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PERIODISMO CULTURAL

Alicia del ensueño y las batallas

¿Quién le dijo al 16 de septiembre de 2021 y a la pandemia que podía arrebatarnos a Alicia Pineda Cruz? Está aquí y siempre lo estará, rodeándonos de sueños y victorias. Nacida en hogar de escasos recursos y gran decencia de Las Cañas, Artemisa, madre despalilladora y padre empleado de un bar, iluminaría los predios artemiseños, de Guanajay y La Habana sobre todo al crecer al ritmo de su Revolución.  Se encontraron, se encontró por encima de cualquier imperfección, de cualquier contratiempo que intentaran cortarles los pasos.

De secretaria en Comercio Exterior, a aulas y libros crecidos. En la Escuela de Periodismo. Antes, esa asignatura inigualable de acompañar a Fidel en el ascenso a la Sierra Maestra en 1960 junto a los universitarios. Graduarse de Licenciada en Ciencias Sociales. Alumna también del curso de actuación dirigido por Alejandro Lugo. Y pasar con éxito, no sin difíciles contiendas internas y externas, como actriz, presentadora, asesora, directora, sea en la televisión o en la radio, medio donde le pidieron presencia por sus condiciones.

Alma más que dirigente de la programación de Radio Progreso. Guiar, exigir, crear, sin dejar de aprender, siempre aprender. Esa emisora en su sangre por encima de algún olvido o incomprensión hiriente; los que valen saben cuánto le dio, cuánto significó esa emisora para ella y ella para esa emisora. Espacios venturosos de temas infantiles o musicales, de profundo pensamiento y, a la vez, de agradable fisonomía, atractivos, que dicen y saben atrapar. En combate por lo correcto, contra las injusticias desde lo sindical, llevó esas lides a un programa radial respetable y respetado: en siete ocasiones conquistó el premio colateral otorgado por la CTC en el Caracol. Muchos más galardones de varios tipos obtuvo; al otorgárselos les daba jerarquía.

Su libro, más que libro, su canto a Guanajay publicado en Argentina donde se nos da entera. Sus viajes a la patria de Gardel a la que condujo grupos artísticos, con destaque para la voz y el brillo de Tito Junco, y los poemas de Nicolás Guillén en un haz atrayente y jugoso,  tan cubano, tan latinoamericano, tan universal. Destaca  su labor como jefa de prensa de los Guzmán y su apoyo en Trinidad, entre otras misiones. Corazón del Día del Guanajayense ausente. Ya jubilada, estableció su intranquilo quehacer en diversos sitios, especialmente en la Casa de la Trova de Centro Habana. Aquel decir y hacer con Querol y Niurka, música, humorismo, hondura, goce; en fin, arte.

Dos hijos, que sienten sano orgullo por su progenitora. Los forjó desde el ejemplo para que fueran ciudadanos fieles a lo mejor de la patria y la humanidad. También como artistas: Aliosca, licenciada en Artes Visuales de la Fanca, documentalista,  trabajadora de nuestra televisión; y Racso, con su bregar como diseñador. Y se va irguiendo Daniel Hernández,  el nieto,

Ha dejado un libro inédito en el que ahonda en su primeros años de vida y en aquella época de su niñez, adolescencia y juventud, cuando ya en Alicia se alzaban los anhelos y su combatividad, esta Alicia nuestra de ensueños y batallas. Vencedora del cáncer desde hace 25 años, al sentirse atrapada por la Covid, pidió ingresar en el Hospital Oncológico, “… donde siempre me han atendido muy bien”. Mostraba su gratitud desde la sencillez de su grandeza,  presente también en su último escrito: sobre Alberto Luberta y Marta Jiménez Oropesa a quienes amaba y admiraba tanto.

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