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Las noticias falsas de Estados Unidos sobre Cuba tienen más de 120 años

Las noticias falsas de medios de prensa norteamericanos, o asentados en otras latitudes, pero que también intentan desprestigiar a Cuba, no son nuevas, ni siquiera son exclusivas de las redes sociales. En realidad tienen más de un siglo y en su momento más intenso contribuyeron a la Intervención Norteamericana en la Guerra Hispano-Cubana en 1895.

Hace 15 o 16 años comencé a investigar cómo la prensa de la época reflejó los sucesos de la explosion del Maine en La Habana y la posterior intervención americana en la guerra. Consulté y analicé varios medios de prensa cubanos, españoles y norteamericanos, para finalmente centrarme en el periódico Patria y el Diario de la Marina. Pero siempre me llamó mucho la atención la forma en que la prensa norteamericana reflejó esos hechos y la posterior intervención nortemericana en la Guerra que hacían los cubanos a España desde el 24 de febrero de 1895.

La intervención norteamericana en 1898 en la Guerra hispano-cubana, cuando pasó a llamarse Guerra Hispano—Cubano-Norteamericana, se considera un punto de inflexión en la historia de la propaganda y el comienzo de la prensa amarillista. Es tal la tergiverzación de los medios acerca de esa Guerra que la gran prensa internacional siempre trató de llamarla Guerra Hispano-Americana, con el intento de desconocer al beligerante Ejército Libertador.

Este se considera el primer conflicto armado en el que la acción militar fue precipitada por la intervención de los medios de comunicación. La inclusión de los EE.UU. en la Guerra supuestamente era para fomentar la independencia en Cuba, en aquel entonces una de las últimas colonias españolas. Pero la realidad es que buscaba aporderarse de la Isla como importante punto comercial que unía el Norte con el Sur del continente y estaba muy cerca del Itmo de centroamérica, donde siempre se vislumbró construir un canal interoceánico con fines comerciales.

Varios periódicos estadounidenses avivaron las llamas con la fabricación de noticias falsas sobre las atrocidades por parte de las fuerzas españolas, unos bulos orientados a justificar la intervención y posterior anexión estadounidense de esta colonia española.

Magnates de la prensa como William Randolph Hearst, dueño del New York Journal, y Joseph Pulitzer, del New York World, publicaron artículos de naturaleza sensacionalista sobre el conflicto y enviaron corresponsales a Cuba para cubrir el conflicto, quienes al no ser capaces de obtener informes fiables, acabaron por inventarse la mayor parte de las historias, aludiendo en gran medida a informantes de dudosa procedencia.

La gran mayoría de los artículos se elaboraban a partir de información de tercera mano, a menudo retransmitida por intérpretes cubanos e informantes a sueldo, simpatizantes de la revolución independentista que distorsionaban los hechos para arrojar una luz positiva sobre su causa. Rutinariamente, pequeñas escaramuzas se convertían en grandes batallas y la opresión de Cuba se representaba a través de un trato inhumano, torturas, violaciones y pillajes en masa por parte de las fuerzas españolas. En estos reportajes se notificaron grandes cantidades de muertos, incluidos mujeres y niños que supuestamente quedaban abandonados en las cunetas de las carreteras.

Los corresponsales rara vez se molestaban en confirmar los hechos, sino que simplemente pasaban los artículos a sus editores en sus respectivas redacciones, donde se publicaban después de condimentarlas con nuevas y falsas declaraciones. Este tipo de periodismo, que se conoce como “periodismo amarillo o amarillista”, se extendió por toda la nación y su acción propagandística ayudó en gran medida a precipitar la acción militar de Estados Unidos en Cuba y otras colonias españolas de ultramar.

A continuación veremos algunos ejemplos de cómo esa gran prensa imparcial construía las noticias:

El drama de Evangelina Cosío

El jueves 7 de octubre de 1897 los carceleros de la “Casa de Recogidas” de la Habana, descubrieron que la joven cubana Evangelina Cossío Cisneros había escapado del penal. El día 9 llegó a costas norteamericanas con un barco y allí continuó su historia.

Pero ¿quién era y porque se hizo famosa?

Evangelina había sido condenada a veinte años de cárcel por haber participado en una rebelión de cubanos confinados en la Isla de Pinos. George Eugene Bryson, corresponsal en La Habana del Journal, el diario más sensacionalista y de mayor tirada de Nueva York, se interesó por su caso, hablo con ella y redactó una crónica que envió al director del diario.

El director del Journal, William Randolph Hearst, publicó la información el 20 de agosto de 1897 y la ilustró con un grabado que mostraba escenas del horroroso cautiverio de Evangelina a la que llamó la “Juana de Arco de América”.

Hearst decidió rescatar a la cubanita. Nombró a Karl Decker que tenía una bien ganada fama de aventurero y astuto, había estado en las filas mambisas reportando la guerra, conocía bien La Habana y chapurreaba el español. Hearts le dio dinero y facultades de actuar como más le conviniera para rescatar a Evangelina de la cárcel y llevarla sana y salva a Nueva York.

El nuevo corresponsal del Journal llegó a La Habana el 28 de agosto de 1897 y al día siguiente estaba dándole vueltas a la cárcel de Las Recogidas y sus alrededores. Alquiló una casa situada en la calle O’Farrill, frente a las Recogidas y animó a dos antiguos amigos, el cubano Miguel Hernandón y el irlandés Tom Mallory para que lo ayudaran en el rescate. Y también al banquero cubano Carlos F. Carbonell, muy ligado a la legación norteamericana, que se encargaría de esconder a Evangelina en su casa hasta que pudiera salir de Cuba.

Ellos rescataron a la mambicita para hacer sus reportajes y vender más periódicos, esa fue la realidad aderezada con fabulas que publicaron en el Journal. Fue una sensación mediática llena de mitos reflejados en el periódico de Hearts hasta la explosión del Maine unos meses después, cuando su historia perdió importancia.

Las mentiras del caso Olivette

El «caso Olivette» fue otra de esas historias, cuando en 1897 una joven cubana, Clemencia Arango, fue detenida a bordo del buque estadounidense Olivette con destino a Nueva York por funcionarios españoles, bajo la sospecha de entregar cartas a los líderes cubanos rebeldes estacionados en aquella ciudad.

Fue llevada a un cuarto privado y registrada por una matrona. Hearst tergiversó el incidente en su periódico hasta el punto de acusar a los funcionarios policías españoles de acoso sexual. Los titulares fueron los siguientes: «¿Protege nuestra bandera a las mujeres?», «Indignidades practicadas por funcionarios españoles a bordo de barcos americanos» y «Una refinada mujer joven desnudada y registrada brutalmente por españoles bajo nuestra bandera en el Olivette».

Inicialmente, Hearst había incluso logrado obtener apoyo entre grupos de mujeres estadounidenses, pero pronto se encontró ante graves problemas cuando Arango se dispuso a declarar la verdad, aclarando que en todo momento había sido tratada con sumo respeto.

Hearst nunca se molestó en publicar rectificación o disculpa alguna en sus periódicos, aunque sí se vio obligado a imprimir una carta explicando que su artículo no había dicho en realidad que hombres policías habían registrado a la mujer, ya que, de hecho, la búsqueda la había realizado una matrona de la policía, sin ningún hombre presente, aunque la ilustración que apareció en primera plana acompañando al artículo, daba a entender todo lo contrario.

Las mentiras sobre el Maine

En enero de 1898, el buque acorazado Maine fue enviado a Cuba por Estados Unidos oficialmente para proteger sus intereses durante la guerra. En realidad el acorazado había sido enviado como demostración de fuerza. Tres semanas después, en la noche del 15 de febrero de 1898, hubo una explosión a bordo del Maine en el puerto de La Habana. El buque se hundió y 266 hombres perdieron la vida en la explosión o poco después, y otros ocho a consecuencia de sus heridas; hubo sólo 89 supervivientes. Investigaciones posteriores, tanto españolas como norteamericanas, han demostrado que la explosión se produjo en las carboneras, desde el interior.

En los días posteriores al hundimiento del USS Maine, Hearst publicó un artículo, titulado «El barco de guerra Maine fue partido en dos por una arma secreta infernal», que contaba cómo los españoles habían plantado un torpedo por debajo del barco que detonaron desde la orilla.

Hearst publicó poco después otro artículo que contenía diagramas y planos del supuesto torpedo secreto utilizado por España. La noticia fue republicada en todo el país, culpando a los militares españoles de la destrucción del USS Maine. La mentira tocó la fibra sensible del pueblo estadounidense agitando la opinión pública y la frase «¡Recordad el Maine, al infierno con España!» («Remember the Maine, to Hell with Spain!») se convirtió en un eslogan agitado por quienes clamaban por la guerra.

El lema se empleó hasta la saciedad, desde vajilla y jarras, medallas y monedas, sellos y carteles, hasta canciones y cócteles.

Las mentiras de Roosevelt y los Rough Riders

La imagen de Theodore Roosevelt dirigiendo a caballo o a pie a los Rough Riders en la toma de la colina de San Juan se convirtió en icónica de la guerra. Pero en realidad Roosevelt no estuvo en la toma de la colina de San Juan, que había sido tomada en gran parte gracias a los esfuerzos de los Buffalo Soldier, un regimiento de soldados negros, a los que no se les reconoció el mérito.

En el fondo, el hecho ni siquiera era tan heroico, ya que en las colinas Kettle y San Juan, la artillería y las cuatro ametralladoras Gatling permitieron a unos 15 000 soldados estadounidenses y a unos !4 000! mambises cubanos vencer a unos 800 españoles que lucharon en inferioridad numérica.

Más importante que todo esto fue la foto que Roosevelt se tomó en la cima de la colina de San Juan con sus Rough Riders, dando la impresión de que acababan de tomar la colina. Por supuesto que nunca la prensa norteamericana dijo que en ese combate participaron unos 4 mil mambises cubanos.

Las mentiras de las playas de Daiquirí y Siboney

En junio de 1898, cuando se inició la etapa decisiva de la guerra hispano-cubano-americana con el desembarco de los militares estadounidenses en las playas de Daiquirí y Siboney, en Santiago de Cuba, se encontraba allí también el teniente coronel Teodoro Roossevelt, más tarde presidente de los EE.UU y muy asiduo en esa etapa en denigrar a las tropas cubanas.

La falta de experiencia del mando norteamericano casi provocan el fracaso del desembarco, pero fue exitoso gracias al apoyo del Ejército Libertador al mando del General Calixto García, que previamente ocupó las zonas de la costa e impidió que los españoles pudieran enviar su artillería y batallones armados para diezmar a los expedicionarios que arribaron a las orillas sin ningún tipo de organización ni estrategia.

El jefe de las tropas invasoras, general William Shafter, tuvo que admitir la derrota en combates contra las fortificaciones españolas en Santiago de Cuba que sumaron alrededor de mil 650 bajas, con 200 muertos, y envió un cable a Washington informando su decisión de retirarse a la costa, a pesar de sus más de 10 mil soldados que duplicaban las fuerzas españolas en la zona.

Los cubanos tuvieron más de 100 bajas fatales, la mayor que sufrieron en un solo combate durante toda la guerra y en proporción a sus fuerzas involucradas, mucho menos que las norteamericanas. El reflejo de la prensa norteamericana de esos hechos fue muy diferente. Y por supuesto que no se habló de que las fuerzas mambisas de unos 1500 hombres tomaron Daiquirí de manos de los españoles y que los americanos bombardearon inútilmente esa zona, luego de estar en manos de los cubanos, y llegaron a herir a dos mambises.

Mentiras y más mentiras: el Journal y el World

En sentido general, casi todo lo publicado en el Journal y en el World sobre Cuba, entre 1897 y diciembre de 1898, estuvo aderezado por mentiras, rumores y opiniones tergiversadas. De hecho, la prensa amarillista actual toma su apelativo del trabajo de esos periódicos norteamericanos en esa segunda mitad de la última década del siglo, cuando era más importante construir y falsificar los hechos para vender periódicos que reflejar la realidad en sus planas.

Esa intervención militar de los Estados Unidos en la guerra que libraba Cuba contra España fue la primera contienda cubierta por corresponsales que utilizaron las cámaras de cine y que, junto con la prensa escrita auxiliada por el telégrafo y el cable submarino, reportaron al mundo hasta el cansancio, la matriz mentirosa de que los vencedores fueron solamente el ejército y la marina estadounidenses, y silenciaron el papel del Ejército Libertador cubano, a la vez que trataron de presentarlo como hordas salvajes.

Más elementos sobre este tema se pueden ver en el libro “La prensa norteamericana llama a la guerra en 1898”, de la escritora e historiadora cubana Miralys Sánchez Pupo. Su libro narra los acontecimientos que marcaron la historia de Cuba con las dobles intenciones anexionistas del gobierno norteamericano.

El libro trata sobre la manipulación de la opinión pública mediante argumentos tendenciosos, noticias falsas y la exacerbación de los sentimientos nacionales por la prensa estadounidense de la época. Patrañas y mentiras, enredos y falsedad se esconden en las verdaderas intenciones del imperio norteamericano.

Como podemos ver las mentiras de la prensa norteamericana sobre Cuba no son nuevas. Tampoco son exclusivas de las redes sociales. También es muy posible, casi seguro, que sigan durante mucho tiempo. Así que lo mejor es estar preparado, buscar fuentes diversas, hablar con muchas personas y tocar los hechos con nuestras manos para saber realmente lo que sucede en Cuba.

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