EFEMÉRIDES

El Alba de Villa Clara y El Eco de las Damas: memorables publicaciones

El 4 de octubre, pero de diferentes años del siglo XIX, vieron la luz dos notables publicaciones El Alba de Villa Clara, surgido en 1862, y El Eco de las Damas, aparecido en La Habana en 1891. Ambas, con diferentes intereses editoriales, dejaron su impronta en la historia del periodismo insular.

El Alba… fue un impreso literario, artístico, económico, agrícola y mercantil que se publicó en la ciudad de Santa Clara hasta el año 1878. Fue dirigido por Manuel Dionisio González, destacado escritor y primer historiador de esa ciudad, quien cursó la Licenciatura en Filosofía, en el Seminario San Carlos, en La Habana. Además de conducir este periódico fue uno de los más connotados colaboradores de otros medios de prensa de su época en aquel territorio del centro del país, como El Eco, Sagua y otros, en tanto igualmente fue fundador de La Alborada, en colaboración con el poeta Eligio Eulogio Capiró.

Dionisio también escribió novelas, comedias en versos, odas y sonetos, entre otras obras, motivo por el cual fue una de las más reconocidas figuras de la intelectualidad en la segunda mitad de esa centuria. Poco después, la dirección de El Alba de Villa Clara, en un segundo tiempo, pasó a cargo del no menos prestigioso poeta Francisco Toymil, propulsor de la nueva lírica criolla, entre cuyos poemas sobresale el titulado La Bandera.

Uno de los más recurrentes colaboradores de este periódico que se editaba los martes, jueves y sábados fue el habanero Francisco de Paula Gelabert, reconocido costumbrista que recogió en el libro Cuadros de costumbres cubanas (1875) una valiosa recopilación de las usanzas insulares del siglo XIX.

Tal vez fue la firma de este autor que inició su carrera como poeta, la que más prestigió a El Alba de Villa Clara, pues sus textos ya habían tenido resonancia en otras publicaciones capitalinas para las que escribía desde muy joven, como Diario de la Habana y La Prensa. De su estancia en el Viejo Continente, en 1867 redactó Mi viaje a España, publicado después de su muerte, en Cuba Contemporánea, La Habana, 1915.

Gelabert firmaba sus trabajos periodísticos, indistintamente, con los nombres de Francisco, Genaro Abel, Crispino, Natigay, Gilberto, El mismo, Pánfilo, y Oben Omar; y en otras ocasiones solo con la letra G.

Para el reconocido escritor, historiador y diplomático cubano, Manuel García-Garófalo Mesa, coronel del Ejército Libertador, bibliotecario y uno de los continuadores de la investigación y catalogación de la bibliografía cubana iniciada a mediados del siglo XIX por Antonio Bachiller y Morales, El Alba de Villa Clara “fue un buen periódico, aunque casi siempre sus redactores no comulgaban en las ideas radicales de muchos cubanos; siendo una especie de conservador o apegado a los sentimientos de los dominadores, pero sin incurrir en las intransigencias de estos. Queremos decir, que fue órgano tímido de la opinión”.

En 1878 cesó esta publicación de la que no se conserva ningún ejemplar.

El Eco de las Damas

Como su nombre lo indica, este fue un impreso pensado para satisfacer los intereses informativos más elementales de las damas habaneras de la última década del siglo XIX. Se autocalificaba como un “Periódico científico, artístico, literario, de modas, actualidades y anuncios”.

Con una periodicidad semanal, este medio local de prensa destinaba la mayor parte de sus páginas a la literatura: cuentos, poesías, pequeñas prosas y otros trabajos, dedicados fundamentalmente a la mujer; aunque igualmente aparecían crónicas teatrales, sobre todo las relacionadas con los sucesos de los principales teatros habaneros de la época.

Con un estilo sencillo, frágil en ocasiones, sus redactores principales fueron Benjamín Estrada y Morales y Mariano Benítez Veguillas, quienes en el primer número subrayan: “Demás pues está decir que no se insertará en las columnas de este semanario nada que no sea digno de su objeto y del deber de respeto que, como caballeros y escritores, tenemos que guardar al bello sexo”.

Asimismo, en la segunda entrega, tras mencionar las características de la prensa general y de explicar la necesidad de periódicos para las damas, aclaraban: “Bajo tales antecedentes, El Eco de las Damas se propone llenar esta digna misión: ilustrar, instruir, educar y proporcionar solaz y agradable entretenimiento al bello sexo, para quien ex profeso se escribe”.

A poco menos de un año de su aparición, el 6 de marzo de 1892,  Estrada y Morales “renuncia voluntariamente a su cargo” —como así lo expresaron—, y Benítez Veguillas asumió la dirección literaria; a partir del 19 de junio de este mismo año fue el director-propietario.

Según consta en la edición del 24 de abril de 1892, desde ese día fue secretario Francisco García Cisneros, quien posteriormente, el 19 de febrero de 1893, fue sustituido por Rafael B. Santa Coloma.

Una nota destacada comenzó a aparecer en El Eco de las Damas desde el 29 de enero de 1893, pues además del subtítulo que aparecía en la portada, en la primera página podía leerse otro: “Enciclopedia económica de las familias”.

En su contenido asimismo podían encontrarse notas sobre los viajes en ferrocarriles, la llegada de barcos y el comercio en el Puerto de La Habana, las novedades literarias y algunas reseñas sobre modas.

Entre sus colaboradores se encontraban Ildefonso Estrada y Zenea, Francisco García Cisneros, José de Jesús Márquez, Domitila García de Coronado, Avelina Correa, Carlos Ciaño, Enrique Fontanills, María de Urzáis y Zequeira y otros menos conocidos. Además, aparecieron colaboraciones ocasionales de Enrique José Varona, Diego Vicente Tejera, Juana Borrero, Conde Kostia (seud. de Aniceto Valdivia), Manuel Serafín Pichardo, Ofelia (seud. de Mercedes Matamoros).

El último ejemplar del que se tiene constancia corresponde al 4 de junio de 1893.

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