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COLUMNISTAS

Aprender a “torearnos” los unos a los otros

El mundo está en tránsito violento, de un estado social a otro. En este cambio, los elementos de los pueblos se desquician y confunden; las ideas se obscurecen; se mezclan la justicia y la venganza; se exageran la acción y la reacción… No hay nada más temible que los apetitos y las cóleras de los ignorantes. Si existe un mal, con permitir que se acumule no se remedia. El crimen de permitirlo, trae siempre sangre.[i] José Martí

Una sufrida “…especie biológica en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida…” está en peligro[ii]. Una inquietante realidad concurre, la amenaza parte de la propia especie amenazada.

Sin los “otros” no seríamos lo que somos; en la medida en que compaginemos la dimensión individual con la social, en convivencia con la comunidad y unión a los demás es que logramos realizar algo.

En la relación de los hombres con la naturaleza y con los bienes materiales, en el proceso de producción, intervienen: las opiniones o representaciones ideológicas, las teorías de todos los tipos, las estéticas y la ética, el aspecto material y el espiritual; y eso es lo que denominamos ser social y conciencia social.

La naturaleza del hombre está en la socialización; y una colectividad requiere de una organización de naturaleza política, la cual derivará en el dictado de normas de conducta que garanticen la convivencia pacífica, sin esta nunca habrá desarrollo.

Hay variadas formas de gobernar, a lo largo de la historia han quedado probadas casi todas; pero ninguna alcanza mayor aprobación que cuando existe el consenso de intereses entre gobernados y gobernantes.

Gobernabilidad, buen gobierno y democracia se han tratado de utilizar como miembros de una misma familia semántica, y no lo son.

La gobernabilidad, concepto dormido en los tratados por bastante tiempo, comenzó a recibir una nueva atención a partir del auge del neoliberalismo y la ingobernabilidad que trajo su aplicación. Su uso está muy asociado a la estabilidad de los sistemas dinámicos complejos, en el hecho de que forma parte del arte de reinventarse, regulando y controlando su desarrollo.

El buen gobierno debe ser un “certificado” que emita el gobernado, o sea que siempre será algo complicado; y con el asunto de la democracia, sufrimos más de un problema; tal vez el más excitante es que no existe; constituye una quimera, es una utopía que tratamos de alcanzar. Trascendidos los orígenes de esta en el inicio de la Historia, el socialismo utópico y la visión liberal del mundo, fueron su invención moderna.

Por suerte, junto a la vigencia del marxismo –que desgraciadamente se convirtió en una doctrina como práctica funesta, con sus artículos de fe, catecismos, dogmas, condenas, cleros, arrepentimientos y demás atributos, contribuyeron a la esterilización de un instrumento maravilloso, la conversión del pensamiento revolucionario en adorno de las posiciones políticas y en arma de dominio y manipulación[iii]-, pervive la utilidad de las ideas de Platón, Aristóteles, Feuerbach, Schopenhauer y los demás filósofos que conformaron y constituyen la base del pensamiento de occidental.

La crisis en la generación conceptual comenzó en el momento en que la filosofía se “montó” en el carro de la política, y la praxis degeneró en la necesidad del mantenimiento del poder.

Entonces, ¿cómo hacer que el poder se transfigure en una noción que se asemeje al buen gobierno? Con el consenso. La Revolución cubana es un buen ejemplo de esto y Fidel fue creando el consenso con su praxis política.

En América arrastramos problemas históricos y para comprenderlos de alguna forma, habría que remontarse a la historia de España, a la aplicación, con la dinastía de los Borbones, del centralismo absolutista de estilo francés.

El centralismo administrativo, creado por el cardenal Richeliu y Luis XVI, anuló las libertades, privó de sus atribuciones a las corporaciones representativas de los ciudadanos y destruyó el equilibrio logrado trabajosamente entre la monarquía y los cabildos. De esa manera llegó a España el despotismo ilustrado, que fue el acelerante del movimiento de la emancipación americana.

El despotismo –el francés y el español- con el sufrimiento que trajo de la mano a la opresión, creó otro mal mayor; las víctimas identificaron al Estado con la opresión y como consecuencia trajo el pensar que el remedio contra la injusticia era la destrucción del Estado.

La crisis de la democracia comienza ante la fragilidad de su propio paradigma; el pensamiento político natural es instintivamente no democrático; tratamos de imponer al otro nuestro ideal y punto de vista y, la construcción histórica del paradigma se pone a riesgo cuando los ciudadanos delegan en otro su representatividad.

Por esa razón, quien detenta el poder no puede descuidar el hecho de que sólo  representa a sus congéneres, es un servidor público y cualquier falla en el ejercicio de la representación hará mella en el concepto de autoridad.

La estructura humana necesita de una responsabilidad respetable y que se haga admirar y que coordine entre los congéneres sus actos en grupo.

Pero, contenido en el juego del poder está el concepto de cultura, que ha sido alterado. En su momento fue el dominio de las circunstancias, del entorno; la capacidad del uso de las artes de la sobrevivencia, en un momento histórico y en una circunstancia geoespacial concretas; pero ya no lo es. El enciclopedismo fue superado por el desarrollo actual de las ciencias y la indetenible carrera tecnológica. Cultura no es la acumulación de conocimientos, que sin ser aplicados a una utilidad, no significan nada, como tampoco lo son la moral y la moralidad, elementos de imposición de reglas predeterminadas usadas por la clase dominante. Es la cultura quien puede detener la irrefrenable e irrespetuosa violación de reglas de conducta, necesarias para el control en los ámbitos público y privado del actuar social.

Los cambios del juego de la democracia representativa burguesa han traído una alteración del lenguaje de la política, de su propia filosofía comunicativa con consecuencias sociales nefastas, haciendo que se pierda el reconocimiento del político por las masas; pero la desaparición de la misma, en una primera consecuencia, hace que no se respeta al que se debiera seguir en las costumbres civiles y en las artes, en el mejor de los casos, en el peor aparecen la apatía, el “no me importa”, el voto de castigo, la irreverencia y el desastre, que ningún órgano represivo podrá controlar, pues los actuares de la insolencia pueden alcanzar niveles insospechados.

Desde la colonización española hasta la época neocolonial norteamericana, y Cuba no es ajena, nuestro continente no ha hecho más que revivir modelos y calcos impuestos en lo referente a la democracia.

Bolívar decía que la solución del problema político en América Latina residía en la creación de instituciones que pudieran representar las mejores tradiciones españolas: la libertad, el bien público y la libertad individual junto a las autóctonas americanas. Los antiguos pobladores de nuestro continente decían que damos la espalda al futuro y lo que tenemos ante nosotros es el pasado, tal vez tendremos que replantearnos muchas cosas.

En carta al General Santander, El Libertador escribía: “Estoy haciendo una constitución bien combinada para este país – Bolivia- sin violar ninguna de las tres unidades y revocando, desde la esclavitud para abajo, todos los privilegios”[iv].

Bolívar trató de iniciar una nueva era política para el continente anunciando el propósito de entregar a los pueblos, aún en contra de las leyes vigentes, la total decisión de un cambio radical de las instituciones políticas, “…Yo tengo pruebas irrefregables (SIC) del tino del pueblo en las grandes resoluciones; y por eso siempre he preferido sus opiniones a las de los sabios”[v].

La constitución para Bolivia fue la “…noción del poder público –de su tiempo- más completa y más exacta de todas las practicadas por los anglosajones de ambos mundos o propuestas por tratadistas latinos o germánicos. En su acariciado proyecto…, dividió el poder en cuatro ramas: las tres ya conocidas por el derecho público, y agregó la electoral. En realidad fue el único que completó a Montesquieu, pues agregó a la noción del filósofo político lo que efectivamente le faltaba, al decir de Eugenio María Hostos[vi]”.

Y entonces, ¿qué sucedió?

El desarrollo del capitalismo terminó por asfixiar el ejercicio de la democracia. El  socialismo nunca se desarrolló como lo planearon sus primeros arquitectos,  perspectiva con reglas para usar por estudiosos e investigadores, y se transformó en otras cosas[vii].

¿Tiene el socialismo la culpa o la tenemos los hombres? A consecuencias de las malas prácticas, la especie humana está en manos del gran capital y se aleja un sueño: que el hombre sea hermano del hombre y que se satisfagan las necesidades del espíritu y de la carne según se precise y no según se posea.

Por otra parte, el papel de la burguesía y de las clases sociales en el capitalismo, lo comenzó a jugar la burocracia socialista.

“El problema de la burocracia en el movimiento obrero se plantea, bajo su forma más inme­diata, como el problema del aparato de las organizaciones obreras; problema de los permanentes, problema de los intelectuales pequeño-burgueses ocupando funciones de dirección intermedia o superior en las organizaciones obreras”[viii] y agrego, en todos los estamentos de la sociedad.

El aparato estatal resulta inconcebible sin un grupo de funcionarios, que organicen la vida diaria mediante “papeles” y, para crearlos, se necesita un buró o mesa; con la aparición de esta figura estamos ante el fenómeno de la burocracia.

En un inicio son solo personas que harán funcionar diariamente a las organizaciones (partidos o sindicatos, por ejemplo). Esas personas, en el trabajo diario, se constituirán como “aparato auxiliar” aunque con el tiempo, se le agregarán al conjunto de egos de los compañeros burócratas, “pequeñas pizquitas” de ambición, de abyección y de guataquería, y entonces ellos serán el poder.

Una total supresión de esos “aparatos auxiliares” condenarían al movimiento obrero y a cualquier formación política a la mediocridad, no existiría memoria, por lo que ese acto de supresión resulta impensable, de manera que hay que atajar de cerca el fetichismo y los comportamientos humanos que se crearán a partir de la división del trabajo y la diferenciación resultante con otras formas de actuar, aún por poner en práctica.

El estalinismo y las llamadas democracias populares frustraron la experiencia real al no demostrar la existencia de otra forma de desarrollar a la democracia en el socialismo, y tampoco nosotros los cubanos lo hemos logrado.

El poder, en nuestros días, además del ejercicio de una soberanía personal, puede definirse también, en los términos de control sobre el tiempo ajeno[ix] como una especie de “colonialismo temporal”, pues los ciudadanos estamos subyugados al desarrollo de estrategias que secuestran el tiempo de las personas con contenidos que la enajenan y la sustraen de su verdadera esencia.

A fines del siglo XX comenzó una revolución silenciosa que hizo que el egoísmo volviera a estar en la cúspide, se creó una nueva física política, …se fundó Silicon Valley[x].

La era de la información universalizó un nuevo orden. La Revolución tecnológica trajo consigo la llamada economía del espíritu, sin límites para el ego. Apareció una nueva definición del trabajo humano, claro, siempre que exista conectividad[xi].

El hombre entonces pensó ser el creador de su destino sin necesidad de los “otros”, esto incentivó nuevamente el más bajo instinto humano.

Con las nuevas posibilidades, el espíritu sería la fuente de creación de la abundancia material. Una nueva mitología, el hombre sin necesidad del apoyo o la ayuda de sus iguales, pondría espacios entre la materia y el espíritu. Lo más triste del caso es que ese nuevo escenario es casi una realidad.

La era de la información fue una providencia para la sociedad; pero más aún para el capitalismo, el hombre desde su casa crearía dinero.

Después surgieron otras herramientas de la comunicación, el correo electrónico, el teléfono celular. Se superó lo imaginado, el ser humano estaría al alcance de un oído, siempre y cuando tuviera el aparato y la conexión. La libertad se nos redujo, somos seguidos, escuchados; ese aparato nos quita soberanía, nos acompaña junto al inefable documento que nos identifica y el poco dinero, en mi caso, que está en nuestros bolsillos.

Junto al desarrollo de la informática y la computación, apareció una nueva visión de lo vendible, cuánto más loca fuese la operación más dinero atraería. El panorama cambió y con el cambiaron muchos. Las “almas” se vendieron por oro; mientras la otra gran humanidad, que había comenzado a decir basta y a dar pasitos de a poco para alcanzar su independencia se quedó más sola que antes.

El inicio de la nueva era coincidió con el derrumbe del socialismo estalinista y se desataron las ambiciones de todos los tipos y colores.

Los gobiernos incómodos ideológicamente al gran capital están bajo constante asedio, porque la asociación entre la maldad y la muerte -derrotable solamente por el respeto, la buena vecindad, las normas de convivencia y el amor-, se alían a los fundamentalismos, que afloran bajo cualquier pretexto, cuando la inteligencia humana se dedica a otras cosas que no sean el trabajo y la lucha por alcanzar el bien para todos los ciudadanos por igual.

En el 2017, antes de morir, el filósofo cubano Fernando Martínez Heredia escribía en un libro inédito: “Debajo de la calma aparente de los días -violada el pasado 11 de julio, me atrevo a agregar- y las semanas que se suceden, está ocurriendo en Cuba una coyuntura crucial, en la que se forman paulatinamente los materiales para un desenlace ulterior que será trascendental”[xii].

Los seres humanos tenemos que superarnos cambiando los modelos y los referentes de nuestras conductas, lo que se nos vende desde el capitalismo como éxito es mentira, es la cultura del dinero, y una de sus invenciones mejor elaboradas es la creación del pobre de derecha, donde convergen complejos componentes de la personalidad humana como las frustraciones y la ignorancia, entre otros.

Los pensadores e investigadores de las ciencias sociales y humanísticas deben implicarse para rescatar la actualidad del socialismo, sacarlo del marasmo en que se encuentra; y la responsabilidad de los políticos, por sobre todas las cosas, estriba en tomar distancia de las prácticas nada democráticas del estalinismo que perduran y que se han reproducido en las conductas burocráticas, que nada tienen que ver con que funcionarios de un aparato auxiliar, y pocas veces representativos por desconocido, se conviertan en quienes ejerzan el poder sobre la mayoría.

Para corregir la debacle, los dirigentes, todos, tienen que ser propuestos por el pueblo, ser electos directamente por voluntad popular, estar en las calles, tocar las puertas de sus representados y sus almas, luchar por resolver sus problemas; derrotar la burocracia, que no se puede eternizar en el acto de detentar una responsabilidad y un servicio.

La legalidad tiene que ser la brújula de la sociedad y quienes no se apeguen a ella, deben ser vistos como elementos que descalifican el sistema.

Ante las realidades que vive Cuba hoy, debemos recordar que la calidad de los procesos democráticos es incompatible con la prisa, que hace falta tiempo para que exista el contraste de pareceres, entre los ciudadanos y entre sus representantes, para el uso público de la discusión y el razonamiento, para la creación de consensos, la revisión de decisiones y la exigencia de las responsabilidades.

El capitalismo es incompatible con la democracia por su compulsión a la aceleración de los procesos sociales, naturales e industriales. No hay necesidad de repetir modelos fallidos y una sociedad que no se dé el tiempo necesario para tomar sus decisiones será incompatible con la democracia.

La Cuba de nuestros días tiene que parecerse a los sueños de sus ciudadanos, que no se harán solos. El maná no vendrá del cielo, ni caerá, como por arte de magia, sobre la mesa de dominó.

Vivimos momentos muy difíciles, crisis económica planetaria, pandemia global, asedio enemigo mediático y bloqueo terrible; son tiempos de definiciones, por lo que cabe comenzar a darnos cuenta que mejoraremos nuestras vidas produciendo, cambiando viejos preceptos. Un amigo decía recientemente en una entrevista: “Yo creo que lo que se está haciendo es fundamental para luchar contra la burocracia, que es obviarla en esta primera etapa, dejarla en sus escritorios y bajar a ver lo que está sucediendo y resolverlo sobre el terreno”[xiii].

Notas

[i]Martí Pérez, José.(s/f). “Cuentos de Hoy y de Mañana” de Rafael de Castro Palomino. http://www.josemarti.info/libro/articulo_cuentos.html

[ii]Ver Fidel Castro Ruz en http://www.cubadebate.cu/opinion/1992/06/12/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/#.W7ZoajnlqM8

[iii] Martínez Heredia, Fernando: El mundo en el que nació Carlos Marx y algunas cuestiones de método, La Gaceta de Cuba, noviembre-diciembre 2017, nro. 6, pág.11.

[iv]Liévano Aguirre, Indalecio, (1989). Bolívar. Ediciones cultura hispánica del Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 423 pp.

[v] IDEM nota IV

[vi]IDEM nota IV

[vii]IDEM nota III

[viii] Ver en https://www.marxists.org/espanol/mandel/1969/burocracia.htm

[ix]Reichmann, Jorge. (2002). Tiempo para la vida: la crisis ecológica en su dimensión temporal. Ilé. Anuario de ecología, cultura y sociedad, Año 2, nro.2, págs. 149-172

[x]Schirrmacher, Franz. (2014). Las trampas del juego capitalista, Editorial Planeta, pág. 191, España, 317 pp.

[xi]Según Firefox, 3 mil millones de personas se encuentran conectados a INTERNET en el mundo. La economía global de aplicaciones está centrada en pocos países (el 95% del valor viene de 10 países). https://www.dinero.com/emprendimiento/articulo/cifras-globales-de-conectividad-de-internet-en-el-mundo/241502

[xii] Ver Fernando Martínez Heredia. La transición socialista como apuesta. La Gaceta de Cuba, noviembre-diciembre 2017, nro. 6, pág. 31

[xiii] Entrevista a Fabián Escalante en Radio Habana Cuba, tomado de segundacita.blogspot.com

Vladimir Perez Casal
Vladimir Perez Casal
Filólogo cubano. Colaborador de Cubaperiodistas.

One thought on “Aprender a “torearnos” los unos a los otros

  1. Vladimir, extraordinario artículo. Gracias por dar tu aporte en estos momentos. Hay mucho por hacer. Es necesario pensar y repensar bien lo que debemos hacer (no a tal punto de quedarnos estáticos) contando siempre con el pueblo, escuchando sus opiniones, bajo la guía de Martí y Fidel. Adelante pués, manos a la obra.

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