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PERIODISMO CULTURAL

Ballet Folclórico de Camagüey: desde lo profundo las raíces afrocubanas

La pandemia de la Covid-19, devastadora de sueños y proyectos, no hará posible que el Ballet Folclórico de Camagüey (BFC), celebre por todo lo alto sus primeras tres décadas de existencia, ocasión para la que sus bailarines y músicos se estaban preparando desde hace más de un año para presentar al público el espectáculo Ochosi Odde.

Sin embargo, la fecha no pasará por alto, y este 12 de septiembre, en una sencilla y poco concurrida ceremonia en la que prime el asilamiento entre personas para evitar el contagio del nuevo coronavirus, festejarán su aniversario junto a directivos de Cultura y de las artes escénicas en la provincia, en tanto reconocerán la trayectoria artística de las primeras  bailarinas  y fundadoras de la compañía, Elsa María Avilé Carmenate y Janixe del Rosario Jiménez Sánchez.

El maestro Reinaldo Echemendía Estrada (Camagüey, 1956), creador y director de la compañía, inició en esta su fecunda carrera como artista de la danza y le propició demostrar sus dotes como conductor de una agrupación que ha alcanzado prestigio nacional e internacional y cuyo desempeño ha sido elogiado por la crítica y la prensa especializadas.

Diversos escenarios de Latinoamérica, Europa y Asia han acogido, con notable éxito de público y de crítica, las actuaciones del BFC, caracterizado por la calidad artística de sus bailarines y músicos, quienes han llevado a las tablas trascendentales piezas como Kimbambulo (Reunión de Congos), con argumento extraído de la tradición de un cabildo congo de Camagüey;  Iku lobi Ocha (La muerte parió el Santo), basado en el nacimiento, vida y muerte de un santero; Cordoneros, sobre los centros espiritistas de Camagüey; De Pascua a San Juan, recreado en las festividades carnavalescas de esa ciudad; y Suite de bailes cubanos, donde se entremezclan todos los géneros musicales nacionales, como la chancleta, el son, el mambo, el pilón, el pa´cá, el chachachá, el dengue, el mozambique, el  changüí y la rumba.

Otra de sus sonadas puestas en escena fue SAB, recreada en la novela homónima de la poetisa y escritora precursora del romanticismo hispanoamericano, Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Pero durante estos meses de recogimiento social, el BFC no ha estado detenido. Sus integrantes, desde improvisados espacios en el hogar mantienen el estricto régimen de ensayos, en conexión directa con su director a través de las redes sociales o por vía telefónica, con el fin de estar en óptimas condiciones físicas y artísticas para varias eventualidades previstas para el mes de diciembre, siempre y cuando se detenga la excesiva proliferación del temible virus.

Entre esas actividades se encuentra la participación de la compañía en el festival Bailando en la Casa del Trompo, de Santa Clara, y el ya prestigioso Olorum, un encuentro que cada dos años organizan en su habitual sede de actuaciones en el centenario Teatro Principal de la ciudad de Camagüey. Para la ocasión se prevé un amplio programa especialmente concebido para interactuar con el numeroso público que concurre a los diferentes escenarios habilitados en diferentes calles, teatros, plazas y otros lugares.

Para el maestro que ya se acerca al medio siglo de una fecunda carrera artística iniciada en el año1972,  “Olorum es la energía, el gran poder energético que se simboliza con el sol, y esa luz que se expande en esos días de festival es la luz y la energía de la cultura popular tradicional que se hace como espectro, como antorcha que ilumina el pensamiento, la acción del cuerpo con relación a la danza y la música folklórica y tradicional que el evento convoca”.

En tal sentido, e inmerso en los preparativos de la venidera edición de esta fiesta de las raíces afro-cubanas, apuntó que “cerrando estas revelaciones desde el asegurado sostén que nos brinda la inigualable e insustituible justicia social cubana, la proyección hacia el X Festival Olorum, igualmente evocará al onomástico treinta del BFC. Desde este alejamiento necesario y temporal, nos aseguremos preparar,  la mejor fiesta de la danza  nunca antes realizada;  por lo cual  seguimos como dice nuestro eslogan: Irradiando Aché”.

Bailarinas del Ballet Folklórico de Camagüey, durante su actuación en la XXII Fiesta de la Cubanía, en la ciudad de Bayamo, provincia de Granma, Cuba, el 18 de octubre de 2016. Foto: Armando Ernesto Contreras Tamayo/ACN

En cuanto las condiciones epidemiológicas lo permitan, el BFC tiene previsto grabar su primer disco (DVD) en los estudios Caonao, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales en Camagüey, el cual igualmente llevará por título Irradiando Aché.

Este 12 de septiembre, durante la celebración del aniversario 30, lanzarán la convocatoria del concurso virtual de pequeño formato de danza folclórica que llevará por nombre Olorun, cuya premiación también se realizará en el mes de diciembre próximo.

Echemendía, graduado en la Escuela Nacional de Arte y del Instituto Superior de Arte —en clarinete—, ha dedicado más de 40 años de su vida al estudio, promoción y escenificación del folclore. También fundador de la Banda de Música de la Policía Nacional Revolucionaria en Camagüey, asegura que los grupos que cultivan el folclor “deben de estar mejor atendidos y mejor representados”. Es un género, afirmó, cuyas músicas y coreografías  “no pueden quedarse en la superficie. Por eso es importante que sus integrantes tengan profundos conocimientos de lo que están haciendo, y es muy bueno que provengan de barrios con fuertes raíces folclóricas.

“El folclore —agregó— requiere de atención especializada, de expertos capaces de examinar y dirigir proyectos que preserven las expresiones musicales y los bailes, así como que rescaten aquellos que no se conocen y forman parte del patrimonio local”. Y puso de ejemplo que en Camagüey existen diferentes tipos de congas, mientras que el zapateo es distinto en cada municipio.

“Esa es una de las razones por las que estoy luchando por crear una Asociación Nacional de Artistas Folclóricos que se encargue de una real y seria protección de nuestra identidad y que ponga fin a las barbaridades que se ven en algunos espectáculos, sobre todo en los destinados al turismo. En el orden profesional, nos tenemos que organizar y velar porque las compañías que se dedican a cultivar el folclor cumplan los preceptos histórico-culturales que caracterizan a este tipo de escenificación”, precisó.

Echemendía recalcó que una cosa es el portador natural y otra el espectáculo artístico que, para ser llevado al público, debe respetar códigos bien definidos. “Hay que basarse en los principios de la ´teatralización del folclore´, expuestos por Ramiro Guerra. Debe de existir un orden escénico y una proyección corporal que sobresalga por la calidad del lenguaje técnico, en concordancia con una investigación previa que sostenga la puesta en escena”, dijo.

Afirmó que “las diferentes manifestaciones puras de la santería yoruba, el espiritismo, el vudú y otras, está en los barrios, en las comunidades, como sucesos oriundos de sus culturas; pero cuando son recreados artísticamente hay que regirse por preceptos precisos, pasar por el tamiz del lenguaje escénico, pensado desde la creación teatral. Llevar la realidad mágico religiosa a las tablas, tal y como es, ocasiona confusión, incoherencia y monotonía, en tanto es imposible alcanzar una dramaturgia que interese al espectador”.

Con su proverbial  discurso enfatizó que durante  “este resguardo de seguridad ineludible aconsejada, y de involuntaria aceptación, aparece la voluntad de la dedicación al mejor tiempo aprovechable, en aras de ordenar, organizar, codificar un arsenal de fotos, video, y documentos bien resguardado de la historia completa del BFC”.

El además profesor de música en la enseñanza artística destacó que en este tiempo de recogimiento personal se ha entregado, “de igual manera, a lo relacionado con nuestras investigaciones, soporte básico de la creación músico-danzaria de la compañía y de mi sostén como investigador, así mismo en garantizar la proyección pedagógica de nuestros estudiantes para estos tiempos en la Universidad de la Artes (ISA), en su filial  camagüeyana en la carrera de Arte Danzario, de la cual el Folklórico de Camagüey es la sede de la especialidad de folklor, Allí se forma la mayoría de los calificados docentes.

“Más para que el tiempo no sobre —dijo—, le he dedicado especial atención al estudio del clarinete, en aras de seguir justamente aportando mejor arte a la orquesta de nuestra agrupación que junto al proyecto danzario, ha obtenido muy buenos resultados en sus más recientes estrenos como: Oddí-Oché, Identidad, San La Muerte y Los Muertos, en una lograda coincidencia exitosa, de público y especialistas”.

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