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EFEMÉRIDES

De Tribuna de La Habana y otras publicaciones en este 7 de octubre

Este 7 de octubre se celebran los aniversarios de la creación de cuatro periódicos cubanos que, con mayor o menor trascendencia, dejaron su impronta en la historia de la prensa insular. Estos son: El Criticón de La Habana, en 1804; El Palenque Universitario; en 1887; La Juventud Liberal, en Cienfuegos, 1894; y el de mayor relevancia entre todos, Tribuna de La Habana, creado en 1980 como órgano oficial del Partido Comunista de Cuba en la capital.

Tribuna de La Habana

Comenzaré esta reseña en torno a esta última publicación que no solo es la más reciente, sino también porque es la única que ha perdurado por más de medio siglo como vocero fundamental de la información sobre el quehacer en la provincia de La Habana, escenario de trascendentales acontecimientos históricos y sociales, muchos de ellos relacionados con las batallas ideológicas que ha librado el pueblo ante la hegemonía del imperialismo yanqui, cuyo criminal bloqueo y sus consecuencias igualmente se reflejan en sus páginas.

Actualmente con una periodicidad semanal y una tirada de 90 mil ejemplares, este impreso prontamente ganó preferencia entre los lectores de la capital, quienes encuentran en sus páginas las más actualizadas informaciones sobre disímiles asuntos de interés, entre los que se destacan las oportunas y recurrentes orientaciones sanitarias para el enfrentamiento a la pandemia de la Covid-19, campaña en la que este medio ha desempeñado un incalculable papel.

Desde su surgimiento el rotativo apareció en formato tradicional (gran tamaño), y el 5 de julio de 1987 comenzó a imprimirse en forma de tabloide. En ocasión del aniversario de la fundación de la Villa de San Cristóbal (La Habana), el 16 de noviembre de 1999, se creó su sitio digital, que cada vez más consolida sus objetivos de llevar a todos los rincones del mundo su quehacer en la profundización de los temas que aborda,  sobre las bases de la investigación, la creatividad y la verdad.

Los periodistas, fotorreporteros, diseñadores, correctores y demás trabajadores de Tribuna de La Habana sobresalen en su empeño por acercar las agendas políticas, mediáticas y públicas, con especial énfasis en lo concerniente a la página web, sitio a través del cual, cada día más, los lectores encuentran la información que precisan, además de haberse convertido en un escenario para el intercambio y la retroalimentación, con la posibilidad que ofrece de poder comentar los trabajos periodísticos.

Asimismo, registran significativos resultados en la labor periodística para la edición semanal impresa, para la que pretenden diversificar, aún más, la utilización de géneros periodísticos como el reportaje de investigación, la entrevista y los artículos de opinión, pues ante el auge de Internet desde la telefonía móvil, los periódicos impresos tienen el reto de realizar trabajos periodísticos más reposados y menos informativos.

“Tribuna de La Habana era no solo un anhelo, sino una verdadera necesidad. Porque en la ciudad están los órganos nacionales, pero ellos no pueden dedicarse con profundidad a los problemas de la provincia en particular. Y más en esta, que es la sede de los organismos nacionales y donde radican las máximas instancias de las organizaciones políticas, de masas y de la administración central del país. Y el periódico se irá vinculando al pueblo para pedirle su contribución en la parte que le corresponda, o para entregarle el estímulo moral que requiere cuando consiga una victoria”, expresó el Comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera, por esa época primer secretario del Comité del Partido en Ciudad de La Habana, pocos días después de la creación del órgano oficial del Partido en la entonces provincia de Ciudad de La Habana —nombre de la capital entre 1976 y 2011—.

El semanario adoptó ese nombre —entre varios sugeridos por diferentes compañeros— en atención a la propuesta del recordado Maestro Emérito del Periodismo Cubano, Jorge Enrique Mendoza Reboredo  (La Habana, 1930-1994), guía de varias generaciones de colegas, historiador y propagandista de la Revolución, quien asumió la creación del rotativo con entusiasmo y optimismo ya que devendría vía fundamental para tratar con acierto e inmediatez los principales avances y problemas existentes en la capital en las esferas de la economía, los servicios, la salud, la cultura, el deporte y la sociedad en general.

Tiene como referentes históricos la publicación de El Habanero (Filadelfia, 1824-1825; New York, 1825-1826), redactado por Félix Varela, considerada como la primera manifestación revolucionaria de carácter periodístico entre los cubanos; así como La Tribuna del Pueblo, desde el que uno de sus principales redactores, Carlos Baliño, lúcido precursor del pensamiento marxista insular, ejercía una labor de propaganda por la libertad de Cuba y de la clase obrera.

Su actual directora, la colega Marta Jiménez Sánchez, ha resaltado el ingente esfuerzo de todo el colectivo para situar a su semanario entre las publicaciones más destacadas del país, empeño en el que hace poco estrenaron nuevos y llamativos diseños tanto en la edición impresa como en la digital.

El Criticón de La Habana

Esta fue una publicación con muy poco tiempo de circulación. Apenas duró dos meses, pues su último número se registró el 11 de diciembre del mismo año en que surgió: 1804, época en que ya se hacían recurrentes los discursos de connotados intelectuales cubanos a través de los cuales se desarrolló el proceso de reafirmación de la identidad nacional, algunos de estos con proyectos literarios que cuestionaban la legitimidad y la autoridad  del régimen colonial español.

Pensado como un periódico ilustrado de arte y literatura, El Criticón fue fundado por el reconocido poeta Manuel de Zequeira y Arango, considerado uno de los más grandes bardos insulares, después del español radicado en Cuba, Silvestre de Balboa (1563-1620), por la calidad y expresividad de su lírica.

Zequeira y Arango, además de poeta y periodista, fue un reconocido militar y funcionario público, egresado del Seminario de San Carlos, donde estudió historia, literatura y la cultura latina e hizo amistad con el padre Félix Varela y Morales. Además del soneto cultivó la décima o espinela, y su poema La Ronda es predecesor de varias tendencias y movimientos literarios posteriores, como el surrealismo y otras vanguardias del siglo XX.

Vinculado al gobierno de Don Luis de las Casas y a la Sociedad Patriótica, también fue el primer director del diario Papel Periódico de La Habana, donde textos suyos, sobre todo poesías, comenzaron a aparecer desde el año 1792.

Por supuesto, Zequeira, quien por su posición política y militar estaba comprometido con el gobierno de la corona española, no utilizó las páginas de su periódico para cuestionar o hacerse eco de inquietudes nacionalistas como la abolición de la esclavitud, la explotación y otros males sociales propios del colonialismo. Su impreso más bien correspondió a un capricho personal y un medio donde dar a conocer sus poemas y otros escritos.

De los colaboradores de El Criticón no hay registros avalados mediante algunos de los ejemplares publicados, de los cuales no se conserva ninguno de estos.

El Palenque Universitario

Fue concebido como Órgano de los estudiantes de la isla de Cuba, periódico ilustrado de ciencias, arte, literatura, política, deportes y actualidades que, bajo la dirección de su fundador, Pedro N. Castro, se publicaba los días 7, 17 y 27 de cada mes.

Vale recordar que desde mucho antes del inicio de la Guerra de los Diez años, los jóvenes estudiantes cubanos se manifestaron contra el gobierno español a través de acciones concretas, como en 1850, cuando Cirilo de León y Cirilo Morel colocaron en la puerta de la biblioteca universitaria un dibujo con la bandera de Narciso López y los lemas de “¡Muera España!” y “¡Viva Narciso López!”, y el 2 de marzo de 1865,  asimismo apareció en la Universidad de La Habana un retrato acuchillado de Isabel ll, reina de España.

Además, tanto en la guerra de 1868 como en la de 1895, participaron estudiantes universitarios de forma masiva. En medio de esta efervescencia patriótica de los educandos de altos niveles de enseñanza, surge,  en 1887,  El Palenque Universitario,  publicación que entre sus textos más comprometidos se encuentra el destinado a reivindicar la inocencia de los estudiantes de medicina fusilados en 1871.

En su primera etapa, además de Pedro N. Castro, contaba con los redactores  Manuel E. Catalán, Ramón Álvarez, Carlos Caballero, Gerónimo Rodríguez, Florentino Argudín y Enrique J. Fontanills.

A partir del número 6, Pedro dejó su cargo de director. Comenzó a aparecer, entonces, sólo la lista de los articulistas y  colaboradores, entre estos últimos se destaca el médico-cirujano y periodista, Fermín Valdés Domínguez, amigo y colaborador de José Martí, poeta de vocación y profesor con una extraordinaria cultura  —discípulo de José de la Luz y Caballero—, quien tanto a sus alumnos como en sus escritos nunca ocultó sus simpatías por los anhelos independentistas de Cuba.

Otras firmas registradas en El Palenque son las de Pablo Hernández, José González Lanuza, José Antonio Frías, Antonio Govín, Enrique Hernández; Miyares, José María Carbonell, Pablo Desvernine, Rafael Montoro, Antonio Sánchez de Bustamante, Carlos de la Torre y Huerta y Rafael Fernández de Castro. Con menos frecuencia se incluyeron obras de Enrique José Varona, Alejandro M. López, Leopoldo Cancio, Herminio C. Leyva, Aniceto Valdivia, Ramón Mayorga, Ginés de Parapapilla y Eduardo de Palacio.

Según el Prospecto presentado en la primera edición, su entonces director expresó: “Procuraremos armonizar en cuanto sea posible la ciencia, las artes y la literatura, no descuidando ni un momento todo aquello que se relacione con los intereses de la juventud estudiosa a la que tendremos el corriente de todo el progreso que en la Metrópoli y en el Extranjero se realice, bien por la clase docente, bien por la discente (sic)… Daremos cabida en nuestras columnas, sintetizando lo suficiente para darlos a conocer sin que ocupen mucha extensión, los Decretos y Leyes que a la enseñanza se contraigan…”.

Asimismo prometía a sus lectores que no eran estudiantes “… obsequiarles con colecciones escogidas de poesía, con artículos críticos por algún conocido literato, o con cuadros cromo-litográficos…”.

En El Palenque vieron la luz trabajos sobre química, derecho mercantil, educación, medicina, lecciones de metafísica, crítica a libros de diversas materias, y también poesías, noticias teatrales y cuentos.

La Juventud Liberal

Otro medio de prensa destinado a los jóvenes fue creado en Cienfuegos, también el 7 de octubre, pero del año 1894. Llevó por nombre La Juventud Liberal, y estaba concebido como un semanario político y literario.

Bajo la dirección de Rafael Pérez, en este impreso de aquella municipalidad sureña de la antigua provincia de Las Villas, fundamentalmente se comentaron y expusieron en notas y otros apuntes periodísticos asuntos relacionados con la política, en una época en la que prevalecía en el país un ambiente evidentemente insurreccional; periodo que se destacó por el frustrado proyecto de José Martí conocido como Plan de la Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin gran desgaste para los cubanos, financiado, principalmente, por los emigrados cubanos en Estados Unidos, a través del Partido Revolucionario Cubano.

Asimismo se publicaron críticas a la sociedad burguesa de aquellos tiempos y reportes sobre asignaciones de cargos, movimientos de personalidades del gobierno colonial y otros temas como los culturales y literarios a cargo de distinguidos escritores y poetas de Cienfuegos y otras regiones del país que así mismo colaboraron con este periódico con cuentos cortos, poemas y otros artículos de interés literario.

Entre esas firmas se destacaron las de la escritora y periodista patriota cubana más sobresaliente del siglo XIX en Cuba, Aurelia Castillo de González,  expulsada de su país por orden de Valeriano Weyler y fundadora de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba.

En La Juventud Liberal igualmente se incluyeron poemas de otras de las poetisas más relevantes del siglo XIX, como Úrsula Céspedes Orellano de Escanaverino, Nieves Xenes y Juana Borrero. También se reunieron textos de Nicolás Heredia, Avelina Correa, César Cancio, Mercedes Matamoros, Elena Borrero y Pedro Mendoza, algunos entonces ya fallecidos. Varios colaboradores aparecieron con las siglas de sus nombres o seudónimos, como es el caso de José  Rafael Montalvo (JRM), Manuel Pérez Beato (con mote de Uno), Rafael Montoro (RM) y Raimundo Cabrera (Raimundo), entre otros menos conocidos.

El último ejemplar consultado de este impreso corresponde al 7 de abril de 1895.

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