo.

Fue una época maravillosa durante la cual yo mismo escribía y colocaba en los murales de la emisora los reportes sobre nuestras “hazañas” en la Cultura, el Deporte y la Recreación.

Tenía en lo personal la ventaja de haber sido campeón universitario de tiro deportivo durante mis años como estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana, y haber practicado el béisbol en mis tiempos juveniles en Santa Clara, aunque ya era un “veterano” de 36 años cuando ingresé en Radio Habana Cuba.

Pero cinco años mayor que yo era Alfredo Viñas Alonso, el director de la emisora, y fue uno de nuestros entusiastas peloteros, junto a Ignacio Canel, Pedro Manuel Otero, José Costa Pupo e Iván Becerra, entre otros.

Teníamos un mejor equipo de fútbol porque en la emisora laboraban, además de los cubanos, brasileños, chilenos, haitianos, paraguayos, argentinos, bolivianos, peruanos y ecuatorianos. Recuerdo que organizamos un choque de este deporte, que no era en aquellos tiempos tan popular en Cuba, y le pedí al colega Elio Constantin, conocido periodista del periódico Granma, que fungiera como árbitro.

Logramos la victoria sobre una selección de miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba, y el resultado del partido lo publicó el propio Elio Constantin, en el diario Granma.

Los campeonatos de ajedrez los realizábamos en la propia sede de la emisora, mientras que las prácticas de tiro deportivo las hacíamos en el estadio de la Universidad de La Habana. Recuerdo entre los buenos ajedrecistas al cubano Israel Gámez y entre los tiradores destacados al boliviano Rodolfo Saldaña.

Mundial de béisbol en Cartagena de Indias

Mi primera salida al exterior como periodista de Radio Habana Cuba fue precisamente a un evento deportivo que tuvo lugar en Cartagena de Indias y otras ciudades colombianas en diciembre de 1976.

Ese año se celebró la primera serie mundial de béisbol amateur organizada por la AIBA, Asociación Internacional de Béisbol Amateur, surgida en México de la fusión de dos organizaciones que regenteaban entonces ese deporte. El primer Presidente de la AIBA surgida en México fue el cubano Manuel González Guerra, quien durante años fue el Presidente del Comité Olímpico Cubano.

Para mí fue una sorpresa que Alfredo Viñas me confiara la tarea de reportar ese campeonato mundial, para el cual me preparé intensamente con un gran amigo periodista especializado en béisbol, Severo Nieto, con quien había laborado durante cinco años en la Agencia Prensa Latina.

Otra grata sorpresa para mí en ese viaje fue alojarme en una habitación triple del hotel en Cartagena de Indias con los experimentados periodistas deportivos: Eddy Martin y Héctor Rodríguez. En la cobertura de ese evento deportivo también estuvieron el ya mencionado Severo Nieto e Iván López, quienes se alojaron en otra habitación con el técnico de audio de Radio Rebelde.

Muchas anécdotas podría contar de estos juegos, que se efectuaron del 3 al 19 de diciembre de 1976. Cuba y Puerto Rico terminaron empatados con 8 victorias y 2 derrotas, y debían discutir el primer lugar en una serie extra a partir del 20 de diciembre, pero el jefe de la delegación boricua, Osvaldo Gil, prefirió retornar a Puerto Rico alegando que “los muchachos quieren pasar las navidades en San Juan”.

En realidad el Comisionado boricua prefería que su equipo no se enfrentara en una serie especial a Cuba, ante una muy posible derrota, y retornar “victorioso” a San Juan.

Así que cumplimos con las reglas de asistir todos los días al estadio de béisbol “Once de Noviembre”, con capacidad para 12 mil espectadores, para confirmar las victorias de Cuba por no presentación de su rival puertorriqueño. Y al final Cuba quedó campeón, Puerto Rico en segundo lugar con la medalla de plata y los Estados Unidos con el bronce en el tercero.

De ese campeonato tengo varios recuerdos inolvidables, entre ellos una pelota de béisbol firmada por todos los integrantes del equipo cubano, en la que sobresalen los nombres de los lanzadores Rogelio García y Omar Carrero, el receptor Alberto Martínez, Luis Giraldo Casanova, Gaspar Legón, Pedro Pérez, y Pedro José (Cheíto) Rodríguez, el Señor Jonrón, fallecido en febrero de este año en la ciudad de Cienfuegos.

Nunca olvidaré que en el hotel donde se alojaba la delegación deportiva cubana se apareció un scout con un maletín y 150 mil dólares para tratar de comprar al lanzador cubano Rogelio García, y pedirle que abandonara la delegación cubana y viajara a los Estados Unidos.

La respuesta de Rogelio García y otros miembros de la delegación deportiva cubana fue de contundente rechazo lo cual obligó al scout a retirarse apresuradamente del hotel.

Y en ese viaje pude conocer otras ciudades donde se efectuaron algunos juegos: Sincelejo, Montería y Santa Marta. En esta última aprovechamos el viaje para visitar la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde pasó sus últimos días El Libertador Simón Bolívar, quien falleció en ese lugar el 17 de diciembre de 1830.

Nunca olvidaré esa visita ni el testimonio que pude grabarle al museólogo colombiano Luis Eduardo Pinto Fuentes sobre los últimos minutos de vida de Bolívar, grabación que atesoramos en el Archivo de Voces de Radio Habana Cuba.

Pero lo más increíble es que 36 años después vino a saludarme a Radio Habana Cuba el museólogo Pinto Fuentes, quien visitó la emisora acompañado por su hijo, porque se atendía en Cuba de cáncer de garganta, tratamiento que el presidente venezolano, Hugo Chávez, había logrado al incluir al colombiano en el grupo de venezolanos que recibían atención médica en Cuba.

Así que en la emisora tenemos la voz, sólida y vibrante de Pinto Fuentes de 1976, y la de 36 años después, ya deteriorada por el cáncer, ambas entrevistas como frutos del Campeonato Mundial de Béisbol Amateur celebrado en 1976 en Cartagena de Indias.

Y un colombiano muy solidario que conocí en este viaje de 1976 a Cartagena, fue el inolvidable amigo ya fallecido Gabriel Aguancha, un hombre que en su casa de Bogotá alojó a muchos cubanos, entre ellos Orlando Castellanos y César Portillo de la Luz, ambos fundadores de Radio Habana Cuba.

Centroamericanos de Medellín en 1978

La segunda misión como periodista deportivo de Radio Habana Cuba la cumplí dos años después en Medellín, capital del Estado colombiano de Antioquia, donde se efectuaron los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, del 7 al 22 de julio de 1978.

A ese evento viajé con el periodista Iván Becerra, jefe de la redacción deportiva de Radio Habana Cuba. Asistieron más de 2 mil deportistas de 21 países que disputaron medallas en 19 deportes, y solamente Guyana y Honduras estuvieron ausentes. Cuba, con 116 medallas de oro, logró el primer lugar en estos juegos multitudinarios, seguida a mucha distancia por México y Puerto Rico.

Recuerdo que en esos juegos la organización clandestina M-19 de Colombia, en una acción de solidaridad con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que luchaba contra la dictadura de Somoza, secuestró al equipo de béisbol de Nicaragua durante algunas horas.

Y ese fue uno de mis reportes para Radio Habana Cuba desde Medellín porque fui informado previamente de la acción solidaria del M-19 con los combatientes del Frente Sandinista, sabiendo que Somoza era uno de los fanáticos al béisbol y que el equipo nicaragüense estaba integrado en su gran mayoría por militares de la dictadura somocista.

Otros trabajos periodísticos colaterales a los Juegos fueron una entrevista exclusiva que le hice a la famosa cantante de la época, Claudia de Colombia, quien me confesó sus deseos de viajar a Cuba, pero lo más importante fue el reportaje que simultáneamente a los juegos realicé para investigar las causas del accidente que el 24 de junio de 1935, en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, provocó la muerte a Carlos Gardel y a varios de sus acompañantes.

Ese es también uno de los tesoros que se guardan en el Archivo de Voces de Radio Habana Cuba, pues tiene la voz de Gardel y de uno de los dos sobrevivientes del accidente, así como del empresario antioqueño que seis meses después del accidente trasladó los restos de Gardel desde el cementerio de Medellín hasta el puerto colombiano de Buenaventura, y de ahí a Buenos Aires.

En la cobertura de estos juegos todo lo coordinábamos con Iván Becerra. Cada día elaborábamos la hoja de ruta que seguiríamos para estar presentes en los principales deportes, especialmente aquellos que tenía presencia cubana. Yo siempre viajaba con un pequeño radio para oir lo que decía la radio de Medellín y tener otro enfoque de los juegos.

Ese día ni Iván ni yo estuvimos en el estadio de béisbol, pues priorizamos otros deportes. De buenas a primeras oigo por radio a un narrador deportivo decir en tono dramático: “Qué vergüenza para Colombia. El ministro de Deportes de Cuba sin camisa en el dugout mostrando su espalda velluda”. Me dí cuenta de que se refería a Jorge García Bango, Presidente del INDER, Instituto Nacional de Deportes y Recreación de Cuba.

Le dije al taxista en que viajaba hacia otra instalación deportiva que me llevara al Estadio de béisbol para decirle a García Bango que se pusiera la guayabera, que lo estaban criticando por la radio. Al llegar al lugar encontré en la puerta de entrada a otro funcionario del INDER y le pedí que lo hiciera, pero me dijo que no en prueba de falsa obediencia, lo cual me obligó a despedir el taxi y llegar hasta el sitio en que estaba la delegación de Cuba. García Bango fue muy receptivo y se puso de inmediato la guayabera, lo cual comentó el narrador colombiano, quien a partir de ese momento cambió su narratva y recordó que los deportistas cubanos fueron los únicos que en la ceremonia inaugural desfilaron con banderas de Cuba y de Colombia.

Panamericanos de San Juan 1979

Al año siguiente, y también como apoyo al compañero Iván Becerra, jefe de nuestra Redacción Deportiva, viajé a participar en la cobertura de los VIII Juegos Panamericanos, efectuados en San Juan, Puerto Rico, del 1 al 15 de julio de 1979.

Asistieron 3 mil 700 deportistas de 34 países que compitieron en 22 deportes.

Fue la primera de las dos visitas que he realizado a Puerto Rico, con la particularidad de que el viaje de 1979 lo hice en el barco “Vietnam Heroico”, que partió del puerto de Santiago de Cuba, y en él viajamos muchos periodistas e integrantes de la delegación cultural cubana a esos Juegos.

Uno de los integrantes de la delegación cultural fue el entrañable amigo de mi padre Luis Carbonell, conocido como El Acuarelista de la Poesía Antillana, a quien yo había conocido en 1949 en mi casa de Santa Clara.

Luis me comentó que hacía veinte años que no salía de Cuba, y estaba feliz de integrar la delegación cultural cubana que incluía a personalidades relevantes como Cintio Vitier y su esposa Fina García Marruz, así como el guatemalteco residente en Cuba Manuel Galich.

Tres días estuvimos navegando desde Santiago de Cuba hasta San Juan, así que pude conversar mucho con Luis Carbonell, quien me contó que en 1949 había estrenado en La Habana la estampa de mi padre titulada “Carta Negra”, muy popular en la época.

Tuve el privilegio de presenciar la gran rechifla de los asistentes a la inauguración de los Juegos que impidió que se oyeran las palabras del Gobernador Colonial, Carlos Romero Barceló, lo cual disfruté, debo confesarlo.

Y disfruté también la victoria de Cuba frente a Estados Unidos en un juego inolvidable en que pude entrevistar al lanzador cubano Braudio Vinent, autor de la victoria frente al país que obtuvo el mayor número de medallas de oro en esos Panamericanos, Estados Unidos.

Recuerdo que el colega Eddy Martin, quien narró ese histórico juego para la televisión cubana, mencionó mi nombre pues entrevisté a Vinent en el mismo montículo desde el cual había lanzado en aquel inolvidable partido que ganó Cuba a Estados Unidos 6 carreras por una.

Durante esos Juegos entrevisté al dirigente independentista Juan Marí Bras, quien era el abogado de los patriotas presos en cárceles de los Estados Unidos que dos meses después y con el apoyo del Comandante Fidel Castro, fueron excarcelados por el presidente James Carter.

Fue sumamente triste comprobar que la primera medalla de oro obtenida por un puertorriqueño en esos Juegos, se anotó a Estados Unidos, lugar de residencia del deportista boricua.

Estados Unidos obtuvo en esos Juegos 126 medallas de oro mientras Puerto Rico obtenía solamente 2.

Cuba quedó en segundo lugar con 145 preseas, de ellas 64 de oro. El tercer puesto lo ocupó Canadá, con cuarenta medallas de oro menos que Cuba.

De aquellos Juegos Panamericanos tengo otros recuerdos importantes, pues el 5 de julio de 1979 nació mi cuarto hijo, Abel, quien estudió Derecho en la Universidad de La Habana, y ya cumplió 42 años de edad.

El otro acontecimiento memorable constituyó una gran sorpresa para mí, pues en la otra torre del hotel donde me alojé, lo hizo mi hermana mayor, Igna Sofía, con sus dos hijas no nacidas en Cuba, quien había salido de La Habana en 1960, y fundó un colegio en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, donde residía.

Ella fue una gran cubana. Compañera de estudios de la trovadora Teresita Fernández, ahijada de confirmación del antiimperialista Antonio Guiteras, amigo de mi padre, y participante en varias de las Conferencias La Nación y la Emigración celebradas en La Habana.

Se enteró por mi madre que yo viajaría a Puerto Rico a cubrir como periodista los Juegos Panamericanos, y decidió viajar desde Dominicana con sus dos hijas adolescentes para que yo las conociera, pues sus tres primeros hijos nacieron en La Habana, Ignita, Pedrito y Corina, a quienes había conocido antes de viajar a Quito, donde cumplí en Ecuador la primera de las dos misiones diplomáticas que tuve el honor de realizar. La segunda fue en Chile, hasta marzo de 1964.

Le dije a mi hermana que yo no podía atenderla pues estaba en medio de los Juegos y tenía que cumplir con mi trabajo como periodista deportivo. Ella lo aceptó y decidió acompañarme a los estadios donde se celebraban las competiciones, y al compañero Iván Becerra, lo rebautizó con el nombre de Ivanovich. Nos hacía café todas las mañanas. Fue una semana intensa en la cual recibí, además de la visita de mi hermana mayor, el nacimiento de mi cuarto hijo.

Y todo ello en medio de los Panamericanos de San Juan, en contacto con amigos independentistas y con cubanos emigrados, algunos de los cuales había conocido cuando niño en mi ciudad de Santa Clara.

Recuerdo de ese viaje, en especial, haber conocido al cantante boricua Danny Rivera, quien interpreta como pocos el himno de Puerto Rico, La Borinqueña, con texto de la poeta boricua Lola Rodríguez de Tió, cuyos restos reposan en el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana.

También conocí, gracias a Luis Carbonell, al gran declamador puertorriqueño Juan Boria, fallecido en 1996, quien también fue amigo del declamador villaclareño Severo Bernal, íntimo amigo de mi padre, de quien recitaba sus versos dedicados a Quintín Banderas.

Volví a Puerto Rico en 1993 a los actos por el Centenario de don Pedro Albizu-Campos, celebrados en la Universidad de Río Piedras, en San Juan.

Mundial juvenil de Barquisimeto 1982

Fue el colega Héctor Rodríguez quien me sugirió tratar de viajar a Barquisimeto en 1982 a cubrir el II Campeonato Mundial Juvenil de Béisbol. Héctor me dijo: Pedro ese campeonato juvenil es muy importante porque la selección cubana de béisbol no pudo ganar en los Centroamericanos de ese año en La Habana, y los jóvenes que van a Barquisimeto representan el futuro de la pelota cubana.

Y así fue. Se integró el más fuerte equipo de béisbol juvenil de Cuba de todos los tiempos, dirigido por José Miguel Pineda, que en octubre de 1982 ganó el Campeonato Mundial en Barquisimeto, la ciudad de los Crepúsculos y también la capital musical de Venezuela. Recuerdo en ese equipo a Armando Ferreiro, Orestes Kindelán, Omar Linares, Antonio Pacheco, Lázaro Vargas y Javier Méndez, entre otros.

Allí volví a encontrarme con Osvaldo Gil, el mentor de la selección de Puerto Rico, quien siguió atentamente aquellos juegos narrados a Cuba en forma magistral por Bobby Sslamanca con el apoyo de Roberto Pacheco, a quienes apoyé mediante entrevistas realizadas el terreno.

El más joven de todos era Linares, El Niño, quien fue el pelotero cubano que todos cuidamos ante los avisos de amigos venezolanos en el sentido de que el prometedor pelotero podía ser secuestrado por enemigos de la Revolución Cubana. Fue precisamente Linares quien en esa serie ganada por Cuba conectó el más largo batazo por el jardín central.

A los jóvenes integrantes del equipo de Cuba les hablé el 6 de octubre del crimen de Barbados y el 8 de la caída del Che en Bolivia. Cuba y Venezuela no tenían en ese momento relaciones diplomáticas. Y recuerdo que estuvimos varias horas en el aeropuerto de Maiquetía esperando la combinación aérea para Barquisimeto, capital del Estado Lara, donde fuera de mi misión como periodista deportivo pude entrevistar al joven venezolano José Gregorio (Goyito) Yépez, quien acababa de grabar con el famoso cantautor Alí Primera la “Canción Bolivariana”, donde El Libertador conversa con un niño venezolano.

En Barquisimeto visité a un famoso arquitecto que había visitado a Cuba: José Fructuoso Vivas, conocido como Fruto Vivas, quien cinco años después mereció el Premio Nacional de Arquitectura de Venezuela. Fue muy amable y solidario y durante la entrevista recordó sus años de militancia comunista y su amistad con el arquitecto cubano Antonio Quintana, constructor del Palacio de Convenciones de La Habana, entre otras relevantes obras realizadas en la capital cubana.

Nunca olvidaré las menciones a Radio Habana Cuba de Bobby Salamanca en sus transmisiones en vivo por Radio Rebelde desde el estadio de béisbol de Barquisimeto, ni el apodo que me puso y que hizo suyo el también comentarista deportivo Roberto Pacheco: El Canciller.

Bobby, enfermo ya de cáncer, estaba encantado, como un niño con un nuevo regalo, por un aparato de radio portátil que le obsequiaron en Venezuela, desde el cual podía oir las transmisiones de Radio Habana Cuba por onda corta.

En Caracas en 1982

Nos despedimos de Bobby Salamanca y Roberto Pacheco en Caracas, donde yo permanecí varios días para realizar otros trabajos periodísticos. Mi alojamiento fue en la biblioteca de la casa del dirigente comunista Eduardo Machado, quien estuvo con su hermano Gustavo en La Habana en la fundación del Primer Partido Comunista de Cuba, el 16 de agosto de 1925.

Eduardo estaba casado con una estadounidense, Doña Gertrudis, quien ya estaba acostumbrada a las andanzas de su esposo, muy diferente en su carácter a su hermano Gustavo, pero fue siempre muy atento y solidario conmigo en los días en que permanecí en su casa.

Recuerdo que Eduardo Machado me llevó a un almuerzo con el famoso periodista deportivo venezolano Abelardo Raidi, con quien compartimos en un lujoso restaurante de Caracas. Con Abelardo Raidi forjamos una amistad que duró hasta su fallecimiento, veinte años más tarde. El fue el fundador del Círculo de Periodistas Deportivos de Venezuela y de la Federación de la Prensa Deportiva de América Latina. Actualmente existe una distinción que lleva el nombre de Abelardo Raidi, hombre también muy ligado al turismo internacional.

Durante los días que permaneci en Caracas realicé varios trabajos periodísticos que no tenían nada que ver con el deporte.

Entrevisté a la mujer que siendo muy joven entregó un ramo de flores al Comandante Fidel Castro, a su llegada a Caracas el 23 de enero de 1959, en su primera visita al exterior luego del triunfo de la Revolución Cubana.

Hice otras tres entrevistas que merecen ser mencionadas: a Wolfgang Larrazábal, quien acompañó al Comandante Fidel Castro en un acto efectuado al día siguiente en el Aula Magna de la Universidad de Venezuela; al ex miistro de Relaciones Exteriores Ignacio Luis Arcaya, quien por su postura hacia Cuba en la tristemente célebre OEA, figura entre los Cancilleres de la Dignidad en América.

Y la tercera entrevista se realizó por pura casualidad, pues yo estaba grabando para Radio Habana Cuba una crónica al pie del monumento a Simón Bolívar, en el Parque Central, donde estuvo José Martí el 21 de enero de 1881, y uno de los que me escuchó mencionar a Cuba, y estaba sentado en uno de los bancos del parque, me preguntó si yo era “cubano de Cuba”, le dije que sí, y me comentó que su hermano menor, Carlos Aponte, había muerto con Antonio Guiteras el 8 de mayo de 1935, en El Morrillo, en las afueras de la ciudad de Matanzas.

Nunca olvidaré ese momento. Encontrar en Caracas a un hermano de Carlos Aponte en 1982, y que hablara con orgullo de Antonio Guiteras y de Cuba, en tiempos en que no existían relaciones diplomáticas de nuestro país con Venezuela, y en Caracas vivían muchos “cubanos no de Cuba”, me pareció un hallazgo histórico y periodístico.

Panamericanos de La Habana 1991

En agosto de 1991 se efectuaron en La Habana y Santiago de Cuba los XI Juegos Panamericanos, al cual asistieron más de seis mil deportistas de 39 países, y fue la única ocasión en la historia de estos juegos que Cuba ocupó el primer lugar al lograr 140 medallas de oro, diez más que la selección de Estados Unidos.

Recuerdo que mi colega Pedro Manuel Otero y yo asistíamos diariamente a la Cabina Panamericana creada por la emisora Radio Rebelde para transmitir estos juegos.

Fue un gran esfuerzo de Cuba, en plano período especial, organizar este magno evento, que obligó al país a construir varias instalaciones deportivas. En la organización y desarrollo de este evento sobresalió el eficiente trabajo del vicepresidente cubano José Ramón Fernández, quien fue el Presidente del Comité Organizador de los Oncenos Juegos Panamericanos de 1991.

Uno de los hechos relevantes de estos Juegos fue la Distinción entregada al boxeador cubano Teófilo Stevenson, tricampeón olímpico, en un acto organizado por el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch.

A Teófilo lo entrevisté tres meses después en Barcelona, en un evento organizado por la ONCI, Organización Nacional del Ciego de España, la cual invitó a 80 cubanos a una exposición en el Cerro Montjuic de la capital catalana.

En Barcelona entrevisté al saltador de alturas y recordista mundial Javier Sotomayor, quien también representó a Cuba en este evento. Y hace seis años, en el 75 aniversario de la Agencia EFE, lo volví a entrevistar en el Hotel Cohiba de La Habana, donde asistió como uno de los invitados especiales por haber logrado en Salamanca, España, en 1993, el récord mundial en salto de altura, 2.45 metros, que se mantiene vigente hasta hoy.

Antes había entrevistado en La Habana a la primera latinoamericana en ganar una Medalla de Oro en Juegos Olímpicos, María Caridad Colón, quien obtuvo el máximo lauro en el lanzamiento de la jabalina en Moscu en 1980.

También entrevisté en el aeropuerto de La Habana en la década de los años noventa, al gran entrenador del equipo cubano de voleibol femenino, Eugenio George.

Y conservo entre mis recuerdos el almuerzo que compartí en La Habana con el gran pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y la reconocida corredora cubana Ana Fidelia Quirot.

Esas son algunas de mis andanzas en el periodismo deportivo, que he disfrutado a lo largo de los años, como fiel seguidor del deporte.

Por eso mi alegría al saber que el próximo martes, 19 de octubre, en el estadio matancero de Palmar de Junco, donde se efectuó el primer partido de ese deporte en Cuba, el béisbol será declarado Patrimonio Cultural cubano.

La historia no se detiene. Tiene profundas raíces en Cuba y debemos preservar siempre nuestra memoria histórica frente a los intentos de que reneguemos de nuestros valores, de nuestra identidad y de nuestra cultura.

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